Frente a todos los intentos de justificar el aborto en el mundo actual, la Iglesia católica ha mantenido con firmeza y constancia su postura, que no es otra que la defensa a ultranza de la vida humana. Así lo expresan numerosos documentos del Magisterio: “La vida humana es sagrada porque desde su inicio comporta “la acción creadora de Dios” y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término: nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho a matar de modo directo a un ser humano inocente” (1). Esta enseñanza, fundamentada en aquella ley no escrita que cada hombre encuentra en el propio corazón (cfr. Rom 2, 14-15), es corroborada por la Sagrada Escritura, transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal. Por ello, en la Encíclica sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana, el Papa Juan Pablo II se expresa solemnemente: “Con la autoridad conferida por Cristo a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con los obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eliminación directa y voluntaria de un ser humano inocente es siempre gravemente inmoral”(2).

   Miguel Ángel Monge. Medicina pastoral. EUNSA

   Notas:

(1) Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum Vitae, n. 5. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2258.

(2) Encíclica Evangelium vitae, 25 de marzo de 1995, n. 57. Se trata, a tenor de estas palabras, de una enseñanza definitiva del Magisterio de la Iglesia. Cfr. Academia Pontificia para la Vida (dir. Lucas, R.), Comentario interdisciplinar a la “Evangelium vitae”, BAC, Madrid 1996, con estudios muy interesantes.

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