De un modo general e inmediato, se puede considerar la objeción de conciencia como una forma de resistencia hacia una norma, siempre que dicha reserva se produzca por la aparición de un conflicto entre las obligaciones morales o religiosas de la persona y el cumplimiento del precepto legal. Existe, pues, un enfrentamiento entre un deber moral y un deber jurídico. (1) Pues bien, en el caso de leyes injustas, como las que admiten el aborto o la eutanasia, nunca es lícito someterse a ellas. (2). Así lo expresa con firmeza el Magisterio de la Iglesia: “El hombre no puede jamás obedecer una ley intrínsecamente inmoral, y éste es el caso de una ley que admitiéndose, en línea de principio, la licitud del aborto” (3). En esas circunstancias, debe esgrimirse la objeción de conciencia, negándose a su cumplimiento. Es más, esa resistencia constituye un deber y un derecho fundamental que ha de ser reconocido a los agentes sanitarios y a los responsables de las instituciones hospitalarias (4), de tal manera que “quien recurre a la objeción de conciencia debe estar a salvo no sólo de sanciones penales, sino también de cualquier daño en el plano legal, disciplinar, económico y profesional”. (5) Por este motivo, la Carta de los Agentes de la Salud recuerda concretamente que médicos y enfermeras -los profesionales a los que les afecta de modo directo la cuestión- están obligados a defender la objeción de conciencia: “El grande y fundamental bien de la vida convierte tal obligación en un deber moral grave para el personal de la salud, inducido por la ley a practicar el aborto o a cooperar de manera próxima en la acción abortiva directa” (6)

   Recordemos que los Códigos deontológicos de las profesiones sanitarias contemplan la objeción de conciencia como un deber y un derecho. (7).

   Un tema de debate actual es el caso de los farmacéuticos que, de acuerdo con la ley natural, no venden productos contrarios a la vida humana (abortivos, contraceptivos, etc.). La Iglesia es consciente de la complejidad de estos problemas, debidos también a la novedad de la ciencia y de las técnicas. Por ese motivo, ofrece indicaciones concretas a los profesionales sanitarios. En lo que se refiere a la venta de anticonceptivos y abortivos hay un principio claro: nunca es lícito vender cosas que, por su misma naturaleza, no tienen más que un uso malo. (8). En este sentido, son ilustrativas estas palabras de Juan Pablo II: “La distribución de medicamentos, así como su concepción y su utilización, debe ser regida por un código moral riguroso, atentamente aplicado. El respeto de este código de conducta supone la fidelidad a ciertos principios intangibles que la misión de los bautizados y el deber del testimonio cristiano convierten en particularmente actuales”.(9)

   Otro serio problema es el de la cooperación de médicos, enfermeras, etc. en los casos de aborto. Digamos que la gravedad del aborto es tal que nunca es lícita una cooperación material inmediata o directa (por ejemplo, el trabajo de los que están en el quirófano, la autorización médica para proceder a la acción abortiva, administrar la anestesia, etc.) (10)

   Miguel Ángel Monge. Medicina pastoral. EUNSA

   Notas:

(1) Cfr. López Guzmán, J., Objeción de conciencia farmacéutica, Ediciones Internacionales Universitarias, Barcelona 1997, p. 25. Esta obra, aunque se refiere a los farmacéuticos, analiza los planteamientos teóricos de la cuestión. Otra definición es la del profesor Teodoro López: “negativa de un individuo a cumplir lo mandado por una concreta norma del ordenamiento jurídico por entender que su cumplimiento es incompatible con el respeto debido a un determinado valor moral percibido por la propia conciencia”, en “La objeción de conciencia: valoración moral”, Scripta Theologica, 27 (1995), 505.

(2) Cfr. Enc. Evangeliun vitae, n. 73.

(3) Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre el aborto provocado, o.c., n. 22.

(4) Cfr. Herranz, G., “La objeción de conciencia en las profesiones sanitarias”, Scripta Theologica, 27 (1995), 551-552.

(5) Enc. Evangelium vitae, n. 74.

(6) Consejo Pontificio de la Pastoral para los Agentes Sanitarios, Carta de los Agentes de la Salud, 2ª ed., Palabra, Madrid 1996, n. 143.

(7) Para los médicos, cfr. Organización Médica Colegial, Código de Ética y Deontología Médica, Madrid 1990, art. 27,1: “Es conforme a la Deontología que el médico, por razón de sus convicciones éticas o científicas, se abstenga en la práctica del aborto o en cuestiones de reproducción humana o de trasplante de órganos. Informará sin demora de las razones de su abstención, ofreciendo en su caso el tratamiento oportuno al problema por el que se le consultó. Siempre respetará la libertad de las personas interesadas en buscar la opinión de otros médicos”.

Para las enfermeras, cfr, Organización Colegial de Enfermería, Consejo General de Colegios Diplomados en Enfermería, Código Dentológico de la Enfermería Española, art. 22: “De conformidad con lo dispuesto en el artículo 16.1 de la Constitución Española, la Enfermera/o tiene, en el ejercicio de su profesión, el derecho a la objeción de conciencia que deberá ser debidamente explicitado ante cada caso concreto. El Consejo General y los Colegios velarán para que ninguna/o Enfermera/o pueda sufrir discriminación o perjuicio a causa de su uso de este derecho”.

Para los farmacéuticos, el Código de la Real Academia de Farmacia preparó en 1991, pero que el Colegio General de Farmacéuticos de España no quiso promulgar, proponía en su artículo 52 que “El Farmacéutico podrá negarse, en conciencia, a dispensar cualquier tipo de fármaco o utensilios, si tiene indicios racionales de que serán utilizados para atentar contra la salud de alguna persona o la propia vida humana”: cfr Código Deontológico Farmacéutico, 1991.

(8) Sobre un caso concreto reciente, cfr, nota de la Conferencia Episcopal Española, La “píldora del día siguiente”, nueva amenaza contra la vida, 27 de abril de 2001: “Los médicos y los farmacéuticos amantes de la vida humana y coherentes con la conciencia ética no deberían prestarse a facilitar en modo alguno este instrumento de muerte que es la “píldora del día siguiente”. Las autoridades tienen la obligación de proveer a que no se les impida el ejercicio de la objeción de conciencia en esta materia tan grave”: Ecclesia, 3048 (2001), 679.

(9) Discurso a la Federación Internacional de Farmacéuticos Católicos, 3 de noviembre de 1990: Ecclesia 25002 (1990), 1963.

(10) Sólo en casos muy excepcionales podría ser lícita una cooperación material mediata o indirecta. Podría darse en países donde la ley civil permite el aborto y no reconoce el derecho a la objeción de conciencia o, reconociéndolo teóricamente, en la práctica se siguen graves perjuicios si se niega la cooperación. La gravedad del aborto exige, sin embargo, que en tales casos los perjuicios de no cooperar sean muy graves y que no sea posible o resulte muy difícil encontrar después una solución.

Otros temas relacionados:
Aspectos de la sexualidad 
Fundamentación teológica 
Otros artículos sobre el ABORTO
VÍDEOS sobre elaborto hoy y el aborto

Enviar a un amigo

Anuncios