Manteniendo los principios morales en relación con el valor de la vida humana, la perspectiva cristiana no puede, sin embargo, volver las espaldas a las penas y miserias que acompañan a las personas que sufren el drama del aborto. “Toda persona de corazón, y ciertamente todo cristiano, debe estar dispuesto a hacer todo lo posible para ponerles remedio. Ésta es la ley de la caridad, cuyo primer objetivo debe ser siempre instaurar la justicia. No se puede jamás aprobar el aborto, pero por encima de todo hay que combatir sus causas” (1) Esto comporta, sigue afirmando el documento, una acción política, pero “es necesario al mismo tiempo, actuar sobre las costumbres, trabajar a favor de todo lo que pueda ayudar a las familias, a las madres, a los niños”. (2). 

   El Papa Juan Pablo II se refiere a la ayuda pastoral que se debe ofrecer a las mujeres que han recurrido al aborto. Lo que hace con palabras llenas de comprensión (3) y de esperanza (4). A la vez que las anima a convertirse en testigos cualificados del amor a la vida (5). En este sentido, los obispos católicos de todo el mundo animan a la creación de programas de servicio y asistencia para poder proporcionar a las mujeres una alternativa al aborto (6).

   Muchos de estos servicios son frecuentemente ofrecidos por entidades sostenidas por la Iglesia, las cuales se dedican a la salud y a los servicios sociales y solicitan la dedicación de profesionales y de voluntarios. A ellos se une la colaboración de otros grupos privados y el apoyo de la asistencia estatal, que debería ser más generosa (7).

Miguel Ángel Monge. Medician pastoral. EUNSA

Notas:

(1) Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre el aborto provocado, 18 de noviembre de 1974, n. 26.

(2) Ibíd.

(3) “La Iglesia sabe cuántos condicionamientos pueden haber influido en vuestra decisión, y no duda de que en muchos casos se ha tratado de una decisión dolorosa e incluso dramática. Probablemente la herida aún no ha cicatrizado en vuestro interior”: Enc. Evangelium vitae, 25 marzo 1995, n. 99.

(4) “No os dejéis vencer por el desánimo y no abandonéis la esperanza”: ibíd.

(5) “Ayudadas por el consejo y la cercanía de personas amigas y competentes, podréis estar con vuestro doloroso testimonio entre los defensores más elocuentes del derecho de todos a la vida”: ibíd.

(6) Esos programas suelen incluir diversos aspectos:

– instrucción adecuada y medios de subsistencia material para las mujeres embarazadas, par que puedan escoger de modo responsable y libre opción básica a favor de la vida. Los diversos movimientos a favor de la vida, pro-vida, etc., que existen en muchísimos lugares, buscan solución a esta necesidad;

– ayudas alimenticias para el parto y después del parto y asistencia pediátrica para el niño durante el primer año de vida;

– asesoramiento médico y genético para el neonato;

– extensión de la adopción y de los medios de asistencia para favorecer la adopción de quienes tienen necesidad;

– centros de asesoramiento sobre el embarazo, que proporcionen consejos, apoyo y asistencia a cualquier mujer que lo necesite;

– servicios de asesoramiento y posibilidad de continuar la propia formación de las madres solteras;

– esfuerzos para remover la tara social que pesa sobre la mujer embarazada fuera del matrimonio y sobre su hijo, Cfr. Episcopado de los Estados Unidos de América, “Plan pastoral para las actividades en defensa de la vida”, 1976, en El aborto provocado, o.c., pp.73-74.

(7) Conviene advertir que la asistencia o asesoramiento prestado no debe tener nunca carácter de requisito legal para tramitar con posteridad un aborto. Recuérdese, por ejemplo, la polémica sobre los consultorios católicos en Alemania, a los que la Santa Sede prohibió expedir certificados para abortar: cfr. Ecclesia 2879 (1998), 191.

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