a) Condición sexuada. Sexualidad es – según la primera acepción del Diccionario de la Real Academia – el conjunto de características anatómicas y fisiológicas propias de cada sexo o, lo que es lo mismo, la condición sexual, propia de la especie humana y de todos los animales, que se reproducen mediante la unión de células específicas y diversas de una a otra: una masculina y otra femenina.

   b) Instinto sexual. Otras veces se entiende por sexualidad – ahora ya en el campo de los vivientes superiores – un aspecto concreto, que es el impulso hacia el individuo del sexo opuesto. El Diccionario de la Real Academia lo expresa así: «apetito sexual, propensión al placer carnal». Este impulso, que en los animales reviste claramente las características instintivas, en el hombre – teniendo en cuenta su racionalidad y el papel de la voluntad en la conducta – adquiere otras modalidades, de tal manera que se tiende incluso a evitar la palabra instinto sexual, para referirse a la sexualidad humana. Se prefiere la palabra tendencia o impulso, pues el instinto incluye unas características de incoercibilidad y de espontaneidad de aprendizaje, que no se dan netamente en la persona humana (1). En el hombre, la sexualidad – excepto las reacciones reflejas – cae bajo el control de la voluntad; ni siquiera las hormonas sexuales condicionan de modo determinante la conducta.

   c) Genitalidad. Una tercera posibilidad – bastante extendida – es la que identifica sexualidad con genitalidad, es decir, con uno de sus elementos, concretamente con lo que de modo directo tiene que ver con la propagación de la especie. En otras palabras, se identifica la sexualidad – que es todo un conjunto de características muy diversas – con los fenómenos y mecanismos propios de los órganos genitales y su fisiología.

   d) En este mismo sentido restrictivo, pero en dirección opuesta, otros entienden por sexualidad todo el constitutivo genético, anatómico, hormonal, fisiológico, psíquico, etc. del hombre y de la mujer, hecha abstracción de lo que es específicamente genital.

   Naturalmente estos dos últimos modos de entender la sexualidad, ya sean fruto de un prejuicio o resultado de una elaboración racional voluntaria, son una distinción especulativa, porque en realidad no puede separarse por completo sexualidad y genitalidad, pero esa distinción es útil ya que permite el estudio de numerosos problemas relacionados con estos temas.

   El discurso común de los autores actuales (filósofos, psicólogos, teólogos) es afirmar la dimensión personal de la sexualidad. Sucede, sin embargo, que, al partir de concepciones antropológicas distintas, se separan en el valor y significado que asignan a la relación existente entre la persona y la sexualidad.

Miguel Ángel Monge. Medicina pastoral. Ediciones EUNSA

(1). Este aspecto de la conducta sexual humana, en lo que tiene de instintivo, de aprendizaje y de acostumbramiento, esta muy bien tratado en JIMÉNEZ VARGAS,. y LÓPEZGARCÍA, G., Aborto y contraceptivos, 4.ª ed., EUNSA, Pamplona 1983, pp. 74-87. Del Libro: Medicina pastoral. Miguel Ángel Monge. EUNSA. Pamplona, 2002, pp. 235 ss.

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