La educación de los niños de este nuevo siglo es más complicada que antes, según dicen. En el caso de los chicos, además, se ha enmarañado con las opiniones de “expertos” que confunden las características del género con los problemas de aprendizaje (de ahí al psicólogo, centímetros). Es conocida la necesidad de dar una educación personalizada y, por tanto, adaptada a las características específicas de cada sexo. Pero también es importante conseguir que la educación que reciben en casa, en el colegio y durante el tiempo libre vaya en la misma línea. La documentación que sigue puede servir de pista. Andrew Mullins

  Andrew Mullins, director del Redfield College (Sydney), está convencido de que la labor conjunta de padres y profesores para educar a los niños sobre la base de las virtudes es la clave. Lo explica en un artículo publicado en Perspective (agosto de 2000) del que extractamos unos párrafos.

  Las librerías rebosan de libros sobre educación de los chicos, pero muchos se centran exclusivamente en lo inmediato: cómo hacer feliz al niño (no cómo educarlo para que pueda ser feliz en el futuro); cómo evitar los traumas infantiles; cómo cambiar los pañales, etc. Sin embargo, rara vez hablan de cómo enseñarles virtudes, como si esa educación no fuera eficaz o como si el término pudiera herir sensibilidades.

  La base de la formación del carácter

  La crisis de los chicos indica que nuestros métodos educativos han perdido eficiencia. Las sociedades occidentales han estado de acuerdo –es una tradición ininterrumpida desde hace 2.400 años– en que las virtudes son la base de la formación del carácter y del desarrollo de la personalidad, y no solo una posibilidad entre las muchas formas de madurar que tiene un ser humano. Colegios que apoyen a los padres

  Ningún método puede ser tan eficaz como los colegios. Las escuelas están en contacto con el 95% de los padres con hijos pequeños, es decir, tienen una vía de entrada en miles de hogares, con la que pueden dar a los padres el apoyo necesario para convertirse en mejores padres.

  Algunos colegios organizan reuniones con los padres en las que distribuyen los resultados de las encuestas que han hecho a sus hijos. Muchos chicos contestan que les resulta difícil hablar con sus padres porque vuelven a casa estresados. Uno decía que el mejor momento para charlar era cuando el equipo de su padre ganaba y el peor, cuando perdía. Las madres tampoco eran perfectas, aunque sacaran más puntos que los padres. Los chicos de 8 y 9 años decían que era duro comunicarse con sus madres cuando estaban de mal humor. En resumen, los chicos se desaniman con los enfados, impaciencias o resistencia a ser molestados que a veces muestran sus padres.

  En casa y en la escuela

  Tenemos experiencia de que esta información ayuda mucho a los padres. No hay ningún padre o madre que no quiera ser mejor. Pero también comprobamos que los deseos y la realidad son cosas diferentes. Y la realidad es que unos padres que son “malos educadores” pueden cortar los vuelos de sus hijos de por vida. Algunos programas de virtudes humanas sirven de cauce para desarrollar la educación del carácter. El programa trata una virtud cada semana, apropiada a la edad de cada chico, con ideas prácticas para que los chicos las pongan en práctica. Mi colegio ha desarrollado el programa desde su fundación en 1986.

  Los padres que siguen el programa en sus casas lo hacen más efectivo. Y el esfuerzo de los padres para trabajar ellos mismos la virtud semanal es una excelente motivación para los chicos.
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