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    Como señala Innerarity, igual que los recursos naturales no son inagotables, existe también algo así como una economía de los recursos morales, una ecología de la moral social, pues también en el ámbito de la moral existen fenómenos de inflación.

    En este sentido, los propietarios y profesionales de los medios de comunicación deben tener en cuenta las grandes repercusiones éticas que tienen los mensajes y modelos de vida que divulgan.

    Han de ser conscientes de la responsabilidad moral que tienen en lo que podría llamarse la ecología humana, pues tales medios pueden provocar una contaminación de los espíritus no menos preocupante que la contaminación del medio ambiente.

    Es preciso que haya una legislación seria en este sentido, y que luego se aplique seriamente. Por otro lado, los agentes sociales pueden y deben ejercer una legítima presión sobre los grandes centros de producción, no solo con el fin de evitar influjos negativos en la sociedad, sino también de persuadirles de que los buenos contenidos ofrecidos de modo adecuado pueden recibir una amplia acogida y un éxito incluso mayor, pues el bien también “vende”.

    Autoridad y persuasión

    Ante el declive del autoritarismo, nos encontramos quizá hoy ante una ocasión inmejorable de devolver a la autoridad su auténtico sentido, despojándola de las muy diversas formas falseadas que han deformado su rostro amable, convirtiéndola en origen de automatismos, de rechazo o de sumisión.

La autoridad ha de estar,
quizá hoy más que nunca,
avalada por el prestigio.

    Además, la afirmación desnuda e impositiva, propia del talante autoritario, no es otra cosa, en muchos casos, que simple pereza intelectual. La verdadera autoridad acostumbra a dejar en sus juicios, cuando conviene, la huella del movimiento que le condujo hasta ellos, y siempre procura:

· guardarse de querer juzgarlo todo, como si se contemplara la realidad desde una atalaya privilegiada (además, quienes se lanzan a juzgarlo todo y precipitadamente, se arriesgan mucho a no comprender bien lo que pasa, pues esa actitud disminuye enormemente su capacidad de atención); 

· hacer un esfuerzo para no caer en el simplismo, no etiquetar los problemas para eludir su complejidad, ni dar respuestas triviales a problemas insuficientemente planteados; 

· adoptar una actitud positiva y abierta ante los nuevos modos de entender las cosas, los nuevos estilos de vida, y ante la evolución de la sociedad; 

· huir de los tonos catastrofistas o apocalípticos, del talante de queja habitual, de la negación de los valores positivos que siempre surgen en los cambios históricos; 

· no hacer juicios ni condenas precipitadas de mentalidades, actitudes o sistemas de pensamiento. 

    El error del autoritarismo, como el del permisivismo, tienen nefastas consecuencias en la educación y en la organización social:

Ni la libertad
exige el permisivismo,
ni la autoridad
ha de suponer autoritarismo.

    Alfonso Aguiló.Con la autorización de:  www.interrogantes.netOtros temas relacionados:
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