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  Desde hace casi un siglo los neandertales son una de las grandes incógnitas de la evolución humana. Algunos especialistas han creído que son antepasados nuestros, que se mezclaron con los humanos llegados más tarde de África. Una reciente investigación genética y nuevos fósiles hallados en Etiopía suministran sólidos indicios en contra de esa hipótesis. Esto significa, entre otras cosas, que toda la humanidad actual proviene de un único tronco africano y que la diversidad de razas es moderna y poco relevante desde el punto de vista genético.

    Si un Homo sapiens del Paleolítico superior, o sea, de unos 35.000 años de edad, vistiera como nosotros y nos lo encontrásemos por la calle, seguramente no le prestaríamos mayor atención; su aspecto sería similar al de cualquiera de nosotros. Pero si ese mismo humano del Paleolítico cruzase la calle en compañía de un hombre de neandertal, las diferencias entre ambos serían tan marcadas que muy probablemente nos sentiríamos sorprendidos por el neandertal.

    Por peregrina que pueda parecer la ficción anterior, eso es lo que sugieren los resultados del trabajo llevado a cabo por un equipo de investigadores italianos y españoles, tras extraer el ADN más antiguo de nuestra especie y compararlo con el ADN tanto de humanos actuales, como de varios neandertales (1).

    El análisis aporta un nuevo y valioso argumento a los defensores de la hipótesis según la cual los neandertales y los hombres anatómicamente modernos (H. sapiens), que convivieron durante algunos miles de años en el Paleolítico, no se aparearon entre sí. Los humanos modernos –subraya esta hipótesis– sustituyeron a los neandertales, que se extinguieron hace unos 30.000 años sin haber participado directamente en la formación del fondo genético de la actual humanidad.

    Una especie sustituye a otra

    El modelo multirregional de la evolución humana ofrece una explicación diferente. Los neandertales y los hombres modernos –dicen los defensores de esta corriente– fueron ciertamente, como lo revela el registro fósil, formas diferentes, pero su parentesco biológico fue tan próximo que hizo posible la mezcla de las dos formas y, en consecuencia, la contribución de ambas poblaciones de homínidos en la formación del fondo genético común de los humanos modernos. En tal caso, los neandertales no se habrían extinguido propiamente, sino que –junto con los cromañones– dieron origen a la humanidad actual. Lógicamente, este modelo predice una continuidad genética desde los arcaicos neandertales hasta los hombres de Cromañón, y desde estos hasta los actuales europeos. El modelo “Out of Africa”, por el contrario, predice una discontinuidad genética entre neandertales y cromañones, y una continuidad (desde el Paleolítico superior) entre éstos y la humanidad actual.

    Es precisamente en torno a esta disyuntiva donde hay que situar la investigación realizada por el equipo de científicos italianos y españoles. Los resultados parecen reforzar la suposición de que hubo la sustitución de una especie (H. neandertalensis) por otra (H. sapiens), sin que hubiese entre ambas unas relaciones que fuesen mucho más allá de la mera coexistencia temporal, en contra de la hibridación que defienden los multirregionalistas.

    Demasiadas diferencias

    Para llevar a cabo ese estudio, los investigadores tomaron primero unos fragmentos de fémur y de costilla de dos humanos (descubiertos en una cueva al sur de Italia) que vivieron hace aproximadamente 23.000 y 25.000 años, y extrajeron muestras de ADN. Después, copiaron repetidas veces las secuencias genéticas extraídas, hasta obtener una cantidad suficiente para poder analizarlas. Así, acabaron obteniendo el ADN más antiguo de H. sapiens que se ha podido recuperar hasta la fecha.

    Uno de los objetivos del trabajo era comparar el código genético neandertal con el código sapiens. Para ello, los investigadores se centraron en un pequeño fragmento de ADN formado únicamente por 360 pares de bases nitrogenadas (las letras del código genético). El análisis llevado a cabo por estos científicos –lo hacía notar recientemente un periodista (2), comentando esta investigación– sería comparable al que realizan los estudiosos de la Biblia cuando intentan correlacionar dos versiones antiguas del libro sagrado a partir únicamente de un versículo.

    Los resultados de la investigación muestran que entre el humano de hace 23.000 años y los actuales sólo varían 2,36 de esas 360 “letras”, por término medio. Debe tenerse en cuenta que entre dos europeos actuales cualesquiera, el número medio de diferencias es mayor, de 4,35 “letras”.

    Por el contrario, al comparar el ADN del humano de hace 23.000 años con el de cuatro neandertales (entre los que cabe destacar el espécimen hallado en el valle de Neander hace más de un siglo), el número medio de diferencias es de 24,5. Una diferencia difícil de encajar, sin duda, con las predicciones genéticas hechas por los defensores del modelo multirregional.

    Un “callejón sin salida”

    Este debate es importante porque influye en la visión que podamos tener de la diversidad de las poblaciones humanas contemporáneas. Si la hipótesis del reemplazo demográfico es cierta, las diferencias genéticas entre los humanos serían irrelevantes y constituirían el resultado de cambios ocurridos en las últimas decenas de miles de años. Si, por el contrario, el modelo multirregional fuera correcto, las diferencias genéticas entre los humanos serían profundas y corresponderían a cambios ocurridos quizás durante un millón de años o más. Algunos han querido buscar en este último modelo un apoyo científico, cuando no una justificación, del racismo.

    Los autores de estos estudios reconocen, no obstante, que los resultados obtenidos hasta la fecha no dicen la última palabra y que, pese a los nuevos datos sobre la identidad genética del hombre moderno, el tipo de vínculo –si lo hubo– entre neandertales y hombres modernos es todavía un enigma. Y es que, como afirman algunos especialistas en la materia, los neandertales constituyen en sí mismos un “callejón sin salida en el escenario evolutivo” (Hoss, 1996). Un debate que se inscribe, a su vez, en otro más amplio y con numerosas implicaciones: el debate sobre el origen de nuestra propia identidad biológica.

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(1) Caramelli, D. y otros (2003), “Evidence for a genetic discontinuity between Neandertals and 24,000-year-old anatomically modern Europeans”, Proc. Natl. Acad. Sci. USA 100, 6593-6597.
(2) Corbella, J., La Vanguardia (Barcelona, 13-V-2003).
(3) Krings, M. y otros (1997), Cell 90, 19-30.

Octavio Rico

25/6/2003.-

 

    Descubren los restos fósiles más antiguos de nuestra especie

    La revista Nature destaca en su número del pasado 12 de junio (4) un hallazgo que podría suponer una vuelta de tuerca más a favor de la hipótesis que sitúa en África la cuna de la humanidad y el foco de expansión de nuestra especie al resto del planeta. Así parece indicarlo el descubrimiento de tres cráneos fosilizados de unos individuos (dos adultos y un niño) casi iguales a nosotros que vivieron hace entre 154.000 y 160.000 años a orillas de un lago (hoy un desierto próximo a Herto, localidad situada a poco más de 200 kilómetros de Addis Abeba) en la región etíope de Afar.

    Con una capacidad craneal de 1.450 centímetros cúbicos, el cráneo adulto mejor conservado de los hallados en Herto (ver foto) se sitúa un poco por encima de la media humana actual (en torno a los 1.350 centímetros cúbicos), pero tanto la forma esférica del cráneo como el perfil vertical de la cara, con la frente alta y las mejillas planas, son características distintivas de la humanidad moderna. Sin embargo, la constatación de esas pequeñas diferencias con los cráneos de la especie actual (H. sapiens sapiens), ha llevado a los autores del análisis de esos cráneos a catalogarlos dentro de una subespecie distinta que ya tiene nombre: H. sapiens idaltu, en el que el segundo apellido corresponde a la palabra que, en el idioma etíope de la región de Afar, significa “ancestro”.

 

Cráneo de H. Sapiens idaltu hallado en Herto (Etiopía). Foto: © 2001 David L. Brill \ (Atlanta) 

    La antigüedad de los cráneos de Herto, determinada mediante datación por isótopos de argon del material volcánico que los envolvía en el yacimiento, concuerda muy bien con los últimos análisis de ADN, que sitúan el origen de la humanidad en África hace unos 200.000 años. El nuevo hallazgo parece inclinar todavía más la balanza a favor de quienes sostienen que la humanidad actual proviene de una oleada migratoria de África, que sustituyó a las anteriores en Eurasia.

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(4) White, Tim D. y otros (2003), “Homo sapiens from Middle Awash, Etiopía”, Nature 423, 742-747. Otras informaciones divulgativas en www.berkeley.edu/news/media/releases/2003/06/11_idaltu.shtml

Con la autorización de:   www.aceprensa.com 

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