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   Analizamos las motivaciones (1) que suelen presentarse con la consiguiente consideración crítica.

   Embriopatías y aborto
   Actualmente, la Medicina está en condiciones de prever casi con certeza posibles malformaciones, mediante la biopsia de vellosidades coriales, la amniocentesis y la ecografía en los casos de malformación fetal (2). Humanamente se comprende que, frente a la certeza o la casi certeza de malformación o por lo menos ante la duda motivada por una amplia probabilidad estadística, este caso hoy para los padres de una importancia dramática, mucho más que en el pasado cuando se carecía de precisos métodos diagnósticos. Desde el punto de vista médico habría que acudir en esos casos a una buena profilaxis, al tratamiento prenatal cuando sea posible, a una terapéutica endouterina en los casos en que también sea factible y, en último extremo, a la rehabilitación. Pero nunca se puede provocar directamente la muerte de un ser inocente.   Por lo demás, la no aceptación de la minusvalía, supone una especie de racismo de los sanos, de racismo cromosómico, en frase de Lejeune, que podría tener gravísimas consecuencias para la humanidad.   La doctrina cristiana aporta nueva luz a estos casos dramáticos. “Es también difícil el caso que se plantea cuando existe el riesgo de que nazca un niño con graves anomalías congénitas. No puede minimizarse la tragedia de tales situaciones. Pero, aun en tan dramáticas circunstancias, nadie puede arrogarse el derecho a suprimir la vida humana, por muy deforme que sea. No puede valorarse una vida por su normalidad o por su futura productividad, sino por su intrínseca dignidad. Como se ha afirmado repetidas veces, la presencia de tales seres puede y debe ayudar en el seno de una sociedad deshumanizada y utilitaria a fundar nuestras relaciones mutuas en el respeto debido a todo ser humano, más allá de lo que aporta o de lo que produce. Sería necesario que los organismos competentes creasen las instituciones convenientes para la educación de tales personas, cuya atención rebasa las posibilidades de la propia familia. Debemos recordar que en estas circunstancias, como en otras muchas a lo largo de nuestra vida, nos encontramos enfrentados con el misterio del dolor y del mal, que es el misterio de la cruz de Cristo que, según nuestra firme esperanza, condice a la luz de la Resurrección. La actitud del cristiano ha de ser la de asumir confiadamente su cruz de cada día, sintiéndose llevado por la mano del Padre de los cielos”.(3).
   Miguel Ángel Monge. Medicina pastoral. EUNSA

   Notas:
(1) Cfr. Nattanson, B., La mano de Dios, 3ª edición, Palabra, Madrid 1999. Es un testimonio muy interesante, ya que el autor fue pionero del aborto en Estados Unidos; pero luego pasó a la “cultura de la vida”, y más tarde, se convirtió al catolicismo.
(2) Hay que advertir de los riesgos de aborto que acarrea esta exploración. Por tanto, sólo es lícito emplearla con graves motivos y, por supuesto, nunca en vistas a un posible aborto “terapéutico”.
(3) Conferencia Episcopal Española, Nota sobre el aborto, 4 de octubre de 1974, n.17: Ecclesia 1712 (1974), 12-14

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