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    Para frenar el crecimiento de la población en algunos lugares, se recurre al aborto. Incluso se barajan demagógicamente las cifras y se presenta el crecimiento de la población como una catástrofe para el planeta. Se trata de un problema complejo en el que ahora no podemos entrar. (1) Bástenos decir que, querer incluir el aborto en la “política demográfica” resulta, cuando menos, aberrante. Porque, del mismo modo y dentro de una mayor lógica, con el mismo criterio materialista, puede también plantearse la posibilidad de “eliminar” a los ancianos, cuando dejan de ser población activa y ya no producen, a los enfermos incurables, a los locos, a los subnormales, etc.

     Por otra parte, estudios de economistas y demógrafos, ponen en entredicho, desde el punto de vista puramente científico, el presupuesto neomalthusiano de que el crecimiento de la población constituye de por sí un obstáculo al desarrollo. Son muchos los autores que afirman hoy que “el crecimiento demográfico y el económico están unidos a mecanismos estructurales comunes”, de modo que en la práctica el crecimiento de la población acaba constituyendo un factor de desarrollo económico (2).

     Además, desde hace unos cuantos años, los datos sobre el decrecimiento de la población en el mundo occidental empiezan a ser alarmantes, y en frase periodística ajustada, ya hay quien afirma que caminamos hacia una Europa sin hijos. Es un hecho conocido el descenso de la tasa de fecundidad que está llevando a bastantes países a traspasar por debajo el umbral de la renovación de las generaciones.
   Miguel Ángel Monge. Medicina pastoral. EUNSA
   Notas:
(1) Sobre los aspectos pastorales, cfr. Consejo Pontificio para la Familia, Evoluciones demográficas: dimensiones éticas y pastorales. 2ª ed., Palabra, Madrid 1998. Cfr. igualmente la Declaración del mismo Consejo Pontificio sobre “La disminución de la fecundidad en el mundo”, de 25-II-1998, que advierte del peligro del envejecimiento de la población: 51 países de (185), que suponen el 44% de la población mundial, ya no logran reemplazar a sus generaciones. En España, la tasa de fecundidad ha experimentado un rápido descenso, hasta convertirse en una de las más bajas del mundo (1,2 hijos por mujer), muy por debajo del nivel necesario para asegurar el reemplazo generacional: cfr. Delgado, M. y Castro Marín, T., Encuesta de Fecundidad y Familia 1995 (FFS), Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid 1998.
(2) Chenais, J., La revancha del tercer mundo, Planeta, Barcelona 1988; cfr. Simón, J.L., El último recurso, Dossat, Madrid 1986; Sauvy, A., Los mitos de nuestro tiempo, 2ª ed., Labor, Barcelona 1972. Íd., Crecimiento cero, Dopesa, Barcelona, 1973; Chaunu, P., El rechazo de la vida, Espasa, Madrid 1979; Casas Torres, J.M., Población, desarrollo y calidad de vida, Rialp, Madrid 1982; Cascioli, R., El complot demográfico, Palabra, Madrid 1998.
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