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   “Mi cuerpo es mío”, “nuestro cuerpo nos pertenece”: son los gritos de algunos grupos feministas que consideran el feto como un simple apéndice de la madre, y, por tanto, podría ser eliminado por su libre determinación.

   Este argumento constituye un craso error psicológico. El nuevo ser que vive en el seno materno tiene un código genético propio, distinto del de su madre: es un organismo que crece completamente diferenciado y nunca puede ser considerado como parte del cuerpo de la madre. La madre puede tener cierto derecho al propio cuerpo (1), pero el prenacido no es parte de su cuerpo: es el cuerpo de otro ser. Y los derechos de cada uno y su libertad terminan donde empiezan los derechos de los demás.

   Es llamativa la contradicción que se da cuando se quieren “conciliar” la libertad y los derechos humanos. Comentando un estudio sobre el aborto en el mundo, hecho en 1999 por el Instituto Alan Guttmacher (Washington), que da la cifra de 26 millones cada año, lo que equivale a 35 abortos por cada mil mujeres, el autor afirma: “El hombre occidental puede tranquilizar su conciencia: ser campeón de los derechos humanos, de la dignidad humana y de la democracia es algo incompatible con la liquidación masiva de los no aceptados por los vivos o por los más fuertes” (2).

   Violación e incesto

   Para legitimar el recurso al aborto en estos casos se suele esgrimir que la mujer que ha sido violada sufre un trauma que perdurará toda la vida. Efectivamente, puede que sea así (conviene en todo caso conocer que la posibilidad de que se produzca embarazo tras una violación es mínima (3)). Pero en este caso el aborto ni resuelve el trauma ni lo reduce: al contrario puede aumentarlo. Pero, sobre todo, resulta inadmisible una “solución” que consista en matar al inocente en pago de la culpa de su padre.
   Miguel Ángel Monge. Medicina pastora. EUNSA
   Notas:
(1) Por el principio de totalidad, cabe disponer de una parte del cuerpo en beneficio del todo, pero sería dualismo conceder que el cuerpo es propiedad del alma, instrumento a su servicio.
(2) Navas, A., “El callado suicidio de una civilización”, en Nuestro Tiempo, Pamplona 537 (1999), 105.
(3) Hay pocos estudios estadísticos sobre el tema. En EEUU., un estudio en St. Paul (Mineapolis), de 10 años y 3.500 casos de violación, no registró ningún embarazo. En Checoslovaquia, de 86.000 abortos provocados, 22 fueron debidos a violación, un caso por cada 4.000 abortos: cfr. Wilke, J.C., Manual sobre el aborto, 2ª edición EUNSA, Pamplona 1983, pp. 52-53.

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