8.gif

    Es ya un lugar común referirse a los extraordinarios progresos de la Medicina de nuestra época. Técnicas diagnósticas muy avanzadas: TAC (tomografía axial computarizada), resonancia magnética nuclear, PET (tomografía de emisión de positrones), etc., espectaculares intervenciones quirúrgicas, trasplante de diversos órganos, progresos en ingeniería genética, perspectivas de terapia genética, y de más, son signos de ese poderoso desarrollo de la investigación en Medicina.

    Se podría pensar que todo aquello que técnicamente puede hacerse, debe llevarse a cabo, con tal de conseguir una mejor salud, la curación de una enfermedad o la felicidad de una persona que sufre. Se trata de una tentación frecuente en nuestra época. Pero ¿existen unos límites éticos al quehacer científico? Habrá que preguntarse con Juan Pablo II: “Esos progresos de los que el hombre es autor y defensor, ¿hacen nuestra vida sobre la tierra más humana desde todos los puntos de vista? ¿La hacen más digna del hombre?! (1) Dando por respuesta la bondad intrínseca de la ciencia, “hace falta una regla moral y ética que permita a los hombres aprovechar las aplicaciones prácticas de la investigación científica”(2) Así pues, habrá que considerar la dimensión ética de las intervenciones médicas en el curso de la vida humana, desde el nacimiento hasta la muerte.

    Conviene recordar cómo importantes científicos, que fueron en su momento entusiastas partidarios de un “mejoramiento” de la humanidad a través de la ciencia, más tarde se volvieron escépticos sobre esto. Es el caso de Jean Rostand, quien escribía ya en 1956: “Hoy, en ciertos momentos, nos invade una ligera duda (…) Y nos preguntamos si la ciencia no está a punto de tocar una suerte de límite más allá del cual sus avances pueden ser más dañinos que beneficiosos (…); por audaces que seamos -o que creamos serlo…- debemos reconocer que hay algo en nosotros que se inquieta, que se rebela, que protesta viendo esbozarse en las brumas del futuro el extraño paraíso que nos prepara la biología” (3). El tiempo parece haberle dado la razón (4).

    Estudiamos en esta sección los problemas ético-pastorales que se plantean en relación con las aplicaciones de la Medicina, desde la fecundación artificial y la supresión de la vida -incipiente (aborto) o terminal (eutanasia)- hasta la manipulación genética, la clonación, la eugenesia y los trasplantes.

    Monge, Miguel Ángel. Medicina pastoral. EUNSA. 2002.

————-

(1) Enc. Redemptor hominis, 4-II-1979, n.15.
(2) Juan Pablo II, “Alocución a los universitarios”, en Aranda, A. (ed), Juan Pablo II a los universitarios, 5ª ed., EUNSA, Pamplona 1982, p. 103. Cfr. también la Encíclica Fides et Ratio, n. 88.
(3) Peut-on modifier l’homme, Gallimard, París 1956, p. 95.
(4) Cfr. también Shattuck, R., Conocimiento prohibido. De Prometeo a la pornografía, Taurus, Madrid 1998.

Otros temas relacionados:
Principios de la ley natural 
Las grandes promesas de la medicina reparadora 
Otros artículos sobre la MEDICINA
VÍDEOS sobre el aborto hoy y el aborto
 

Enviar a un amigo

Anuncios