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   En el Génesis hay un episodio muy triste y doloroso: la historia de Caín y Abel. Ambos hermanos ofrecían sacrificios, pero Caín ofrecía lo peor, cuando Abel ofrecía a Dios los mejores corderos del rebaño. Por eso el humo del sacrificio de Caín no subía al cielo, mientras que el de Abel era agradable a Dios y subía derecho hacia el cielo. Caín sintió envidia de su hermano, le invitó a pasear por el campo y con una quijada de asno lo mató.

   Dios le echó en cara su delito y maldijo a Caín por haber derramado la sangre de un hombre inocente. La sangre inocente grita venganza ante Dios y Caín anduvo errante durante el resto de su vida, lleno de remordimientos.

   El quinto mandamiento no solo ordena “no matar”; también prohíbe las riñas, golpes, envidias, etc., y sobre todo manda el respeto y cuidado exquisito de la vida humana, que es don de Dios.

   1. Sólo Dios es dueño y señor de la vida

   La vida humana es sagrada; desde el comienzo es fruto de la acción creadora de Dios y siempre mantiene esa especial relación con el Creador, origen y término de nuestra existencia. Sólo Dios es señor de la vida desde el principio hasta el fin; el hombre no es más que administrador, y debe cuidad de la vida propia y de la de sus semejantes.

   El quinto mandamiento prohíbe lo que atenta injustamente contra la vida propia y ajena; pero no debe entenderse en sentido preferentemente negativo, pues ordena la caridad, la concordia y la paz con todos -aun con los que se muestran como enemigos-, y este aspecto positivo es el contenido principal del precepto.

   2. Deberes del quinto mandamiento con uno mismo

   a) Amor y respeto de sí mismo. Hemos de querernos a nosotros mismos de manera ordenada, sin egoísmo (refiriendo exclusivamente a uno mismo las personas y las cosas), ni soberbia (con una falsa valoración de las propias cualidades, por ambición, presunción y vanagloria).

   b) Usar bien de los talentos. Dios ha dado a cada hombre talentos y capacidades tanto naturales como sobrenaturales. En el plano natural están la inteligencia y la voluntad, que hemos de desarrollar adquiriendo los conocimientos de que seamos capaces y formando la voluntad para alcanzar el señorío de nosotros mismos y una personalidad capaz de grandes empresas. La pereza es el pecado que se opone a que los talentos fructifiquen.

   En el aspecto sobrenatural tenemos la gracia santificante, junto con los dones que la acompañan. Hemos de corresponder generosamente porque al final de la vida se nos pedirá cuenta de cómo hemos aprovechado las gracias recibidas.

   c) Amor y respeto del cuerpo. El cuerpo es el instrumento que Dios nos ha dado y santificado; en día resucitará lleno de gloria. Por eso hemos de respetarlo y cuidarlo (alimento, limpieza, deporte), evitando los excesos que puedan dañar la salud. Está claro que hemos de amarlo de manera ordenada, ya que hay cosas más importantes.

   Se oponen a este deber el suicidio, desear la propia muerte, exponerse a grandes peligros (conducción imprudente de vehículos, excursiones arriesgadas, etc.), la mutilación de algún miembro, la eutanasia (acortar la vida para rehuir el dolor), la gula (comer o beber en exceso), la embriaguez y el tomar drogas.

   d) El cuidado de la vida espiritual. Es importante cuidar el cuerpo, pero lo es más cuidar de la vida del alma para que la gracia vaya creciendo en nosotros. Se crece conociendo mejor la doctrina cristiana -en el Catecismo- para poder cumplirla, confesando y comulgando con frecuencia, tratando a Jesús en el Sagrario, haciendo pequeños sacrificios, etc.

   La vida de la gracia en el alma se pierde -se mata- por el pecado mortal, que es como un suicidio; aunque gracias a la misericordia de Dios existe el remedio del sacramento de la Penitencia, que permite recuperar la vida sobrenatural.

   3. Deberes del quinto mandamiento con los demás

   a) Respeto a la vida ajena. La misma razón que obliga a respetar la vida propia, exige el respeto de la vida ajena: cada hombre es criatura de Dios, de quien recibimos la vida, y sólo Él es dueño. Este derecho a la vida es conculcado en el homicidio y el aborto, que son crímenes horrendos contra Dios y contra el hombre.

   Dios es siempre el autor de la vida, también de la vida de los animales y plantas, y no se les puede matar a no ser porque son útiles y necesarios para alimentarnos, pero sin ensañarse causando dolor inútil o martirizándolos.

   b) El respeto a la convivencia. El quinto mandamiento prohíbe no sólo matar, sino todo lo que va en contra de los demás: odio, envidia, enemistad, discordias, riñas, venganzas, peleas, desear el mal a alguien, alegrarnos si vemos que los demás sufren o lo pasan mal, insultar… El Evangelio proclama bienaventurados a los amantes de la paz, y una manifestación de ese espíritu será rezar para que no haya guerra entre los hombres.

   El cristiano tiene que perdonar de corazón las injurias que se le hacen, “no siete veces, sino setenta veces siete” (Mateo 18,22); es decir, siempre. Igualmente ha de saber pedir perdón de las ofensas que él pueda hacer a los demás; no es ninguna humillación, sino demostrar con obras que se tiene un corazón grande.

   c) El pecado de escándalo. Por atentar contra el bien espiritual del prójimo, el escándalo es un pecado contra el quinto mandamiento. Escándalo es toda palabra, obra u omisión que incita a otros a pecar: malas conversaciones, blasfemar, enseñar fotos o libros inconvenientes, utilizar vestidos indecorosos, no ir a Misa… Esos ejemplos provocan el pecado en quien los observa o padece, y por eso dijo Jesús refiriéndose al que comete escándalo: “Más le valiera que atándole una rueda de molino al cuello, le arrojasen al fondo del mar” (Mateo 18,6). Hemos de huir de los que enseñan o empujan a pecar haciendo el oficio del demonio; y, si hubiéramos cometido ese pecado, hay que pedir perdón y reparar el daño.

   4. Ayudar a los demás en sus necesidades

   Para vivir el sentido positivo del quinto mandamiento hay que querer al prójimo, ayudándole -con el ejemplo y con la palabra- a resolver sus necesidades, tanto materiales como espirituales.

   Las obras de misericordia recuerdan cuáles son las principales necesidades, y en socorrerlas podremos demostrar la verdad de nuestro amor al prójimo.

   Curso de Catequesis. Don Jaime Pujol Balcells y Don Jesús Sancho Bielsa. EUNSA. Con la autorización de Don Jesús Sancho  

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