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  En la educación de los hijos caben dos posturas negativas: la sobreprotección y la excesiva permisividad o dejadez. Se produce lo primero cuando los padres están excesivamente preocupados porque sus hijos no caigan en los posibles peligros que puedan encontrar en su vida. 

    Esto les lleva a no dejarles solos en los desplazamientos habituales y a resolverles los problemas que podrían resolver los propios chicos. Esta forma de actuar es especialmente negativa para los hijos porque les impide aprender a valerse por sí mismos y se convierten en sujetos pasivos, esperando que sean los padres los que resuelvan los problemas. No ejercitan la voluntad y, por tanto, no crecen en las virtudes ni adquieren hábitos positivos para el desarrollo personal y social. “El fin y el objeto de la educación dada por los padres en el hogar y en el círculo de la familia consiste en despertar y desenvolver suficientemente las energías y aptitudes generales, lo mismo que las especiales de cada uno de los miembros y órganos del hombre” (Froebel).

    Aunque se corra un cierto riesgo es preferible dejarles actuar con libertad y con responsabilidad personal. Hace falte tener confianza en los hijos, aunque alguna vez nos engañen o no se comporten como debieran. De cualquier forma, los hijos han de sentirse queridos y aceptados por sus progenitores. Y de esta manera acudirán a ellos cuando tengan algún problema serio.

    Junto con la confianza, los hijos también merecen el respeto de su intimidad por parte de los padres. Por eso, salvo casos muy excepcionales, se ha de evitar la intromisión directa o violenta en sus cosas. Esto no significa que los padres se desentiendan con una postura de laissez-faire respecto a los chicos. Mas bien han de conocer todo lo posible de sus hijos, sus compañeros, sus estudios, etc. pero manteniendo la confianza en su responsabilidad y respetando sus decisiones. De esta forma serán los propios hijos los que irán tomando poco a poco las riendas de su vida, así como a esforzarse ante las situaciones difíciles y a comportarse con libertad y responsabilidad. 

    Arturo Ramo

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