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   Juan Pablo II se caracterizó por la integración de los laicos en las tareas pastorales, la promoción del apostolado juvenil y vocacional y la construcción de templos, pero sobre todo, por la Educación, la promoción humana y formación religiosa de pobres y ricos.       Juan Pablo II, el “Magno”, el Papa amigo del pueblo, fue infatigable en su aportación a la Educación y, sobre todo, fijó metas para los educadores cristianos. MAGISTERIO recoge una pequeña parte de su gran aportación al mundo de la enseñanza.   Educar a los jóvenes

      

   ¿Quiénes son los jóvenes, qué desean, hacia dónde van, qué es lo que necesitan? Entonces como hoy son preguntas difíciles, pero ineludibles, que todo educador debe afrontar.

Iuvenum Patris. Carta Apostólica del Sumo Pontífice Juan Pablo II.

   Educar para la paz

      

   El Papa ha urgido al mundo a llevar a cabo una constante Educación en la legalidad, es cada vez más necesario construir juntos vías de paz, es imprescindible educar para la paz. Es necesario un nuevo orden internacional para abordar los problemas de desequilibrio entre países.

   XXXVII Jornada Mundial de la Paz celebrada en la Basílica de San Pedro.

      Las futuras generaciones deben ser educadas en la “auténtica paz”. Es un tema más actual que nunca en estos meses en los que estamos preocupados por las situaciones bélicas en todos los continentes.

   Discurso con motivo de la Semana Santa 2003.

   Fe y Educación

   

   ¿La enseñanza puede ser de verdad camino para el hombre? Y viceversa, ¿es el hombre de verdad el camino de la enseñanza? La respuesta es afirmativa sin duda alguna, si la función educativa es connatural a la enseñanza, está claro que no puede existir sino para el hombre. “Una escuela para el hombre” significa tocar en lo vivo una problemática de importancia radical que afecta a la misma razón de ser de la enseñanza y su destino intrínseco de ser estructura de servicio.

   Las metas del educador cristiano. Discurso a los afiliados de la Unión Católica Italiana de Profesores.

      En una época de transición cultural, la Iglesia advierte preocupada, en el sector de la Educación, la necesidad urgente de superar el drama de la profunda ruptura entre el Evangelio y una cultura que subestima y margina el mensaje de Cristo.

   Iuvenum Patris. Carta Apostólica del Sumo Pontífice Juan Pablo II.

   El papel del educador

      El amor se traduce por la dedicación primordial del educador como persona totalmente entregada al bien de los educandos, estando con ellos, dispuestos a afrontar sacrificios y fatigas por cumplir su misión en su formación como personas íntegras.

   Ello requiere estar verdaderamente a disposición de los jóvenes, profunda concordancia de sentimientos y capacidad de diálogo.

   Las metas del educador cristiano. A los profesores italianos afiliados.

   Educación y deporte

      

   La Iglesia considera al deporte como un instrumento al servicio de la Educación de todas las personas cuando se transforma en promotor de los ideales humanos y espirituales más elevados y cuando ayuda a los jóvenes a tener en cuenta valores tales como la lealtad, la perseverancia, la amistad, la solidaridad y la paz.

   El deporte, al superar las diversidades culturales e ideológicas de todo tipo, es una oportunidad privilegiada de diálogo y de comprensión entre los pueblos para la construcción de la civilización del amor.

   Visita de un conocido equipo de fútbol al Sumo Pontífice.

   Educación católica

      

   A veces, por desgracia, cuando se habla de escuela católica se la considera sólo en rivalidad y hasta oposición con otras escuela, en particular con las de titularidad del Estado.

   Pero no es así. La escuela católica se ha propuesto siempre y se propone hoy formar también ciudadanos ejemplares.

   La Educación en la Iglesia Católica, discurso a un colegio católico.

   Carta del Papa a los niños

      

   (…) “¡Queridos amigos! En lo sucedido al Niño de Belén podéis reconocer la suerte de los niños de todo el mundo. Si es cierto que un niño es la alegría no sólo de sus padres, sino también de la Iglesia y de toda la sociedad, es cierto igualmente que en nuestros días muchos niños, por desgracia, sufren o son amenazados en varias partes del mundo: padecen hambre y miseria, mueren a causa de las enfermedades y de la desnutrición, perecen víctimas de la guerra, son abandonados por sus padres y condenados a vivir sin hogar, privados del calor de una familia propia, soportan muchas formas de violencia y de abuso por parte de los adultos. ¿Cómo es posible permanecer indiferente ante el sufrimiento de tantos niños, sobre todo cuando es causado de algún modo por los adultos?” (…)

   “Queridos chicos y chicas, coetáneos del Jesús de 12 años, ¿no vienen a vuestra mente, en este momento, las clases de Religión que se dan en la parroquia y en la escuela, clases a las que estáis invitados a participar? Quisiera, pues, haceros algunas preguntas: ¿cuál es vuestra actitud ante las clases de Religión? ¿Os sentís comprometidos como Jesús en el Templo cuando tenía 12 años? ¿Asistís a ellas con frecuencia en la escuela o en la parroquia? ¿Os ayudan en esto vuestros padres?” (…)

   13 de diciembre de 1994

   La Educación y los padres

      

   Mucho ha dicho el Papa respecto al papel de los padres en la Educación. Y es que precisamente son ellos los que, según Juan Pablo II, “deben ser reconocidos como los primeros y más importantes educadores de sus hijos. Su rol como formadores es tan decisivo que casi nada puede compensar un fallo”.

   En este sentido, también ha declarado que “los padres, sin esperar que otro los reemplace en algo que es de su exclusiva responsabilidad, debieran poder elegir el método pedagógico, el contenido ético y cívico, y la inspiración religiosa que les permita lograr una Educación integral para sus hijos. No deben esperar que todo les sea dado”, sino “asumir su misión como educadores”.

   Por tanto, el Papa ha defendido algo tan fundamental como que “los padres no deben renunciar a su obligación moral de dirigir la Educación de sus hijos”. De hecho, el sumo pontífice ha recalcado que “al asumir su misión de educadores”, los progenitores también “buscarán oportunidades y crearán las estructuras adecuadas en la sociedad civil”.

   De este modo, según el Papa, “los padres tienen una responsabilidad moral de dirigir el estilo y contenido de la que será la Educación de sus hijos”.

   Por su parte, el gobierno no debe usurpar este rol, razón por la que tampoco los padres deben esperar que la Educación para sus hijos les sea simplemente proporcionada.

   En cuanto a la asignatura de Religión como parte de la Educación, Juan Pablo II considera que los padres deben defender sus derechos: “La Educación integral de los jóvenes no puede prescindir de la enseñanza religiosa en la escuela, cuando lo pidan los padres, con una valoración académica acorde con su importancia. Los poderes públicos tienen el deber de garantizar este derecho a los padres”.

   El Papa y la Formación Profesional

   Karol Wojtyla nació en el seno de una familia poco acomodada. Su padre era obrero y su madre, ama de casa, al cuidado de siete hijos. Antes de Papa, Juan Pablo II conoció en sus carnes la dureza del cansancio físico trabajando también de obrero. En su concepción del trabajo y del empleo, ha enfatizado mucho en el hombre y en su capacidad de conocimiento como factor decisivo en el funcionamiento de las sociedades. Ha abogado por políticas sociales y educativas que no incrementasen las desigualdades en la distribución de las riquezas. En este sentido, ha sostenido en ocasiones que estas diferencias están determinadas muchas veces por el acceso de los países, grupos sociales e individuos a las Nuevas Tecnologías.

   Confirió al Estado la responsabilidad de proporcionar los instrumentos políticos necesarios para la formación, la igualdad de oportunidades, de salarios justos y de jornadas compatibles con la vida familiar, a la que consideraba pilar imprescindible sobre el cual se asientan todas las sociedades.

   Juan Pablo II, en su encíclica Centesimun Annus, explicaba que las posibilidades de inserción laboral y de ascenso social exigían un fuerte salto cualitativo en los que entonces eran los niveles de formación profesional de la fuerza laboral. Aquí no hacía sino proponer este tipo de formación para facilitar la inserción en un sistema productivo que se hacía cada vez más exigente y competitivo. Todo esto enmarcado en la idea de que la Educación se ha convertido en el mundo actual en una dimensión permanente de la existencia humana.

   Juan Pablo II y los universitarios

   En el año 1968, a raíz de las revueltas universitarias iniciadas en Francia que provocaron inestabilidad social y académica, la Iglesia inició un encuentro anual con los jóvenes para paliar esta situación. Es entonces cuando se convoca por vez primera el Congreso Internacional de Universitarios (UNIV), que, convocado por el Opus Dei, reúne a todas las universidades europeas para exponer conclusiones sobre un determinado tema.

   El congreso se viene realizando desde entonces en Roma durante la Semana Santa, pasando cientos de jóvenes durante 10 días por esta ciudad. Después del encuentro, el Domingo de Resurrección, cuando volvían a sus ciudades de origen, siempre vitoreaban al Papa desde la Plaza de San Pedro para despedirse de él. En una de éstas, en abril de 1979, cuando los jóvenes del UNIV se despedían de Juan Pablo II, éste abrió las puertas del Cortile de San Damaso (un patio de su casa) y tuvo una pequeña tertulia con ellos. Se inició de este modo una tradición que ha durado hasta nuestros días. Al principio los universitarios iban a visitarle sin preparar nada, pero, según han ido trascurriendo los años, han acudido a su cita con el Papa con un repertorio de actuaciones multiculturales, canciones, etc.

   En 1994 la tertulia con el Papa se trasladó al aula Pablo VI para formalizar el acto. Desde entonces el Santo Padre se reunió con los universitarios todos los Lunes Santos y no dejó de apoyarse en ellos como elemento fundamental en el futuro de la Iglesia.

   “El Papa es joven”

    “El Papa es un joven de 83 años”. Con esta frase corearon los jóvenes a Juan Pablo II en su última visita a España. Tal vez porque desde que empezó su pontificado el santo padre no ha dejado de encontrarse con los más jóvenes en numerosas jornadas mundiales: Roma, Toronto, París… En todas ellas Karol Wojtyla no perdía el tiempo: “Las ideas no se imponen, sino que se proponen”. Mensajes así de claros y contundentes constituyeron su apostolado con la juventud, uno de los pilares fundamentales en los que el Papa durante los últimos 25 años asentó su pontificado.

Con la autorización de: www.magisnet.com

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