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   El día 16 de octubre de 2003 se ha cumplido el 25 aniversario de la elección de Juan Pablo II como Papa o Vicario de Cristo en la tierra. En estas bodas de plata de su pontificado nos podemos fijar en la faceta de educador y su preocupación por la juventud. El día 22 de octubre de 1978 dijo a los jóvenes: “Vosotros sois la esperanza de la Iglesia y del mundo. Vosotros sois mi esperanza.”    De su amplísimo material escrito que nos deja se puede deducir que su idea sobre la educación se basa en tres pilares: la familia, la escuela y la autoeducación.    Si la familia es el primer fundamento de la educación, el primer objetivo es defender a la familia. En el Monte del Gozo les preguntaba a los jóvenes: “¿Estáis dispuestos, como jóvenes cristianos, a vivir y defender el amor a través del matrimonio indisoluble, a proteger la estabilidad de la familia que favorece la educación equilibrada de los hijos, al amparo del amor paterno y materno que se complementan mutuamente?”

    A través de la educación familiar los estudiantes participan de una cultura concreta con sus creencias y valores que han de asumir, mantener e incrementar. En Manila (15-1-1995) les decía:”Vuestros padres han sido vuestro primeros maestros en la fe. Los padre, por tanto, tienen derecho a esperar de sus hijos e hijas los frutos maduros de sus esfuerzos, de la misma manera que los jóvenes tienen derecho a esperar de sus padres el amor y la solicitud que los lleven a un sano desarrollo. Todo eso lo pide el cuarto mandamiento, que es muy rico. Os sugiero que lo meditéis. Os pido que construyáis puentes de diálogo y comunicación con vuestros padres. Nada de espléndido aislamiento. ¡Comunicación! ¡Amor!”

   En la escuela el joven se prepara para el trabajo de la edad madura. En la Carta apostólica de 31-3-1985 decía: “Pienso en vuestros maestros, vuestros educadores, guías de las mentes y caracteres jóvenes. ¡Cuán grande es su misión! ¡Qué responsabilidad particular la suya! ¡Pero qué grande es también su mérito! Pero cuando nos planteamos el problema de la instrucción, del estudio, de la ciencia y de la escuela, surge un problema de importancia fundamental para el hombre y especialmente para el joven. Es el problema de la verdad. La verdad es la luz de la inteligencia humana. Si desde la juventud la inteligencia humana intenta conocer la realidad en sus distintas dimensiones, esto lo hace con el fin de poseer la verdad: para vivir de la verdad. Tal es la estructura del espíritu humano. El hambre de verdad constituye su aspiración y expresión fundamental.”

   El tercer pilar de la educación es la autoeducación. “Aunque no hay duda de que la familia educa y de que la escuela instruye y educa, al mismo tiempo, tanto de la acción de la familia como de la escuela, quedará incompleta y podría incluso ser estéril, si cada uno y cada una de vosotros, jóvenes, no emprende por sí mismo la obra de la propia educación. La educación familiar y escolar debe procuraros sólo algunos elementos para la obra de la autoeducación. En efecto, si la verdad nos hace libres no puede ser construida solamente desde fuera. Cada uno ha de construirla desde dentro; edificarla con esfuerzo, con perseverancia y paciencia. El Señor Jesús habla también de esto cuando subraya que que sólo ‘con la perseverancia podemos salvar nuestras almas’. ‘Salvar la propia alma’: he aquí el fruto de la autoeducación” (Carta apostólica a los jóvenes de 31-3-1985).

Arturo Ramo García.

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