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   El 26 de junio de 1975 moría en Roma San Josemaría Escrivá, recientemente canonizado por Juan Pablo II. Aunque no escribió un tratado sistemático sobre la educación, en sus escritos y sus palabras se vislumbra su ideal educativo.     Para él, la educación ha de pretender la formación integral del hombre para que sea capaz del ejercicio completo de su libertad y asuma, al mismo tiempo, su responsabilidad La Persona humana ha de alcanzar competencia en su trabajo profesional para el servicio a los demás y sirva para la convivencia de todos en un clima de respeto, de cooperación y concordia.   La educación se dirige a formar cristianos verdaderos, hombres y mujeres íntegros capaces de afrontar con espíritu abierto las situaciones que la vida des depare, de servir a sus conciudadanos y de contribuir a la solución de los grandes problemas de la humanidad, de llevar el testimonio de Cristo donde se encuentren más tarde, en la sociedad. (Es Cristo que pasa, 28).

    Educar consiste en sembrar la verdad: El error no sólo oscurece las inteligencias, sino que divide las voluntades. Sólo cuando los hombres se acostumbren a decir y a oír la verdad, habrá comprensión y concordia. A eso vamos, a trabajar por la Verdad sobrenatural de la fe, sirviendo también lealmente todas las parciales verdades humanas, a llenar de caridad y de luz todos los caminos de la tierra.

    Tenía una gran consideración de los profesores. En una ocasión le dijo a una maestra: Tu profesión es admirable. Jesús se hace llamar Maestro, y tú eres también maestra de aquellos niños. ¡Fíjate si es grande tu profesión! Tienes a tu cuidado unas almas, que son como barro blando. Puedes poner allí tus dedos, y plasmar tu fe, los deseos grandes que tienes de ser una cristiana admirable, buena servidora de los demás, de tu país… ¡Tantas cosas estupendas les puedes enseñar…! Puedes hacer una labor casi sacerdotal con tus alumnos, hija mía.

    En otra ocasión describió la dignidad de la educación diciendo: Coges a cada alma como si fuera un tesoro -y lo son, porque cada una vale toda la sangre de Cristo-, y haces lo que uno de aquellos miniaturistas de los viejos monasterios de la Edad Madia, que se pasaba los días pintando un pajarillo, una flor… Así haces tú con esas almas.

    A los padres les decía: No es camino acertado, para la educación, la imposición autoritaria y violenta. El ideal de los padres se concreta más bien en llegar a ser amigos de sus hijos”. “Si tuviera que dar un consejo a los padres, les diría sobre todo éste: que vuestros hijos vean -lo ven todo desde niños. que procuráis vivir de acuerdo con vuestra fe, que Dios no está sólo en vuestros labios, que está en vuestras obras; que os esforzáis por ser sinceros y leales, que os queréis y que los queréis de veras.

    Para San Josemaría la dignidad de educación se fundamenta en el sentido cristiano y en la unidad de vida, porque no podrá hacer nunca recto uso de la inteligencia y de la libertad…, quien carezca de suficiente formación cristiana. (Ibid., 46)

Arturo Ramo García.

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