agosto 2008


    Cuando Elías fue arrebatado al cielo en el carro de fuego se le había caído el manto. Eliseo lo recogió y, triste, emprendió el regreso a Jericó. La comunidad de profetas de esta ciudad pudo contemplar toda la escena desde la otra orilla del río, a donde había acudido para despedir a Elías. Cuando vieron que Eliseo golpeaba el agua con el manto plegado, como un rato antes lo había hecho Elías, y el Jordán se habría dejando un paso seco, comprendieron con alegría que el poder de Elías había pasado a su discípulo. (más…)

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    -Ponte de rodillas ante el sacerdote y pide ayuda a la Virgen diciéndole esta jaculatoria “Ave María Purísima”.

    -A continuación puedes decir este texto del Santo Evangelio: “Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo”. (más…)

    Hace miles de años vivía en el Asia un rey llamado Creso. El país que gobernaba no era muy vasto, pero su gente era próspera y famosa por su riqueza. Se decía que Creso era el hombre más rico del mundo, y tan célebre es su nombre que aún hoy es común decir que un individuo acaudalado es “rico como Creso”.

    El rey Creso poseía todo lo necesario para ser feliz: tierras, casas, esclavos, finas prendas y objetos bellos. No podía pensar en nada que pudiera darle más comodidad ni satisfacción, y se decía: “Soy el hombre más feliz del mundo”. (más…)

    Abraham era ya viejo y de edad muy avanzada y el Señor le había bendecido en todas las cosas. Dijo al criado más antiguo de su casa:

    – No casarás a mi hijo con mujer de las hijas de los cananeos sino que irás a la tierra de Canán y de allí traerás mujer para mi hijo Isaac. (más…)

   Lo que te voy a contar sucedió en un Colegio. Era la hora del descanso.

   Después del deporte, Tonique, estudiante de octavo de Básica, se me acercó sudoroso. Sus ojos vivos estaban alegres. De golpe me dijo: «¿Recuerda lo que nos habló la semana pasada en la capilla?». «Sí», le contesté. Les había hablado del salto del tigre. Tonique, lleno de satisfacción continuó diciéndome:
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    Érase una vez una niña llamada Elsa. Tenía una abuela muy vieja, de cabello blanco, con arrugas en todo el rostro.

    El padre de Elsa tenía una gran casa en una colina.

    Todos los días el sol asomaba por las ventanas del sur. Todo lucía brillante y hermoso. (más…)

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   Aquella imagen de los nietos sentados alrededor de sus abuelos, parece estar en trance de desaparición. Cuando existe una proliferación de los estudios etnológicos, con un esfuerzo importante por la recogida de tradiciones, de música o narraciones populares —muchos de los cuentos tradicionales proceden de esta fuente—, se da la paradoja de que dentro de la familia puede estarse olvidando la memoria de su historia. (más…)

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