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    El profeta Isaías, hijo de Amós, tuvo una visión: El Señor estaba sentado en su trono; serafines de pie cantaban a coro:

       – “Santo, Santo, Santo es el Dios de los ejércitos; llena está la tierra de su gloria”. 

       Uno de ellos se le acercó con una brasa encendida y le tocó los labios. Oyó la voz de Dios que decía: 

       – “¿A quién enviaré?” 

       Entonces Isaías contestó: 

       – “Aquí estoy; envíame a mí”.

       Dios le dijo:

       – “Ve y habla a este pueblo”.

       Así empezó Isaías su actividad profética. La desarrolló durante los tiempos de Jotán, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá (742-677 antes de Cristo).

       El rey Ajaz, asustado por la coalición de los reyes de Siria e Israel, fue avisado por Isaías de que no se produciría esta conquista. En la entrevista el profeta le anunció entre otras muchas cosas, que será el rey de Asiria el que desolará Judea, y que vendrá un día en que la Virgen concebirá y dará a luz a Emmanuel (Dios con nosotros).

       Poco después Isaías fue testigo de la destrucción y deportación de los habitantes de Israel por los asirios.

       El año catorce del rey Ezequías, hijo de Ajaz, Senaquerib, rey de Asiria, conquistó las ciudades fortificadas de Judea y envió un general hasta las puertas de Jerusalén para negociar la rendición. Ezequías, haciendo caso a Isaías, no cedió y aquella noche murieron miles de soldados asirios por una extraña enfermedad contagiosa. Senaquerib regresó a Nínive, donde dos de sus hijos lo asesinaron.

       El profeta Isaías fustigó la idolatría y toda clase de pecados del pueblo y de sus reyes.
       (Isaías)
    (Texto adaptado por D. Samuel Valero. Biblia infantil. Editorial Alfredo Ortells, S.L. Valencia. página 122) 

   SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

   Objetivo.- Pedir por la paz en el mundo.

   Contenido.- El profeta Isaías anuncia que la era del Mesías se caracterizará por la abundancia de este don divino: será como un torrente de paz, como un torrente en crecida, resumen de todos los bienes: el gozo, la alegría, el consuelo, la prosperidad prometida por Dios a la Jerusalén restaurada tras el destierro de Babilonia. Como un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo. Isaías se refiere al Mesías, portador de esa paz que es, a un mismo tiempo, gracia y salvación eterna para cada uno y para todo el pueblo de Dios. La nueva Jerusalén es imagen de la Iglesia y de todos nosotros. 
    (Fernández Carvajal, Francisco. Hablar con Dios. Tomo IV. Página 97. Ediciones Palabra.)

   Actividades.- 

   1. Cada alumno lee en voz alta el texto y contestan por equipos a estas preguntas:
    a) Describe la visión que tuvo Isaías
    b) ¿Qué encargo recibió de Dios?
    c) ¿Qué le dijo Isaías al rey Ajaz?
    d) ¿Qué profetizó Isaías sobre la Navidad?
    e) ¿Qué pasó con Senaquerib?
       f) ¿Qué hacía Isaías?
   2. Los secretarios de los equipos leen sus respuestas. 


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