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    Nuestra Señora al conocer por la revelación del ángel la necesidad en que se hallaba su prima Santa Isabel, próxima ya al parto, se apresura a prestarle ayuda, movida por la caridad.

    Por aquellos días, María se levantó, y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Al escuchar la anciana prima las palabras de María notó que el niño que ya llevaba seis meses en su seno, daba saltos de gozo, y llena del Espíritu Santo exclamó con entusiasmo:

    -Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿Quién soy yo para merecer que venga a visitarme la madre de mi Señor? ¡Dichosa tú que has creído!, porque todo lo que te ha dicho el Señor, se cumplirá.

    Y María dijo:

    -Mi alma engrandece al Señor y me lleno de alegría en Dios, mi Salvador, porque se ha fijado en la pequeñez de su esclava. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones porque el Todopoderoso ha hecho en mí cosas grandes y maravillosas. Su nombre es Santo y su misericordia es constante para los que le temen. Con su poder hace proezas: desconcierta a los soberbios, derriba a los poderosos, ensalza a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes, y a los ricos los despide vacíos. Da amparo a su pueblo de Israel, al cumplir sus promesas de misericordia.

    Permaneció María aquí como tres meses, hasta que Isabel dio a luz, y regresó a Nazaret.

    (Lucas, 1, 39-56)
    (Texto adaptado por D. Samuel Valero. Biblia infantil. Editorial Alfredo Ortells, S.L. Valencia. página 154) 

   SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

    Objetivo.- Ayudar a los demás.

    Contenido.- En María comprobamos que la generosidad es la virtud de las almas grandes, que saben encontrar la mejor retribución en el haber dado: habéis recibido gratis, dad gratis. La persona generosa sabe dar cariño, comprensión, ayudas materiales…, y no exige que la quieran, la comprendan, la ayuden. Da, y se olvida de que ha dado. Ahí está toda su riqueza. Ha comprendido que es mejor dar que recibir. Descubre que amar “es esencialmente entregarse a los demás. Lejos de ser una inclinación instintiva, el amor es una decisión consciente de la voluntad de ir hacia los otros. Para poder amar de verdad conviene desprenderse de todas las cosas y, verdad conviene desprenderse de todas las cosas y, sobre todo, de uno mismo, dar gratuitamente,… Esta desposesión de uno mismo (…) es fuente de equilibrio. Es el secreto de la felicidad”.(Juan Pablo II, Alocución, 1-VI-1980).

         (Fernández Carvajal, Francisco. Hablar con Dios. Tomo I. Página 210. Ediciones Palabra).

    Actividades.-

    1.- Cada alumno lee el texto y contesta a las siguientes preguntas:

    a) ¿Cómo se llamaba el marido de Isabel?

    b) ¿Dónde vivían?

    c) ¿Qué le dijo Isabel?

    d) ¿Qué le respondió María?

    e) ¿En qué le ayudaría María a Isabel?

    f) ¿En qué podemos ayudar nosotros a nuestros amigos?

    2.- Escribir en la pizarra las contestaciones a la pregunta f).
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