En una multitudinaria manifestación celebrada en Madrid a favor de la familia, se leía en una de sus pancartas “Pedro y Antonio, no son matrimonio”, pero los seguidores de la ideología de género se empeñan en llamar matrimonio a dos personas del mismo sexo, ya sean dos hombres o dos mujeres. Defienden que el matrimonio es una pura convención social, algo a sí como un barniz que diera cierta cobertura a las relaciones sexuales entre personas de distinto sexo.

    La realidad es que el matrimonio se ha defendido a través de toda la historia porque es el origen de la vida y garantiza la supervivencia humana a través de las generaciones. Pero hay otro aspecto importante que hace referencia a la educación de los hijos. La familia bien constituida es el ambiente natural donde los hijos desarrollan su personalidad, adquieren los hábitos fundamentales de convivencia y se sienten queridos por lo que son (hijos, hermanos), no por lo que hacen o por lo que tienen.

    La ideología de género se tropieza con la evidencia de que los hombres y mujeres somos distintos biológicamente. No es igual un niño que una niña. Las diferencias que se manifiestan desde el momento del nacimiento y acentúan en la pubertad y adolescencia han sido estudiadas científicamente por la psicología diferencias. A esto hay que añadir otro hecho trascendental: los matrimonios formados por un hombre y una mujer suelen tener hijos, mientras que dos homosexuales o dos lesbianas no pueden tener descendencia nunca. En el mundo animal recordamos que el fruto de una yegua y un burro es un mulato. Pues bien, los mulos y las mulas son estériles y no pueden engendrar nuevas crías.

    La sexualidad masculina y femenina no es opcional, es algo que viene dado por la biología. Pretender negar este hecho hace inevitables serios conflictos legales, morales y psicológicos, de los que no se libran los niños adoptados por personas del mismo sexo.

    ¿Cómo se ha llegado a esta ideología? El primer feminismo nació en la Revolución Francesa y aspiraba a la equiparación de derechos entre el varón y la mujer. Pero la siguiente reivindicación fue la igualdad de función de hombres y mujeres. Se ha llegado a rechazar la maternidad, el matrimonio y la familia. En 1949, Simone de Beauvoir animaba a la mujer a liberarse de las ataduras de su naturaleza y recomendaba el traspaso de la educación de los hijos a la sociedad, las relaciones lesbianas y la práctica del aborto.

    No es la primera vez que se niega la evidencia y siempre han existido Quijotes que han llamado gigantes a los molinos y castillos a las posadas.

    José Pedro Sánchez
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