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    Sin el arte de decir “no”, es imposible que haya un joven de carácter. Cuando los deseos, las pasiones de los instintos se arremolinan en ti, cuando después de una ofensa la lava encendida de gases venenosos bulle en ti y se prepara a una erupción a través del cráter de tu boca, cuando la tentación del pecado te muestra sus alicientes, ¿sabes entonces con gesto enérgico pronunciar la breve y decisiva palabra. No? Entonces no habrá erupción. No habrá precipitación. No habrá golpes. No habrá disputa.

    César quiso acostumbrarse a no hablar precipitadamente. a pesar las palabras de antemano, contando hasta veinte en sus adentros antes dar una respuesta. Excelente medio. ¿Para qué sirve? Para que nuestro mejor “yo”, nuestra comprensión más equitativa, pueda hablar, después de sentirse abrasado un momento por la llamarada de los sentidos.

    Por un espléndido camino nevado íbase deslizando un joven en esquí. Al fin de una colina se abría un profundo precipicio. El joven iba volando hacia abajo, lanzado como una flecha; pero he aquí que delante del precipicio, con admirable técnica, se para de repente y se mantiene allí en el borde de la sima como una columna de granito. “-Bravo! ¡Estupendo! ¿Dónde lo has aprendido?” “-¡Ah!- contesta el muchacho-, no he empezado ahora. Al principio tuve que ensayarlo muchísimas veces, para poder parar, en las más suaves pendientes.”

    También el camino de la vida es una especie de carrera de esquí con innumerables precipicios. Y todos caen, y todos van al abismo, si no han hecho prácticas de pararse infinitas veces, plantados como columna de mármol, y responder un recio y rotundo “no” a las tempestades turbulentas de las pasiones.

    El ejercicio de la voluntad no es otra cosa que el prestar una ayuda sistemática al espíritu en la guerra de libertad que ha de sostener contra el dominio tiránico del cuerpo. Quien se incline, sin decir una palabra a cualquier deseo que se asome en su instinto, perderá el temple de su alma y su interior será la presa de fuerzas encontradas. Ahora comprenderás la palabra del Señor: “El reino de los cielos se logra a viva fuerza y los esforzados son quienes lo arrebatan” (San Mateo, XI,12).

    Es una suerte si puedes pronunciar -cuando es necesario- el “no” enérgico.

    ¡No! -has de decir a tus compañeros cuando ellos te incitan a cosas prohibidas.

    ¡No! -has de gritar a tus instintos cuando ciegamente te acucien.

    ¡No! -has de gritar a todas las tentaciones que, adulando, quieren envolverte en sus telarañas.

    Tihamer Toth. El joven de carácter.

   SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

    Objetivo.- Aprender a decir “no” a las cosas negativas y dañinas.

    Contenido.-    Autodominio

    Es el valor que nos ayuda a controlar los impulsos de nuestro carácter y la tendencia a la comodidad mediante la voluntad. Nos estimula a afrontar con serenidad los contratiempos y a tener paciencia y comprensión en las relaciones personales.

    El autodominio debe comprenderse como una actitud que nos impulsa a cambiar positivamente nuestra personalidad. Cuando no existe esa fuerza interior, se realizan acciones poco adecuadas, generalmente como resultado de un estado de ánimo; la armonía que debe existir en toda convivencia se rompe; quedamos expuestos a caer en excesos de toda índole y entramos en un estado de comodidad que nos impide concretar propósitos.
    Actividades.-

    1. Leer en silencio e individualmente este ejercicio y contestar a estas preguntas:

    a) ¿Qué hacía César?

    b)¿Qué le pasó al joven esquiador?

    c)¿Qué se dice de la fuerza de voluntad?

    d) Señala tres ocasiones en que debemos decir “no”

    2. Escribir en la pizarra las contestaciones a la pregunta d)
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