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    Santo Tomás de Villanueva, arzobispo de Valencia, nació en Castilla, en Villanueva de los Infantes, el año 1488. Era muy limosnero. Socorría con abundancia a los pobres y necesitados, llegando algunos días a dar de comer cocido, pan y vino a quinientos pobres, añadiendo además su correspondiente limosna en dinero. A veces, tenía una forma original de hacer la caridad con los pobres. Algunas de sus limosnas a los necesitados se acrecentaban y rendían beneficio. Veamos cómo.

    A una pobre mujer que vivía en Valencia, viuda y con muchos hijos y sin ningún amparo, el santo arzobispo la socorría con cierta frecuencia, pero aquella cantidad no la sacaba de apuros. Santo Tomás reflexionaba cómo darle un trabajo lucrativo. Pues decía: «La limosna no sólo es dar, sino sacar de la necesidad al que la padece y librarla de ella cuando fuere posible.» Encomendó a Dios la triste situación de la pobre viuda. Y un día la llamó al palacio arzobispal y le preguntó: «Hermana, yo siento mucho la necesidad y el trabajo que padecéis con tantos hijos pequeños y quería saber de vos si sabéis algún oficio con que podáis ganar algo.» Contestó la buena mujer que sabía hacer sémola y farro y otras cosas semejantes. (La sémola es pasta de harina para sopa y farro cebada medio molida.) El santo arzobispo ordenó que al punto comprasen todo lo necesario para ejercer aquel oficio. Se compró un molinillo, arcas y mesas necesarias para el trabajo, incluso un borriquillo para llevar las mercancías. Con aquel pequeño negocio y la limosna de cada mes remedió la pobre viuda su necesidad y pudo criar bien a sus hijos.

    Tuvo otra vez Santo Tomás de Villanueva que proteger a una joven pobre que deseaba casarse con un obrero carpintero y no tenían dinero Para poner la casa. Necesitaban una modesta cantidad para comprar muebles y otros enseres. El santo arzobispo le ofreció generosamente dicha cantidad, pero enterado el santo que el novio era carpintero, llamó a su tesorero, y le dijo: «Dale cierta cantidad para que con lo que ha pedido pongan casa y con lo que le añadimos compre madera y trabaje.»

    Entregaron es dinero a la pareja de novios. Contrajeron éstos matrimonio. Y Dios les bendijo, pues con el tiempo llegaron a tener casa y buena hacienda.

    Santo Tomás de Villanueva, arzobispo de Valencia, no deseaba tener riquezas para si; daba las que tenía y las hacía fructificar.

       Por Gabriel Marañón Baigorrí

    Sugerencias metodológicas:

    Objetivo: Aprender a ser generosos y compasivos con los demás

    Contenido: Generosidad

   Persona generosa es la que, aunque cueste, actúa en favor de los otros con desinterés y con alegría, teniendo en cuenta que es necesaria y útil su actuación.

   El generoso sabe dar cariño, comprensión, ayudas materiales, y no busca a cambio que la quieran, la comprendan y la ayuden. Da y se olvida que ha dado.

   Para ser generoso:

   – Da aquello que necesitan los otros, no lo que te sobra o estorba.

   – Dedica parte de tu tiempo libre a las necesidades de los demás.

   – Esfuérzate por cuidar los detalles que hagan agradable la vida a los demás, como saludar, pedir perdón, sonreír, escuchar, etc.

    Actividades:

       1. Los alumnos leen en voz alta el texto y el profesor explica el Contenido.

       2. Por equipos contestan a estas preguntas:

       a) ¿Cómo eran las limosnas de Santo Tomás de Villanueva?

       b) ¿Qué solución encontró para la viuda de Valencia?

       c) ¿Cómo ayudó al joven carpintero?

       d) ¿Cómo podemos vivir nosotros la pobreza?

       3. Puesta en común de la pregunta d).

       Norma de conducta:

    Con mis riquezas haré todo el bien posible a los demás, en especial a los pobres.
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