Después de esto, Moisés y su hermano Aarón fueron a encontrar al faraón y le dijeron:

       – Esto dice el Señor Dios de Israel: Deja ir a mi pueblo, a fin de que me ofrezca un sacrificio en el desierto.

       Respondió el faraón:

       – ¿Quién es ese Señor para que yo haya de escuchar su voz y dejar salir a Israel? No conozco a tal Señor, ni dejaré ir a Israel.

       Dio orden a los encargados de las obras para que trabajaran como esclavos, hasta agobiarlos con las faenas.

       El Señor dijo a Moisés:

       – Ahora verás lo que voy a hacer con el faraón. Porque obligado por el poder de mi brazo, dejará salir a los israelitas, y una robusta mano hará que los eche de su tierra.

       Moisés y Aarón expresaron estas palabras a la asamblea de los ancianos y el plan que Dios les había comunicado. El pueblo de Israel los creyó y recuperó de nuevo la esperanza de libertad.

    Pero el faraón no sólo se negó a dejar salir al pueblo de Israel, sino que le impuso trabajos más duros aún. El pueblo culpó a Moisés de su desgracia, por haberse enfrentado al faraón.

    Moisés expuso sus quejas ante Dios, quien le dijo que previniera al faraón de las desgracias que le iban a sobrevenir si no cumplía sus deseos. Éste no hizo caso, por lo que Dios empezó a actuar por medio de Moisés.

    Un día las aguas del Nilo, sus canales y charcas se tiñeron de sangre. Después las ranas cubrieron la región y la devastaron. Tiempo después los mosquitos se multiplicaron como el polvo. Posteriormente una plaga de tábanos hizo imposible la vida de todo el mundo.

    Ante tanta desgracia parecía que el faraón iba a ceder. Moisés con su poder acabó con la plaga, pero nuevamente se le endureció el corazón al rey de nuevo se negó.

    Apareció una plaga que diezmó el ganado de los egipcios y los hombres se vieron cubiertos de úlceras pestilentes. El faraón seguía negándose tercamente. Una granizada destruyó las cosechas y una plaga de langosta arrasó totalmente los campos.

    Ante cada calamidad el faraón llamaba a Moisés para darle el permiso de partida del pueblo de Israel, y cuando Moisés terminaba con la plaga, de nuevo le negaba el permiso.

    El último castigo iba a ser terrible y el faraón tendría que ceder forzosamente.

       (Éxodo 5-10)

    (Texto adaptado por D. Samuel Valero. Biblia infantil. Editorial Alfredo Ortells, S.L. Valencia. página 680) 

    SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

    Objetivo.- Aprender a obedecer a Dios.

    Contenido.-

   Obedecer es cumplir la voluntad del que manda. Hay virtud en obedecer cuando el encargo se cumple porque se le reconoce la autoridad de la persona que manda.

   En la familia, en la ciudad y en la nación hace falta una autoridad, que organice y busque el bien común de esa sociedad.

   Que tu obediencia no sea rutinaria, ciega o mecánica, sino inteligente y voluntaria.

   No te limites a hacer el mínimo necesario para justificarte. Debes ser generoso haciendo incluso más de lo que se te pide.

   No critiques ni de pensamiento, a la persona que tiene autoridad.

   No intentes pasar el encargo recibido a otra persona.

    Actividades.-

   1.-Hacer copias para todos los alumnos.

   2.-Leer en voz alta el texto y explicar lo que no entiendan los niños.

   3.-Contestar individualmente a estas preguntas:

    a) ¿Por qué el faraón no obedecía a los deseos de Dios?

    b) ¿Cuáles fueron las cuatro primeras plagas?

    c) ¿Quién acababa con las plagas?

    d) ¿Cuáles fueron las últimas plagas?

    e) ¿En qué podemos obedecer a Dios?

    4.-Puesta en común.
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