La cultura del ‘pelotazo’ económico y de la prepotencia nos han llevado a una crisis económica, que es también una crisis de humanidad.

   El descrédito de la actividad política y de las instituciones públicas del Estado se ha acrecentado en los últimos tiempos. La llamada ‘desafección’ de la ciudadanía está poniendo sobre la mesa la urgencia de recuperar valores, después de una etapa en la que la cultura del ‘pelotazo’ económico y de la prepotencia en las relaciones humanas nos han llevado a una crisis económica, que es también una crisis de valores, y una crisis de humanidad. Aprovechando la coyuntura actual pienso que es interesante no solo hablar de valores sino especialmente de virtudes humanas, en la medida en que éstas expresan la vivencia de los primeros.

   El discurso de las virtudes parte de la predisposición a hacer el bien. Por otro lado, define los vicios como negación de las virtudes. Y lo que me parece más interesante: utiliza una cosmovisión, una comprensión y explicación del mundo, que da sentido a las acciones humanas. Hoy en día perdemos de vista con excesiva facilidad nuestro contexto cultural, histórico, social, sin el cual ni siquiera las palabras que utilizamos tienen un sentido concreto. Cualquier reflexión sobre el ser humano ha de partir de la explicitación de un marco de referencia en el marco del cual se sostienen las ideas. Sólo así, éstas y su aplicación práctica en la vida real pueden analizarse y en su caso valorarse como buenas o malas. Así, quienes nos hemos formado en el marco del catolicismo y del humanismo cristiano, nos expresamos en términos del bien o del mal, y damos importancia a hacer el bien. La santidad o el pecado se nos presentan como los dos grandes ejes de nuestras acciones, o lo que es lo mismo, las virtudes y los vicios.

   Hace años descubrí en casa de mis padres un antiguo catecismo escolar que me resultó interesante por la importancia que daba al tema de las virtudes humanas, puesto que le dedicaba un largo capítulo. Como es lógico se hablaba de las virtudes teologales y las virtudes cardinales. Recuerdo que me las habían explicado en la escuela, pero no tengo claro que mis hijos hayan recibido una formación tan sólida en este punto. Hoy se habla poco de virtudes humanas, por lo que es preciso y urgente, a mi juicio, recuperar esta terminología.

   Como es conocido, las virtudes teologales son fe, esperanza y caridad. De estas virtudes podríamos hacer algunas deducciones lógicas, como hice yo leyendo el mencionado catecismo. De la fe se derivarían virtudes como la fidelidad, o un vicio como la indiferencia. De la esperanza, podríamos concluir la importancia de la confianza y el vicio de la desconfianza e incluso el cataclismo de la desesperación o de no encontrar sentido a la vida. ¿Y de la caridad, qué decir? La frase: donde hay caridad y amor allá esta Dios, no resume todo. La caridad es una virtud excelsa: ¡amar a Dios y al prójimo, como máxima aspiración de la vida! Su ausencia provoca el odio, la discordia, hacer el mal en definitiva, La desvinculación del hombre respecto de la caridad es un gran problema en el mundo de hoy.

   Por su parte, recordemos que las virtudes cardinales son fundamentos morales de nuestras acciones y nos permiten hacer el bien, en ejercicio de nuestra libertad. Estas virtudes son la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Sobre ellas también podemos hacer nuestras relaciones con conceptos contiguos. La prudencia es una virtud maravillosa, no tan frecuente como sería deseable. La prudencia nos lleva a valorar actitudes como la reflexión, la decisión firme y reflexiva, así como a evitar la precipitación, la astucia egoísta o la negligencia. En cuanto a la justicia, podríamos recordar las diversas manifestaciones de esta virtud: la justicia distributiva, la vindicativa o de reclamar lo justo, y la conmutativa o del cumplimiento de los compromisos adquiridos. Por otro lado, la fortaleza es una virtud importante en la línea de la formación del carácter: superar las dificultades, no dejarse llevar por la cobardía o la timidez. Finalmente, la templanza me parece una virtud absolutamente necesaria en la actualidad: estar “centrado”, vivir de manera sobria, con modestia, humildad, sin prepotencia, con límites y no de forma descontrolada; vivir la castidad o la abstinencia serien manifestaciones de esta virtud, por cierto, todas ellas no demasiado de moda…

   Hemos de superar el individualismo, la masificación o el consumismo que nos devoran. Es urgente redescubrir el mensaje edificante de las virtudes humanas, poniendo sobre la mesa las virtudes teologales y cardinales mencionadas anteriormente. En todo caso, la consecuencia más importante de la revitalización de la filosofía de las virtudes es que nos da criterios para afirmar qué significa ser buena persona, lo cual no es poca cosa en los actuales tiempos de dominio del relativismo.

   Por: Joan Lluis Pérez-Francesch. Con la autoricación de: www.forumlibertas.com
———
Otros temas relacionados:
Virtudes morales, virtudes teologales
Las virtudes
Otros artículos sobre los VALORES
CD con 4 programas educativos: Nueva ortografía 3º P, Nueva ortografía 4º P, Técnicas de estudio y Cuatro operaciones.

Enviar a un amigo

Anuncios