Era un día por la tarde.  Ana paseaba con una amiga. La conversación fue derivando a una cuestión importante: qué hacer para terminar bien el día. “La mejor manera, decía Ana, es rezando tres Avemarías. Es éste un detalle de amor a la Virgen”. Ana quiso explicarlo a su amiga y le hizo esta pregunta: “¿Qué dices a tus padres cuando te vas a dormir?”. “Les doy un beso y me despido de ellos”. “¿Por qué lo haces?”, preguntó Ana de nuevo. “Porque son mis padres y les quiero”. “Pues, mira, tú tienes una Madre en el Cielo: La Virgen María. Si la quieres de verdad, te despedirás de Ella, como haces con tu madre de la tierra. Para ello puedes rezarle tres Avemarías”.

    Tú, que lees estas líneas, puedes hacer otro tanto. Ten con la Virgen este detalle de cariño. A veces encontrarás dificultades para rezarlas con amor: el cansancio, las distracciones y el sueño. ¿Qué puedes hacer para vencerlas? Ponte de rodillas, mira al cuadro de la Virgen que tengas en tu habitación -o colócalo si no lo tienes- y piensa con atención en las cosas que le dices.

   Por último puedes acordarte del amigo que Dios te ha dado para que te guarde: tu Ángel Custodio. Le puedes pedir protección con estas palabras:

   «Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día. No me dejes solo, que me perdería».

   Miguel Ángel Cárceles. La aventura de acercarse a Dios. Juvenil Mundo Cristiano.

    SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

    Objetivo.- Terminar el día acordándonos de la Virgen.

    Contenido. Amor a la Virgen.

    La Virgen María es Madre de todos los hombres. Al pie de la Cruz estaba la Virgen María traspasada de un inmenso dolor viendo a su divino Hijo pendiente de la Cruz. Y Jesús, desde la Cruz, nos la entregó como Madre nuestra y nos hizo a todos los hombres hijos de María. Por eso María es Madre nuestra, para que cuide nuestras almas y pida a Jesucristo, su Hijo, nos lleve a todos los hombres al Cielo. Ella vela para librarnos del pecado y del infierno. Cuando invocamos a la Virgen en nuestras tentaciones, en nuestros peligros del alma y del cuerpo, en nuestras tribulaciones, ella desde el Cielo nos consigue innumerables gracias.

    Para salir del pecado que con sus cadenas nos ata fuertemente el demonio, lo magnífico es acudir a la Virgen nuestra Madre.

    San Bernardo indicaba: “En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. ¡Quién no esperará en Ti, si ayudas aun a los desesperados!”

    Los medios mejores para amar a la Virgen son cumplir los mandamientos, consagrarse a Ella todos los días, rezar el santo Rosario y al acostarnos rezar las tres Avemarías.

    Actividades.-

   1.-Hacer copias del texto, leerlo en voz alta y comprobar la comprensión.

   2.-Responder por escrito a estas cuestiones:

    a) ¿Qué solía hacer Ana al final del día?

    b) ¿Qué hacemos con nuestros padres de la tierra?

    c) ¿Qué dificultades podemos tener?

    d) ¿Qué hacer para vencer esas dificultades?

    e) Escribe la oración del Ángel Custodio.

    3.-Cinco chicos leen las contestaciones.
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