En clase te habrá ocurrido muchas veces. El profesor está explicando un tema de matemáticas. No entiendes nada y en lugar de esforzarte, te distraes te aburres. Con frecuencia al hablar sobre la Santa Misa con personas de tu edad, he descubierto que se distraían porque no sabían lo que debían hacer en cada momento. Quizás a ti te pasa lo mismo. Por eso, brevemente, quisiera explicarte algunos detalles. Léelos con atención y vívelos después. Conocerás mejor la Santa Misa y le irás tomando cariño.
   Mira, en el « Yo confieso» hablamos con Dios y le pedimos perdón por nuestras faltas. Cuando lo reces, hazlo con arrepentimiento y dolor por tus pecados. Dios, entonces, perdona tus faltas veniales y comienzas la Santa Misa limpio interiormente.

   El «Gloria a Dios en el Cielo»… es un cántico de alegría. En él le decimos a Dios cosas importantes. «Te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias»… Dilo despacio, que sea una oración, y vive con el alma lo que le dices a Dios con tus labios.

   Después el sacerdote dice «Oremos» y nos invita a rezar. Guarda unos segundos de silencio y recita una oración pidiendo beneficios a Dios por medio de su Hijo Jesucristo. Tú, en tu interior, unido a la oración del sacerdote, pídele a Dios algunas de las cosas que necesitas para amarle y las cosas que necesitan los demás: padres, hermanos, amigos… Tu oración, así, será universal.

   En el «Ofertorio», el sacerdote, elevando el pan y el vino, que en la Consagración se van a convertir en el Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, lo ofrece a Dios. Tú, entonces, renueva tu ofrecimiento de obras, hecho al levantarte, y regálale a Dios, de nuevo, todo lo que estás realizando durante el día: estudio, detalles en casa y con los compañeros, deportes, juegos, deseos de mejorar, etc. Dios, igual que tú cuando te hacen un regalo, está contento cuando le ofreces lo que haces. Y tus tareas tienen sentido divino.

   El sacerdote, al aproximarse la Consagración, que es el momento más importante de la Santa Misa, reza un himno alabando a Dios y dándole gracias. Es el Prefacio. Tú, recogido interiormente, alaba a Dios en tu corazón y dale gracias porque ha enviado a su Hijo para salvarnos del pecado.

   En la Consagración, Jesús, por medio del sacerdote, convierte el pan en su Cuerpo y el vino, con unas gotas de agua, en su Sangre. El sacerdote elevando primero la Hostia Consagrada y después el cáliz, nos enseña el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Son momentos de emoción y silencio. Jesús está realmente presente sobre el altar. Tú, al mirarlo, puedes hacer en tu interior un acto de adoración: «Señor, te adoro porque eres mi Dios», o un acto de fe: «Señor, creo que estás aquí».

   Durante el Canon el sacerdote pide a Dios por la Iglesia, por el Papa, por nuestro Obispo, por los sacerdotes, por los fieles difuntos y por los que están oyendo la Santa Misa. Tú, unido a su oración, vas pidiendo también por ellos. Así les ayudas a salvarse.

   Si cuidas estos detalles, entre otros, y los vas viviendo, pondrás calor en tu Misa y tu corazón se irá engrandeciendo. Estarás feliz y la Santa Misa no se te hará larga y aburrida. «La Misa es larga, dices, y añado yo: porque tu amor es corto» (Camino, n. 529). Como ves, es problema de amor. No seas enano por dentro. ¡Soluciónalo!

   De todos modos, a veces, puedes distraerle. Lucha entonces. Mira al Sagrario y dile a Jesús: «Señor, perdona esta falta de amor; ayúdame a oírla con más cariño». Aprovecha tus distracciones, no para desanimarte, sino para volver a Jesucristo, con dolor por tu falta y con un amor nuevo.

    Miguel Ángel Cárceles. La aventura de acercarse a Dios. Juvenil Mundo Cristiano.

        SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

    Objetivo.- Aprende a vivir la Santa Misa.

    Contenido: Misa

   Debemos asistir a la Santa Misa todos los domingos y fiestas importantes. No hemos de asistir como extraños y mucos espectadores, sino comprendiéndola cada vez mejor, a través de los ritos y oraciones, participando de la acción sagrada de modo consciente, piadoso, activo, con recta disposición de ánimo, poniendo el alma en consonancia con la voz y colaborando con la gracia divina. Hemos de cuidar la puntualidad, la atención, el modo de vestir y la acción de gracias.

    Actividades.- 

   Formar varios equipos nombrando un moderador y un secretario en cada uno.

   Contestan a estas preguntas:

   a) ¿Qué se dice del tema de matemáticas?

   b) ¿Qué debemos hacer en el “Yo confieso”?

   c) Explica el “Gloria”

   d) ¿Por quién podemos pedir en la Misa?

   e) ¿Qué podemos hacer en el “Ofertorio”?

   f) ¿En qué consiste la “Consagración”?

   g) ¿Por quién pide el sacerdote en el “Canon”?

   h) ¿Por quién podemos pedir nosotros?

   Los secretarios de los equipos leen las contestaciones a cada pregunta.
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