Juventud

   Expuse en mi bloc anterior situaciones que explicaban el porqué tenemos un problema de tanta dimensión entre los menores de edad. Las situaciones descritas tienen a su vez una raíz mucho más profunda que señala los problemas de fondo de nuestra sociedad. Lo resumiré también en unos pocos puntos:

   Se ha perdido el sentido de la verdad. Su búsqueda carece de importancia en nuestra sociedad. Se suple por el adoctrinamiento de parte o, en el mejor de los casos, por el acuerdo. Pero, verdad y acuerdo no tienen porque corresponderse.

   Pérdida del sentido del bien y la justicia. Muchas familias, la escuela pública, el Gobierno, la cultura imperante, es relativista y, por consiguiente, es incapaz de impartir criterios sobre lo que está bien o mal sobre lo que es justo o injusto. Esto, sobre todo en la fase de la niñez, es determinante, porque la buena educación a edades tan tempranas necesita una clara identificación de lo que está bien o mal, de lo que puede o no puede hacerse, sin relativismos.

   La irracionalidad. La Ilustración pretendió sustituir a Dios por la razón, y al final en la postmodernidad nos hemos quedado sin Dios y sin razón. La mejor constatación es que los jóvenes de hoy en día son los más crédulos en supersticiones y creencias falsas que los adultos a pesar de su mejor, en término de titilación formal, educación.

   La pérdida del sentido de la belleza, o si se quiere en términos más amplios, la destrucción de la estética que es una dimensión de la filosofía y que seguramente debe tener relación con lo apuntado sobre la incapacidad para distinguir entre el bien y el mal.

   La no educación en la propia tradición cultural. Con lo cual se crea unos falsos cosmopolitas que más que pertenecer al mundo no pertenecen a ninguna parte. Son seres desarraigados que carecen de razones para actuar en un sentido u otro. Y esto termina dejando el campo libre solo al impulso del deseo más primario.

   La ruptura o ignorancia de las fuentes morales y culturales. Guarda relación con el punto anterior y tiene su origen en la incultura humanística de nuestra sociedad tecnológica y, sobre todo, en los deficientes contenidos de los planes de estudio. La persecución de la cultura religiosa a la que pertenecemos por religión ha contribuido de una forma catastrófica a este estado de cosas.

   El menosprecio por la educación del carácter y el fomento del buen hábito, condición necesaria para el ejercicio de la virtud

   La pérdida del sentido religioso que aportaba tres referentes esenciales para la formación de la conciencia de cada persona. El sentido de la trascendencia que abarcaba no sólo a Dios sino también la relación con los demás, considerados como prójimos; la existencia del juez interior que una vez desaparecido es suplido por multitud de normas policías fiscales y jueces exteriores, que carecen de idéntica eficacia; y, por último, la capacidad para establecer los límites de cada uno y de los comportamientos. La pérdida del hecho religioso entre los jóvenes está pasando una dura factura a la sociedad.

   Por: Josep Miró i Aldévol. Con la autoricación de: www.forumlibertas.com
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