EL PAPA

   Benedicto XVI ha querido ser uno de los peregrinos –se esperan hasta dos millones– que van a Turín para ver la Sábana Santa, expuesta por primera vez desde 2000 (cfr. Aceprensa, 31-03-2010). A la vez ha realizado una visita pastoral a la ciudad.

   El domingo 2 de mayo por la mañana celebró una misa ante más de cincuenta mil personas en la plaza de San Carlos. En la homilía recordó que en la Pasión Cristo se reveló “como modelo y como fuente de amor”. La imitación de este ejemplo, en cumplimiento del mandamiento del amor, ha llevado a los cristianos a contribuir a que la sociedad sea más humana y habitable. Eso muestra que el pensamiento cristiano sobre el hombre no está jamás contra la libertad, sino “a favor de una mayor plenitud que sólo en la civilización del amor encuentra su verdadera realización”.

   Por la tarde el Papa se reunió con los jóvenes en la misma plaza. Les pidió que no se dejen llevar por la superficialidad. Según cierta mentalidad actual, “cambiar ha pasado a ser en muchos casos el ejercicio más exultante de la libertad”. El Papa ha exhortado a los jóvenes a responder con valentía y fidelidad a la vocación. “El corazón de un joven es por naturaleza sensible al amor verdadero. Por ello me dirijo con gran confianza a cada uno de vosotros: no es fácil hacer de vuestra vida algo bello y grande, requiere un gran esfuerzo, pero con Cristo todo es posible”.

   Poco después, el Papa rezó ante la Sábana Santa, a la que describió como el “icono del Sábado Santo”, imagen del momento en que Cristo es depositado en el sepulcro de José de Arimatea. “La noche del Viernes al Sábado Santo –explica– es el momento del silencio de Dios, del Dios escondido”.

   Benedicto XVI señaló que en nuestra época, “la humanidad es particularmente sensible al misterio del Sábado Santo. El Dios escondido forma parte de la espiritualidad del hombre contemporáneo, de manera existencial, casi inconsciente, como un vacío del corazón que se agranda cada vez más”. ¿Qué pasó la noche del Sábado Santo? La Sábana Santa nos habla precisamente de esa noche, “testimoniando aquel momento único e irrepetible de la historia de la humanidad y del universo en el cual Dios, en Jesucristo, ha compartido no sólo nuestro morir, sino también la soledad de la muerte”. Pero “de la oscuridad de la muerte del Hijo de Dios ha nacido una nueva luz y una esperanza nueva: la luz de la Resurrección”.

   “Me parece –dijo Benedicto XVI– que mirando este sacro lienzo con los ojos de la fe se puede percibir algo de esa luz”. Y añadió: “Yo creo que si miles y miles de personas vienen a venerarlo, es porque en él no ven sólo la oscuridad, sino también la luz, la victoria de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio”.

   Del rostro de este hombre de dolores, que lleva sobre sí la pasión del hombre de cualquier tiempo y lugar, “emana una solemne majestad, un señorío paradójico”. “La imagen impresa sobre la Sábana es la de un cadáver, pero cada rasgo de sangre habla de amor y de vida”. La Sábana Santa, concluye Benedicto XVI, es una fuente que habla en el silencio, y que podemos escuchar en la noche del Sábado Santo.

   Por Rocío Franch. Con la autorización de: www.aceprensa.com
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