Eulogio celebra su cumpleaños. Había invitado a unos compañeros de clase y juntos tomaban unos refrescos. El ambiente era muy agradable. Eulogio, sin embargo, estaba inquieto. De pronto, se levantó y fue al teléfono. Al regresar le noté un gesto de disgusto. Me acerqué a él y le pregunté qué le sucedía. «Había invitado a un amigo», me dijo. «Me prometió que vendría. Al ver que tardaba le he llamado y me ha dicho que le disculpara. No puede venir porque se marcha al cine». Eulogio estaba enfadado con razón. A ti te hubiera sucedido lo mismo. Ver una película es bueno y distrae, pero no se puede fallar a un amigo. ¡Cómo duele el abandono de los amigos!

   Jesucristo ha tenido con nosotros un gesto de amistad. Se ha quedado en el Sagrario para ser el alimento de nuestra alma. ¡El Señor nos ama con locura y nos invita a que comulguemos con frecuencia! Pero, ¿qué ocurre? A veces los hombres nos excusamos como el amigo de Eulogio. Y nuestra excusa -ahí está el peligro- puede ser por cosas buenas: no comulgamos entre semana porque tenemos que estudiar, hacer deporte, el trabajo que nos han puesto o pasear con los amigos… Todo esto es bueno y necesario, pero nos aparta de Jesucristo que es lo más importante, ¿Qué haremos para no fallar a la invitación que nos hace el Señor? ¿Abandonar el estudio u otros deberes? No. Tendremos que aprovechar mejor el tiempo; trabajar con mayor intensidad.

   Piensa en ti mismo. ¿Comulgas con frecuencia durante la semana? ¿Cuáles son tus excusas? Descúbrelas. Sólo así podrás luchar contra ellas. Después, pídele al Señor que te ayude a vencerlas. ¡Despega con ímpetu! ¡Lógralo!

   Miguel Ángel Cárceles. La aventura de acercarse a Dios. Juvenil Mundo Cristiano.

        SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

   Objetivo.– Comulgar con frecuencia.

   Contenido. Comunión

    Antes de comulgar, podemos pedirle perdón de los pecados anteriores y acercarnos con fe, humildad y delicadeza. Podemos repetir las palabras que dijo un centurión del ejército romano a Jesús: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero di una sola palabra y mi siervo quedará sano”. 

    Otra forma de prepararse para comulgar bien es decir esta oración: “Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos”.

   Actividades.- 

   1.-Sacar por impresora este texto

   2.-Leerlo en voz alta comprendiendo sus ideas.

   3.-Cada alumno contesta por escrito a estas preguntas:

    a) ¿Por qué está disgustado Eulogio?

    b) ¿Qué gestos de amistad ha tenido Jesucristo?

    c) ¿Qué excusas se pueden poner para no comulgar?

    d) ¿Qué podemos hacer para cumplir nuestros deberes y comulgar?

    e) ¿Por qué algunas veces no comulgas?

    4.-Puesta en común leyendo las respuestas a la pregunta e).
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