Sectas

   La crisis económica es un caldo de cultivo para las sectas, que se disfrazan de asociaciones culturales, humanitarias, religiosas o políticas, tal como explica M. Ángeles González en el diario español Sur. Su artículo, titulado “Un centenar de sectas atrapan a más de 14.000 personas en Málaga”, lo reproducimos a continuación.

   Como si del cortejo de un enamorado se tratase, al principio todo es maravilloso. Con halagos continuos, atenciones y comprensión, los miembros del grupo y su líder van ganándose la confianza del neófito que, sin darse cuenta y a través de técnicas de control mental, acabará por perder cualquier sentido crítico y se convertirá en una marioneta en manos del gurú. No importa la edad, el nivel cultural o social. Nadie está a salvo de caer en las redes de las sectas destructivas, según los expertos, que calculan que en la provincia de Málaga operan alrededor de un centenar de estos grupos totalitarios, que mantienen atrapadas a más de 14.000 personas.

   Camufladas como asociaciones religiosas, culturales, políticas, deportivas o humanitarias, contactan con los potenciales adeptos a través de anuncios, el boca a boca, conferencias, cursos o terapias. La pérdida de un familiar, una separación o una depresión pueden ser aprovechados por estos colectivos, que inician una estrategia de debilitamiento psicofísico a través de técnicas de persuasión coercitiva -lo que se conoce como lavado de cerebro-, una mala alimentación, la falta de sueño, el uso de drogas o la hipnosis. El objetivo es controlar la mente del adepto en favor total del grupo o líder.

   «Se nutren de las miserias de las personas», explica José Miguel Cuevas, psicólogo del único centro público de España que trata las adicciones a sectas, Marbella Solidaria, en el que atienden a una decena de personas al año. Este especialista, que cifra en un centenar los grupos operativos en Málaga, advierte de que la crisis económica puede ser un caldo de cultivo de este fenómeno, por la ansiedad que, por ejemplo, puede provocar el desempleo.

   Así, en los últimos tiempos están proliferando colectivos «que te convierten en millonarios si formas parte de su red comercial pero que lo que buscan es someter y aprovecharse de la persona», advierte Laura Merino, psicóloga de AIS (Atención e investigación en Sociadicciones). Existen también otras de corte comercial que garantizan un trabajo a través de la venta de determinados productos que «en realidad son empresas de estructura piramidal que se lucran con el trabajo y la inversión que hacen sus integrantes».

   Si a la vulnerabilidad psicológica en un momento determinado se suma el hecho de que el grupo desarrolle una actividad atractiva, la captación es mucho más sencilla. La juventud es otro factor de riesgo, ya que en esa etapa «se tiende a ser más ingenuo e idealista» según Cuevas. La mitad de las personas que atendió AIS el año pasado tenían estudios universitarios. El fenómeno migratorio también influye en el auge de estos colectivos, ya que «se instalan grupos extranjeros». Esta multiculturalidad convierte a Málaga en una de las provincias con más actividad.

   Los gurús manipulan a sus víctimas «con impunidad», convirtiéndolas en seres sumisos y acríticos, «auténticos esclavos humanos». Para ello, después de la fase de seducción, llega el momento de la conversión en el que se les exigen sacrificios por las enseñanzas que supuestamente van a recibir y que les van a conducir a la felicidad.

   Fines económicos

   Dinero y poder suelen ser los fines de los creadores de sectas, aunque también hay quien busca la satisfacción sexual. Los gurús son narcisistas, carismáticos, antisociales y sin sentimientos y viven por y para el grupo, según los expertos. En apariencia, por contra, se muestran bondadosos, sabios y generosos. Para conseguir aislar al adepto de familia y amigos, lo mantienen todo el día ocupado, con trabajo, conferencias u otras actividades.

   Amparados en la libertad religiosa o de pensamiento, la mayoría de estos grupos operan sin problema alguno. «En España, a diferencia de otros países como Bélgica o Francia, no existe una regulación al respecto. Incluso consiguen entrar a formar parte del Registro de Entidades religiosas», advierte Laura Merino. «La policía sólo actúa cuando existe un delito muy manifiesto y que sea denunciado, cosa que raramente ocurre», añade Cuevas. Precisamente, las denuncias de ex discípulos y familiares de miembros de la congregación han llevado a la Fiscalía de Granada a abrir hace unos días una investigación sobre la comunidad hinduista Vadika Pratisthana Sangha, a la que muchos de sus integrantes llegan atraídos por la práctica del yoga.

   De las presuntas sectas que operan en Málaga, Juancho Domínguez, presidente de la Asociación para la prevención de la manipulación sectaria RedUne, alerta de Doce Tribus, «una de las más peligrosas», Osho, Energía Humana y Universal, Sahaja Yoga, Travel One, Movimiento Humanista o Luz del Mundo. A este listado hay que añadir «algunos centros terapéuticos y las sectas comerciales, que proliferan en Málaga».

   Cómo actúan

   Cortejo: Los miembros del grupo muestran preocupación por el neófito y le invitan a fiestas y conferencias. Es admirado y le hacen sentirse afortunado de formar parte del colectivo.

   Aislamiento: Le convencen de que es infeliz y de que tiene que dejar a la familia y a los amigos para dejar de serlo.

   Captación: Es el momento del ‘Ahora te toca a ti’. Se le piden pequeños sacrificios a cambio de la enseñanza que va a recibir. Tiene que renunciar al pasado y seguir la ideología del grupo.

   Adoctrinamiento: Refuerzan y castigan al adepto en función de que cumpla o no los objetivos.

   Coacción psicológica: Convierten al adepto en un ser acrítico y le hacen pagar importantes cantidades de dinero o a entregar parte de su patrimonio a cambio de su estancia en la comunidad. También pueden exigirle que trabaje de forma gratuita. En algunas sectas se puede inducir a la prostitución o invitar al suicidio si se duda de la verdad absoluta que defienden. Ahora es el adepto el que busca nuevos miembros.

   Testimonio de una ex-adepta

   Anne pasó cuatro años al servicio de un gurú en Málaga que la explotaba y con el que mantenía relaciones sexuales para «sanar el espíritu». Según relata el diario Sur, no se enteró de los atentados del 11-M. Aquel fatídico día, ella estaba viviendo, sin saberlo, su particular pesadilla. En una casa en el campo en Málaga, entregaba su vida, su cuerpo y su alma a su señor, el líder de una presunta secta que le había prometido conducirle hacia la felicidad a través de su sabiduría. Su interés por el yoga y la filosofía oriental la llevó hasta allí.

   Anne (nombre ficticio) vino de Praga con una beca para finalizar sus estudios de Bellas Artes en Granada. Con frecuencia, viajaba a Málaga para visitar a una compatriota amiga suya que colaboraba con una asociación que supuestamente tenía fines humanitarios y en la que practicaban yoga y meditación. «El gurú me dijo que estaba dispuesto a enseñarme, pero que tenía que quedarme a vivir allí porque debía estar al lado del líder espiritual», recuerda esta joven, que entonces tenía 22 años.

   Dicho y hecho. Anne dejó sus estudios y a su novio y se unió al grupo, en el que recibió el nombre de una diosa. «Era una sitio bonito, con decoración india y mucha tranquilidad y todos estaban pendientes de mí, diciéndome que era muy afortunada porque había encontrado a un hombre sabio», señala. Así fue durante los dos primeros meses, en los que se dedicó a meditar y conocer la filosofía india. Pero entonces el gurú le dijo que tenía que salir a la calle para vender discos de música hindú y pedir donaciones, supuestamente «para construir una escuela en la India». Llegó a trabajar hasta diez horas diarias, incluso estando enferma.

   La falta de sueño le pasaba factura. «Dormíamos en el suelo y nos levantábamos a las cuatro de la mañana para meditar varias horas. A las ocho nos reuníamos con el líder, que nos daba una charla en la que nos decía que teníamos que olvidar el pasado y entregar nuestra vida a su servicio a cambio de su enseñanza y de la liberación». Para entonces, ya había perdido todo el contacto con su familia. «Insistía en que éramos unos elegidos y que los padres eran obstáculos en el camino espiritual». El contacto con el mundo exterior era mínimo, sin televisión ni prensa.

   «Sólo se nos permitía una comida fuerte por la mañana y una pieza de fruta el resto del día. Estábamos en permanente estrés, no podíamos relajarnos. El líder nos decía que había que alimentar la vida interior y no el cuerpo», señala.

   El sexo estaba prohibido. Pero sólo entre los adeptos. El gurú, en cambio, mantenía relaciones con las súbditas cuando le apetecía: «Nos convencía de que él no disfrutaba, que lo hacía para curarnos el espíritu. Fue muy desagradable», apunta entre sollozos. El grupo, que sigue operando en Málaga, cambiaba de casa a menudo, según señala esta joven, que recuerda haber vivido en varios municipios de la provincia.

   Dos años después de entrar, se ocupó de llevar los asuntos administrativos. «Descubrí que tenía muchas deudas con Hacienda y que no existía contacto con la India». Sin embargo, su fe era tan ciega que intentaba borrar todas sus dudas.

   Hace dos años logró salir de la comuna gracias al amor. Un chico que se dio cuenta del engaño, abandonó el grupo y volvió a rescatarla, aunque el gurú intentó por todos los medios romper este vínculo. Sin embargo, este joven le abrió los ojos y, cuando el líder sintió que iba a perderla, la expulsó, dejándola en la calle sin ropa y sin dinero, según cuenta. «Hasta que no estuve fuera no entendí que aquello, en realidad, era una secta», apunta Anne, que necesitó ayuda psicológica para superar sus años al servicio del líder, a quien denunció por abusos sexuales, estafa y control mental.

   A pesar de que dice que ha perdido cuatro años de su vida, asegura que el descubrimiento de la filosofía oriental, los mantras y la meditación «han sido algo maravilloso». Lo peor, « renunciar a mi vida anterior y perder a mi familia». «He comprendido lo mucho que sufrieron mis padres por esta ilusión sectaria». Mucho más desconfiada, Anne está convencida de que no volvería a caer: «Ya he escarmentado», dice.

   Original de RIES. Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas. http://info-ries.blogspot.com/
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