Y sucedió que uno de sus discípulos le dijo:
    -Señor, enséñanos cómo se debe orar, como Juan enseñó a sus discípulos.

       Jesús respondió:

    -Cuando oréis decid: Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

    También les dijo:

    -Si uno de vosotros tiene un amigo, y viene a medianoche llamando a la puerta pidiendo tres panes prestados para cenar, aunque estéis ya en la cama, si el amigo insiste golpeando la puerta, os levantaréis y le daréis lo que necesita, aunque sólo sea para que os deje en paz.

    Por esto os digo: pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.

    Si un hijo os pide pan, ¿le daréis una piedra?; o si os pide un pez, ¿le daréis una serpiente? Si vosotros, no siendo buenos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¿cuánto más vuestro Padre celestial las dará a quien.le pidiere?

    En otra ocasión dijo Jesús:

    -Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre. En verdad, en verdad os digo que todo lo que pidiereis en mi nombre se os concederá.

     (Lucas 11, 1-13; Juan 14, 13-14)

    (Texto adaptado por D. Samuel Valero. Biblia infantil. Editorial Alfredo Ortells, S.L. Valencia. página 204) 

    SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

    Objetivo.- Necesidad de la oración.

    Contenido.- Jesús se retiraba a orar, con frecuencia, muy de mañana y a lugares apartados. Sus discípulos lo encontraron muchas veces en un diálogo lleno de ternura con su Padre del Cielo. Y un día, al terminar la oración, le dijo uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar… Esto hemos de pedir también nosotros: Jesús, enséñame a tratarte, dime cómo y qué cosas debo pedirte… Porque en ocasiones -incluso aunque llevemos años haciendo oración- estamos delante de Dios como el niño que apenas sabe pronunciar unas cuantas palabras mal aprendidas.

    El Señor les enseñó entonces el modo de rezar y la oración por excelencia: el Padrenuestro. Sus labios pronunciarían cada palabra de esta oración universal con una particular entonación. Y nos señala la confianza que hemos de tener siempre en todo diálogo con Dios al mostrar nuestra radical necesidad, porque esa confianza es fundamento de toda oración verdadera.

         (Fernández Carvajal, Francisco. Hablar con Dios. Tomo IV. Página 313 y 314. Ediciones Palabra.)

    Actividades.-

   Leer el texto y comprobar la comprensión.

   Explicar por escrito cada frase del Padrenuestro.

   Cinco niños leen sus respuestas.
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