La Virgen


   Carlos es un chico de tu edad. Destaca por su bravura en lograr las metas que se propone y por su esfuerzo para hacerlas lo mejor que puede. Un día me dijo: «Con frecuencia rezo el Santo Rosario o algún misterio. Aunque lucho, a veces me distraigo. ¿Qué puedo hacer para evitarlo?». Me agradó su pregunta. Descubrí en ella su amor a la Virgen y el deseo de no hacer las cosas a medias.

   «En primer lugar, le dije, contempla el misterio que vas a rezar. Métete en la escena y penetra en lo que sucede. Imagínate que es el quinto misterio doloroso. Mientras rezas el Padrenuestro y las diez Avemarías piensa en la escena del Calvario. Descubrirás cómo Jesús perdona a los que le ofenden, cómo es fuerte para no huir de lo que le cuesta, cómo es recio para no quejarse, cómo nos ama… A continuación pídele que te ayude a vencer tus dificultades para perdonar, a ser recio para no quejarte… Aprovecha cada misterio para vivir algunos momentos de la vida del Señor y de la Virgen».

   También puedes ofrecer cada misterio por una intención concreta: por tus padres, por tus hermanos, por la Iglesia, el Papa o los sacerdotes… Así les ayudas».

   Tú, que lees estas líneas, puedes hacer como Carlos.

   Miguel Ángel Cárceles. La aventura de acercarse a Dios. Juvenil Mundo Cristiano.

    SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

    Objetivo.- Aprender a rezar el rosario.

    Contenido.- Amor a la Virgen

    La Virgen María es Madre de todos los hombres. Al pie de la Cruz estaba la Virgen María traspasada de un inmenso dolor viendo a su divino Hijo pendiente de la Cruz. Y Jesús, desde la Cruz, nos la entregó como Madre nuestra y nos hizo a todos los hombres hijos de María. Por eso María es Madre nuestra, para que cuide nuestras almas y pida a Jesucristo, su Hijo, nos lleve a todos los hombres al Cielo. Ella vela para librarnos del pecado y del infierno. Cuando invocamos a la Virgen en nuestras tentaciones, en nuestros peligros del alma y del cuerpo, en nuestras tribulaciones, ella desde el Cielo nos consigue innumerables gracias.

    Para salir del pecado que con sus cadenas nos ata fuertemente el demonio, lo magnífico es acudir a la Virgen nuestra Madre.

    San Bernardo indicaba: “En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. ¡Quién no esperará en Ti, si ayudas aun a los desesperados!”

    Los medios mejores para amar a la Virgen son cumplir los mandamientos, consagrarse a Ella todos los días, rezar el santo Rosario y al acostarnos rezar las tres Avemarías.

    Actividades.-

   1.-Leer el texto y contestar a estas preguntas:

    a) ¿Qué ves de positivo en Carlos?

    b) ¿En qué fallaba Carlos?

    c) ¿Qué es contemplar un misterio?

    d) ¿Por quién podemos ofrecer cada misterio?

   2.-Varios chicos leen las respuestas.
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