La Nueva Era

   Dicen llegar donde la medicina tradicional encuentra sus límites, los partidarios de la Nueva Era prometen curaciones milagrosas con imposición de manos, ungüentos extraños o ejercicios gimnásticos. Pero, ¿qué hay de verdad en todas las terapias que proliferan a nuestro alrededor? Muchas de ellas, no sólo son un completo fraude, sino que además van radicalmente en contra de las creencias cristianas.

   “Para tu dolor de espalda te vendría fenomenal acudir a clases de yoga”, “conozco a alguien que le pasa lo mismo que a ti y con unas sesiones de reiki se le curó”, “para la tristeza, nada mejor que unas flores de Bach”, “desde que hago control mental me concentro mucho mejor”… Seguramente todos tenemos algún amigo o familiar que nos ha recomendado acudir a alguna de estas terapias alternativas para cualquier dolencia o malestar, pero, ¿hay algo más detrás de estas prácticas o son sólo eso, distintas técnicas de curación?, ¿son compatibles con la fe católica o debemos mantenernos alejados de ellas?

   En primer lugar, hay que distinguir entre las terapias alternativas serias, muchas de ellas de origen oriental, y aquellas pseudoterapias que han llegado a Occidente impregnadas de elementos espirituales y doctrinales propios de la Nueva Era y que en algunos casos llegan a ser peligrosos mecanismos de manipulación psicológica. En este sentido, el sacerdote y experto en el estudio de la Nueva Era Miguel Pastorino, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), recalca que “no es lo mismo una terapia con la seriedad que tienen en Oriente la acupuntura o el yoga, que las terapias esotéricas inventadas por el movimiento de la Nueva Era a partir de los años sesenta”.

   Por esta razón, el sacerdote opina que “una persona católica, sólida en su fe, puede sin problemas practicar algunas disciplinas orientales para el beneficio de su salud, siempre y cuando sólo busque en esa disciplina la técnica y nada más. Por ejemplo: técnicas gimnásticas tomadas del yoga, o de respiración y estiramiento tomadas del tai chi chuan o del chi küng, o masajes terapéuticos de origen oriental, entre otros, no presentarían problemas si no vienen acompañados de un discurso espiritual o esotérico”, añade Pastorino. Sin embargo, hay una infinidad de técnicas que en sí mismas ya suponen una negación de la fe cristiana y que, en opinión del sacerdote, es “imposible separar técnica de contenido”.

   Debido a la dificultad que entraña separar lo doctrinal de lo técnico –en ocasiones imposible–, hay que extremar todas las precauciones, sobre todo, porque incluso algunas de estas disciplinas orientales han sido “infectadas” con los postulados y tendencias nuevaerianos y vienen acompañadas de un contenido filosófico contrario a la fe. “Muchas de las nuevas terapias promovidas por la Nueva Era sostienen elementos doctrinales traídos del esoterismo, del gnosticismo o de las religiones orientales. La visión que tienen de Dios suele ser impersonal, refiriéndose a ‘lo divino’, en la mayoría de los casos panteísta, como si todo formara parte de la divinidad, sin distinción, como una energía que todo lo invade, liquidando así la posibilidad de toda relación entre un Dios personal y la creatura”.

   Todo esto sin hablar de otro tipo de técnicas “sin aval científico que –como señala Pastorino– han ocasionado graves secuelas psicológicas a sus seguidores, entre las que se incluye el control mental, regresiones a supuestas ‘vidas pasadas’ y sectas que manipulan emocionalmente a sus adeptos mediante ‘cursos’ de superación personal de dudosa reputación”. Aquí entramos en el peligroso terreno de la manipulación psicológica que en este tipo de prácticas es mucho más frecuente de lo que parece.

   El psicólogo Álvaro Farías, miembro también de la RIES, lleva muchos años estudiando estos fenómenos y tratando a personas que han sido víctimas de la manipulación de algunas pseudoterapias de la Nueva Era. En su opinión, el mayor peligro que encierran estas prácticas es la utilización perversa de creencias y técnicas “terapéuticas”: “Cada uno es libre de pensar y creer en lo que le parezca más oportuno –recalca–, pero lo malo es cuando sin aviso previo se le van introduciendo creencias que no compartía en primera instancia, aprovechando circunstancias poco éticas a través de un proceso de manipulación psicológica”.

   La manipulación es “un proceso destinado a desmantelar el yo y sus defensas, a fin de conducir a la persona de su condición de sujeto a objeto, para uso y abuso del líder/terapeuta”. El objetivo que persiguen estos estafadores puede ser desde la explotación de la persona, el abuso sexual, la violencia o el lucro económico, y, aunque nos creamos a salvo, cualquiera de nosotros puede ser víctima de estos engaños, “basta que se dé una situación de duelo o pérdida, o una enfermedad grave, que vuelve a la persona psicológicamente vulnerable”. Por esta razón, lo más peligroso no son ya las terapias concretas sino que “lo perverso y peligroso radica en el vínculo que se establece entre el terapeuta y su paciente”.

   La víctima de una captación manipulatoria no se da cuenta de lo que le está ocurriendo, pero las personas cercanas sí pueden identificar el peligro al notar un cambio en sus costumbres de vida, en la alimentación, en las relaciones personales o incluso separaciones conyugales. Pero la única forma de estar a salvo de estas prácticas contrarias a la fe es con una buena formación cristiana. Miguel Pastorino recalca que “quien ha tenido una auténtica conversión a Jesucristo y ha vivido una profunda experiencia de fe, que no se ha quedado en una simple instrucción religiosa, tiene una auténtica vacuna contra la penetración de la Nueva Era”.

   El reiki, mejor ni probarlo

   Un católico no debe practicar reiki, ya que “supone la iniciación esotérica en contenidos espirituales opuestos a la fe cristiana”, explica Pastorino. “Aunque muchos intentan ‘cristianizarlo’, la verdad es que si uno profundiza conviven con una imagen de Dios panteísta, asimilando creencias como la reencarnación y creyendo que canalizan al Espíritu Santo a través de sus manos como si fuéramos una ‘antena energética’”. El reiki proviene de una rama del budismo que, en algunos casos, puede conducir a abrir las puertas de lo oculto.

   Por tanto es totalmente contrario a la fe cristiana en toda su filosofía y este hecho es lo suficientemente evidente como para que el Comité Doctrinal de la Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos (USCCB) publicara en 2009 un documento alertando sobre esta práctica. En él, los obispos recalcan que “para un católico, creer en la terapia reiki plantea problemas irresolubles” y añade que “en términos del cuidado de la salud física propia o la de los demás, emplear una técnica que no tiene apoyo científico (ni siquiera plausibilidad) por lo general no es prudente”.

   Por Isis Barajas. Original de: www.revistamision.com
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