abril 2011



    El martes por la noche hubo una reunión urgente en el patio del palacio del Sumo Sacerdote Caifás: acordaron acabar con Jesús, pero una vez pasadas las fiestas para evitar que el pueblo se amotinase. (más…)
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    Eran los años de la Invasión de los ejércitos de Napoleón en España. Por tierras de Andalucía avanzaba el general Dupont con un regimiento francés. Pasando junto a una barrancada se vieron sorprendidos por un puñado de valientes. Eran diez españoles parapetados en las alturas de un barranco. Intimaron al general Dupont a que volviera atrás con su regimiento. Al pronto, el general creyó que tendría que habérselas con un gran ejército. Pero en seguida cayó en la cuenta de que sólo eran unos cuantos guerrilleros. Preguntaron los franceses a los españoles cuántos eran: El jefe de los españoles contestó: «¡Los suficientes!» A pesar de su arrojo, los guerrilleros se vieron arrollados y dispersos por el ejército francés. El jefe de la partida cayó prisionero. Este, un hombre alto y vigoroso, poseía una energía moral capaz de arrastrar a un pueblo. (más…)


    Me gustaría ver jóvenes “voluntariosos”, es decir, que tengan una voluntad fuerte. (más…)


    También el lunes y el martes subió Jesús a Jerusalén. El miércoles no salió de casa. El jueves, que era el primer día de la Pascua, le preguntaron los Apóstoles:

       – ¿Dónde quieres que dispongamos todo para la cena? (más…)

    Una vez un hombre tuvo un sueño donde sus manos, pies, boca y cerebro se rebelaban contra el estómago.
    -¡Perezoso inservible! –dijeron las manos-. Nosotras trabajamos todo el día, aserrando, martillando, alzando y acarreando. De noche estamos llenas de ampollas y rasguños, y nos duelen las articulaciones, y estamos cubiertas de mugre. Y entretanto tú te sientas allí, acaparando toda la comida.
    -¡Estamos de acuerdo! –dijeron los pies-. Piensa en las magulladuras que nos salen, de tanto caminar todo el día. Y tú solo te llenas, cerdo tragaldabas, y así eres más pesado de llevar. 
    -En efecto –gimió la boca-. ¿De dónde crees que viene toda esa comida? Soy yo quien tiene que masticarla toda, y en cuanto termino tú te la engulles. ¿Te parece justo?
    -¿Y qué hay de mí? –dijo el cerebro-. ¿Crees que es fácil estar aquí, pensando de dónde vendrá tu próxima comida? Y lo único que recibo a cambio son jaquecas.
    Y una por una las partes del cuerpo se sumaron a las quejas contra el estómago, que no decía nada.
    -Tengo una idea –anunció al fin el cerebro-. Rebelémonos contra este vientre perezoso, y dejemos de trabajar para él.
    -¡Magnífica idea! –convinieron los demás órganos y partes-. Te enseñaremos cuán importantes somos, marrano. Entonces tal vez te decidas a hacer algo.
    Y todos dejaron de trabajar. Las manos se negaban a alzar o acarrear. Los pies se rehusaban a caminar. La boca prometió no masticar ni tragar un solo bocado. Y el cerebro juró que no tendría más ideas. Al principio el estómago gruñó un poco, como hacía siempre que tenía hambre. Pero al cabo de un tiempo calló.
    Entonces, el hombre que soñaba descubrió sorprendido que no podía caminar. No podía asir nada con las manos. Ni siquiera podía abrir la boca. Y de pronto empezó a sentirse enfermo.
    El sueño pareció durar varios días. Con el transcurso de cada día, el hombre se sentía cada vez peor.
    “Será mejor que esta rebelión no dure demasiado –pensó-, o me moriré de hambre.”
    Entretanto, las manos, los pies, la boca y el cerebro estaban cada día más débiles. Al principio la única actividad que realizaban era insultar al estómago de cuando en cuando, pero pronto ni siquiera tuvieron energías para eso.
    Al fin el hombre oyó una voz débil que llegaba desde los pies.
    -Tal vez nos hayamos equivocado –dijeron-. Tenemos la sospecha de que el estómago trabajaba a su manera.
    -Estaba pensando lo mismo –murmuró el cerebro-. Es verdad que él recibe toda la comida. Pero parece que nos devolvía la mejor parte.
    -Será mejor que admitamos nuestro error –dijo la boca-. El estómago tiene tanto trabajo como las manos, los pies, el cerebro y los dientes.
    -Entonces volvamos a trabajar –exclamaron todos. Y en esto el hombre despertó.
    Para su alivio, descubrió que sus pies caminaban de nuevo. Sus manos podían asir, su boca podía masticar y su cerebro podía pensar con claridad. Se sentía mucho mejor.
    “Bien, he aquí una lección para mí –pensó mientras se llenaba el estómago con el desayuno-. O bien todos trabajamos juntos, o nada funciona.”
    El libro de las virtudes. Vergara. Página 311.
        SUGERENCIAS METODOLÓGICAS
    Objetivo.- Comprender que los demás hacen cosas valiosas y podemos trabajar en equipo.
    Contenido.-
    Solidaridad
       Solidaridad es la colaboración con una causa o tarea de otros. Es una característica de la sociabilidad que inclina al hombre a sentirse unido a sus semejantes y cooperar con ellos. 
    Ante los terremotos, huracanes y otros desastres naturales podemos colaborar con una ayuda económica. También podemos visitar a los enfermos de un hospital y dar algo a los pobres conocidos. Pero ordinariamente podemos ser solidarios con nuestros compañeros y amigos ayudándoles a resolver sus necesidades, dándoles ideas positivas a sus problemas, prestándoles nuestras cosas y haciéndoles la vida agradable. 
    La solidaridad la ayuda mutua que debe existir entre las personas, no porque se les conozca o sean nuestros amigos, simplemente porque todos tenemos el deber de ayudar al prójimo y el derecho a recibir la ayuda de nuestros semejantes.
    Actividades.- 
   1. El profesor lee el texto y explica su contenido a los alumnos
2. Por equipos, contestar a estas preguntas:
    a) ¿Quiénes se rebelaron contra el estómago?
    b) ¿De qué se quejaban los pies?
    c) ¿Qué propuso el cerebro?
    d) ¿Qué pasó cuando dejaron de trabajar todos?
    e) ¿Qué lección aprendió aquel hombre?
    3. Los secretarios leen las contestaciones a las preguntas. 
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    Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del Sumo Pontífice y entró con Jesús en el atrio. Pedro, sin embargo, estaba fuera a la puerta. Salió entonces el otro discípulo que era conocido del Sumo Pontífice, habló a la portera e introdujo a Pedro. La muchacha portera dijo a Pedro: (más…)

Cordialidad y convivencia    La escuela y la familia ¿han de ser espacios tristes o lúgubres? o por el contrario, ¿es preferible que sean lugares cordiales y alegres?. La segunda opción es la única que puede formar chicos y chicas con una personalidad sana y equilibrada.    La cordialidad se manifiesta en las relaciones humanas y en el centro educativo entre alumnos, profesores y padres. Este clima de alegría quita dureza a la necesaria exigencia en el aprendizaje de las materias, que no nace de la imposición arbitraria del profesor sino de las decisiones del propio sujeto que se educa. En este sentido, cordialidad y exigencia son las dos caras de la misma moneda.    En los centros educativos está organizada la convivencia que permite impartir con regularidad la enseñanza reglada. Pero a la vez también ha de existir una convivencia informal entre profesores y alumnos para conversar sobre los problemas de la vida humana y de las pequeñas incidencias de la vida escolar. A través de esta relación cordial y espontánea entre el tutor y sus tutelados se van formando criterios que condicionan las actitudes generalizadas ente la vida.    La cordialidad entre los educadores (profesores y padres) y los educandos (escolares) ha de traslucir el respeto mutuo y el cuidado de no herir con juicios desfavorables o irónicos. La cordialidad ha de ser el elemento fundamental para crear un ambiente escolar y familiar en que se pueda desarrollar la satisfacción de los que participan en él, fomentando la alegría del trabajo bien hecho, el compañerismo y la amistad.    Cada obra bien hecha es fuente de alegría y un refuerzo de los hábitos encaminados a la perfección del obrar y de la persona que obra. Dicho de otra forma, la obra bien hecha es la motivación más importante. Cuando el estudiante es consciente de que ha trabajado bien y que el trabajo resultante es bueno, descubre el valor subjetivo del bien que es la alegría. Por el contrario, cuando un alumno está en una clase donde no entiende lo que dice el profesor porque los conocimientos de base no le permiten seguir el hilo del razonamiento de la clase, ese alumno terminará perdiendo toda motivación por el estudio y por supuesto no vivirá la alegría de que venimos hablando. Ordinariamente creará problemas de disciplina para llamar la atención y perjudicará gravemente al clima de la clase.    El educador no debe plantearse como objetivo la creación de una alegría superficial y pasajera, sino centrarse en que la relación y la convivencia entre las personas sea realmente buena y sea valorada por todos como una cosa buena. Entonces la alegría fluirá espontáneamente y estimulará el esfuerzo y la exigencia del trabajo bien hecho.    Arturo Ramo

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