Tolerancia

   El experto argentino Roberto A. Federigo, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), ha escrito un artículo sobre la festividad de Halloween. Lo reproducimos a continuación.

   Calabazas, brujas, calaveras, duendes, jóvenes con cuernos rojos y tridentes, ¿Quién no los vio alguna vez? Pero en Madrid, Barcelona, Buenos Aires, México D.F., y otras grandes ciudades iberoamericanas es un fenómeno relativamente nuevo y en constante crecimiento. No es la meta de este informe hablar ampliamente sobre sus orígenes, pero sí realizar una breve descripción del porqué de su implante y desarrollo en lugares culturalmente diferentes a los de su origen.

   Se dice que la globalización es: un proceso económico, tecnológico, social y cultural a gran escala, que consiste en la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo unificando sus mercados, sociedades y culturas, a través de una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas que les dan un carácter global. La globalización es a menudo identificada como un proceso dinámico producido principalmente por las sociedades que viven bajo el capitalismo democrático o la democracia liberal y que han abierto sus puertas a la revolución informática, plegando a un nivel considerable de liberalización y democratización en su cultura política, en su ordenamiento jurídico y económico nacional, y en sus relaciones internacionales.

   Este proceso, como fenómeno, despierta críticas de las más diversas y opuestas; están los que la consideran una amenaza a las estructuras de las naciones o estados, como los que opinan que terminaría con las diferencias individuales. El compendio de la doctrina social de la Iglesia también se ha referido en: V. Las “Res Novae” en economía (y sucesivas), Capítulo Séptimo “La vida económica”.

   Otro fenómeno, casi inherente a la globalización, y para muchos uno de los posibles motivos de su aparición, sería la “democracia liberal”. La democracia liberal es una forma de gobierno que entre otras cosas se caracteriza por garantizar los derechos de la propiedad privada, motivo que lleva a que se considere a la globalización como una consecuencia de esa política y por ende una cara nueva de otras ya aplicadas, reconvertidas en neocolonialistas y postmaterialistas.

   La década del 90 se caracterizó por el asentamiento de esas políticas neoliberales y el desarrollo del fenómeno de la globalización. Los pueblos hispanos quienes en mayor parte provenían de sistemas políticos autoritarios, dictatoriales o tiránicos, vieron en sus florecientes democracias y sus rápidas recuperaciones económicas, una apertura a nuevas tecnologías, y fundamentalmente a una irrestricta información. Pero la apertura de nuevos mercados, significaría también la llegada de nuevos productos y también de una gradual asimilación de costumbres. Tantos años de de dilaciones tecnológicas y de vacíos industriales, generarían una lógica fiebre de consumo producida por las reconversiones monetarias y las importaciones, que se verían reflejadas en algunos cambios de hábitos o en algunos sincretismos.

   Esos productos, por supuesto, en varios países necesitaban de una adecuada distribución que en gran parte de los casos fue lograda gracias a la apertura de grandes cadenas de tiendas multinacionales. Así en las bateas de los hipermercados no solo habrían de encontrarse productos más o menos exóticos para la mayoría de los hispanos como: mantequilla de maní, malvaviscos, bates de baseball y árboles navideños sin pesebres ni “Belén” entre otras cosas. Pero hacia finales de octubre, podían verse entre el predominio de colores negros y anaranjados, algunos objetos de espanto, que casi todos, solo conocíamos de las películas hollywoodenses ¿Qué había ocurrido?

   Simple: gente con bienestar económico y ávida de consumo; las multinacionales saben de eso. Halloween, la fiesta pagana celta es un buen negocio, en estos tiempos promovida no solamente por sus precursores sino por otros oportunistas como fabricantes de trajes, mascaras, juguetes y golosinas y empresarios de locales nocturnos que incitan a los jóvenes a una imitación foránea de esa “diversión de los exitosos”.

   Para finalizar diré que este tipo de festejos no solo atacan y ponen en peligro los tradicionales de nuestros pueblos, sino que además en los últimos tiempos puede verse la transformación de algunas simpáticas y casi inocentes calabacitas, virando hacia el ocultismo, la brujería y la simbología satánica, aunque este será tema para una investigación mucho más profunda.

   España, un ejemplo de consumismo en Halloween

   Los españoles consumen Halloween igual que Coca-Cola, McDonalds, cine de Hollywood y jeans, porque las empresas estadounidenses son maestras en el diseño de eficaces campañas de mercadotecnia y el comercio local se suma gustoso a esas modas, si ve una ocasión para vender. Ésta es la opinión de los sociólogos y psicólogos consultados por la agencia Efe, algo que no niega el sector del ocio, que cada año invierte más en la noche de brujas porque resulta altamente rentable.

   Vicente Pizcueta, portavoz de la Asociación Nacional de Empresarios por la Calidad del Ocio, confiesa que esta fiesta arroja “cifras espectaculares”, la de mayor crecimiento de los últimos diez años. “Halloween arrasa incluso en crisis”, ha sentenciado. Este año se sumarán a ella el 40% de los locales españoles, con más de 10.000 celebraciones en el conjunto del país, por donde deambularán cientos de miles de muertos vivientes, haciendo el agosto de las tiendas de disfraces.

   Y es que el 31 de octubre, víspera de la Fiesta de Todos los Santos, ya no es lo que era, aunque algunos son fieles a la memoria de sus muertos, visitan los cementerios, ofrecen misas de difuntos y comparten en familia huesos de santo y buñuelos de viento. Lo suyo, actualmente, es salir de juerga y cocerse; disfrazarse de algo truculento -este año reinará Lady Gaga- y tomarse unas costillas de Satán, arañitas crujientes de yuca al anís, pellejos rellenos de vísceras o cualquier otra cosa con nombre asqueroso.

   Las propuestas son cada vez más extravagantes. Sirva de ejemplo la oferta de algunos locales que ha trasladado a Efe la Asociación Empresarial de Hostelería de la Comunidad de Madrid. Una noche oscura dedicada a la práctica del vudú, con muñecos de trapo o gallos decapitados; un laboratorio lleno de probetas burbujeantes, doctores locos y enfermeras diabólicas, o un plan de “noche de difuntos” con “crisantemos, crucifijos y llanto de muchas plañideras”. Los amantes del cine pueden ir a un cóctel “Freddy Krüger” o “Alfred Hitchcock” donde habrá sustos para todos.

   Que te dieran calabazas era algo malo antaño porque ahora tienes que hacerte con una para estar en la onda. La leyenda de Jack “El Tacaño”, que popularizó este fruto con una vela dentro, hace que se venda hasta un 20% más por estas fechas, según fuentes del sector. A la Iglesia Católica no le gusta esta celebración porque convierte en profano lo más sagrado, aunque los sacerdotes británicos han optado por “unirse o morir” y han hecho un llamamiento a disfrazarse de santos en lugar de hacerlo de diablos.

   Los colegios españoles se llenan también de pequeños monstruos, disfrazados con ingenio por sus “santos” padres, que aguantarán en casa a otros niños con su amenazante “truco o trato” -o me das algo o atente a las consecuencias-. La doctora Inmaculada Zorrilla, psiquiatra infantil, no ve nada negativo en esta costumbre que supone una oportunidad para los peques de divertirse y hacer travesuras, pero sí considera apropiado mantener otros ritos tradicionales o religiosos, que les acerquen a la realidad de la muerte en su dimensión más profunda.

   Eliminación de las raíces cristianas

   Alejandro Navas, profesor de Sociología, ha vinculado estas tendencias con el márketing estadounidense, capaz de imponer cualquiera de sus productos en los sitios más remotos del planeta. En la antigüedad se celebraba en esta fecha el año nuevo celta, con el cambio estacional, y en la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre el espíritu de los muertos regresaba a sus hogares y vagaban por el mundo todo tipo de seres sobrenaturales.

   La Iglesia pasó a celebrar en esos días dos importantes fiestas: Todos los Santos y los Fieles Difuntos. De hecho, el nombre Halloween es la deformación estadounidense del término inglés-irlandés “All Hallows’ Eve”, que significa Vigilia de Todos los Santos. Los emigrantes irlandeses llevaron esa costumbre a Estados Unidos, desde donde se extendió al resto del mundo gracias a la influencia de la cultura popular estadounidense: cine, televisión, música y ocio en general.

   Navas cree que la intención paródica y carnavalesca que rodea estos ritos responde a un intento de “evitar la confrontación seria con la muerte y el más allá, que resultan inquietantes e incómodos en una cultura centrada en el más acá”. No descarta, tampoco, “un intento de eliminar las raíces cristianas de nuestra cultura”.

   Obispo mexicano: no es una fiesta cristiana

   Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacán (México), ha escrito, en un artículo publicado por la agencia Zenit, que celebración de la “noche de brujas” el 31 de octubre, ha ido adquiriendo carta de ciudadanía en diversos países de América Latina, entre ellos, México. Esta celebración que no es cristiana, tiene que ser vista a la luz de dos grandes festividades del calendario cristiano que son el día de Todos los Santos y el de los Fieles Difuntos. Sobre estas dos festividades y en contraposición a Halloween, reflexiona en su mensaje semanal.

   Según el prelado, junto a estas dos celebraciones, se ha ido extendiendo la Noche de Halloween, el 31 de octubre, pero ésta no es una fiesta cristiana; ahora bien, si se celebra como una fiesta de disfraces y de forma sana, por ejemplo con regalos de dulces a los niños, no hay problema; en cambio es nociva y rompe con la fe en Cristo cuando se relaciona con supersticiones e incluso cultos satánicos. De manera semejante, el culto a la santa muerte no es expresión de fe cristiana.

   Obispo español: Todos los santos vs. Halloween

   Por otro lado, Casimiro López Llorente, obispo de Segorbe-Castellón (España), ha escrito una carta sobre este mismo tema en el semanario diocesano Hoja Parroquial, que reproducimos a continuación.

   En el libro del Apocalipsis podemos leer: “Después miré y había una gran muchedumbre, que nadie podía contar: de toda nación, raza, pueblo y lengua. Estaban de pie, delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos” (Ap 7,9). Así describe San Juan a la Iglesia celeste. Son nuestros hermanos los santos, que nos han precedido en el amor a Dios y al prójimo en el cielo, donde nos esperan e interceden por nosotros. A todos ellos recordamos y veneramos el día 1 de noviembre.

   Este es el verdadero sentido de esta fiesta, en la que contemplamos el misterio de la comunión de los santos del cielo y de la tierra. No estamos solos; estamos rodeados por una gran nube de testigos de Dios y de Jesucristo; con todos ellos formamos el Cuerpo de Cristo, con ellos somos hijos de Dios, con ellos hemos sido santificados por el Espíritu Santo. Este glorioso ejército de los santos intercede por nosotros ante el Señor; nos acompaña en nuestro camino hacia el Reino y nos estimula a mantener nuestra mirada fija en Jesús, nuestro Señor, que vendrá en la gloria en medio de sus santos.

   Pero hay algo que nos debe preocupar. En los últimos años se está introduciendo entre nosotros -y cada vez con más fuerza- una celebración anglosajona de origen pagano que va desplazando, al menos en el ánimo de muchos niños y jóvenes, la fiesta de todos los santos. Me refiero a Halloween. Un autor ha escrito a este respecto: “… muchos cristianos han olvidado el testimonio de los santos y se sienten más atraídos a festejar con brujas y fantasmas. Este fenómeno es parte de un retorno al paganismo que va ocurriendo gradualmente. Al principio no se percatan de los valores que abandonan ni tampoco entienden el sentido real de los nuevos símbolos. Les parece todo una broma, una diversión inofensiva de la que se intentan lucrar otros. Lo hacen por llenar un vacío, porque los santos ya no interesan y las prácticas paganas y ocultistas ejercen una extraña fascinación”.

   Debemos estar alerta ante este fenómeno y no perder el sentido de la fiesta de todos los santos. Esta fiesta nos invita a compartir el gozo celestial de los santos. No necesitamos ponernos máscaras para la celebrar nuestra alegría; en todo caso, mejor sería vestir a nuestros niños o vestirse de santos.

   Los santos no son un pequeño número de elegidos, sino una muchedumbre innumerable. En esa muchedumbre no sólo están los santos reconocidos de forma oficial, sino también los bautizados de todas las épocas y naciones, que se han esforzado por cumplir con amor y fidelidad la voluntad de Dios. De la mayor parte de ellos no conocemos su nombre, pero con los ojos de la fe los vemos resplandecer llenos de gloria en el firmamento de Dios.

   Los santos no son fantasmas. Son hombres y mujeres que viven ya junto a Dios gozando de su presencia en una alabanza sin fin; ellos son testigos de que la vida junto a Dios para siempre es posible para todos y cada uno nosotros. Al contemplar el luminoso ejemplo de los santos, la Iglesia quiere suscitar en nosotros el gran deseo de ser como ellos: felices por vivir cerca de Dios, en la gran familia de los amigos de Dios. Porque ser santo significa vivir unido a Dios, vivir en su familia, vivir la vida de Dios. Conservemos celosamente el sentido de esta fiesta cristiana.

   Modelos culturales

   El miembro de la RIES Luis Santamaría, delegado de Medios de Comunicación Social de la Diócesis de Zamora (España), también ha dedicado un breve comentario sobre Halloween, que sale publicado en la hoja diocesana Iglesia en Zamora de hoy mismo. Lo reproducimos a continuación.

   Recientemente, alguien me llamó preocupado porque había visto, en el catálogo de un importante centro comercial, un amplio surtido de artículos en torno a la fiesta de Halloween. Muchos productos publicitados eran de tipo violento y cruento, y algunos abiertamente satánicos. Parece que ya no podemos quitarnos de encima esta moda que nos ha venido del mundo anglosajón, sobre todo a través de la televisión y el cine.

   Algunos intentos, como los de la Iglesia en otros lugares del mundo, de que los niños se disfracen de santos y no de vampiros, brujas o diablos, han llevado a la burla de mucha gente “moderna”. Nos queda preguntarnos seriamente qué tipo de sociedad estamos construyendo a través de las fiestas, y qué elementos utilizamos en la educación de los niños. Se promociona una estética pagana de la muerte, cuando resulta que, como decía un antropólogo castellano, “la sociedad no se reconoce mortal, ni reconoce la presencia de la muerte en nuestras vidas, lo que genera severos problemas”. ¿En qué quedamos?

   Propuestas católicas

   La Iglesia católica británica ha hecho un llamamiento a los niños a disfrazarse de santos en lugar de hacerlo de brujos o diablos en la popular fiesta de Halloween. Así informaba la agencia Efe a mediados del mes de octubre. San Jorge, Santa Lucía, San Francisco de Asís o Santa María Magdalena podrían ser elecciones muy populares para los niños, según la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales.

   Los pequeños deberían recortar las típicas calabazas para convertirlas en rostros sonrientes y pintarse cruces en la frente en lugar de ennegrecer o blanquear sus rostros o utilizar máscaras que infundan miedo, dicen los obispos. Éstos quieren que los cristianos reconozcan el origen religioso de Halloween, que ha pasado a identificarse con una noche de brujas, pero tiene, según ellos, origen religioso ya que se deriva de la vieja expresión inglesa ‘All Hallow’s Eve’ o víspera del Día de Todos los Santos.

   “Es hora de recordar a los cristianos lo que es realmente Halloween”, dijo el reverendo Kieran Conry, obispo de la diócesis Arundel y Brighton (sur de Inglaterra), citado por el diario Daily Telegraph. A los adultos se les recomienda además que pongan luces en las ventanas de sus casas para indicar que “Cristo es la luz de todos nosotros”. Halloween se celebra principalmente en la noche del último día de octubre y tiene un doble origen pagano -la festividad celta del Samhain- y cristiano: Todos los Santos. Los inmigrantes irlandeses transmitieron versiones de esa tradición a América del Norte durante la gran hambruna irlandesa de 1840, y gracias a la televisión y al cine, desde EE.UU. se ha ido extendiendo en su versión pagana a todo el mundo.

   Por otro lado, el secretario técnico de la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española, el padre Juan María Canals Casas, se sumó a esta propuesta. Canals abogó por «cristianizar totalmente» el Día de Todos los Santos, recuperando su celebración «como estaba al principio» y despojándola de los elementos que se han introducido posteriormente. «Todo lo demás es pagano», puntualizó. Además, argumentó, disfrazarse con atuendos relacionados con el terror «no es pedagógico para los niños», ya que «no lo hacen con un sentido religioso, de rezar por los muertos, sino profano».

   Peligro real de actividades satánicas

   El diario El Heraldo, de Honduras, ha publicado un artículo de Ricardo Rodríguez Vives en el que relata que la celebración del Halloween el 31 de octubre es mucho menos inocente de lo que hace ver la publicidad de los medios, en palabras del periodista investigador de temas paranormales Álvaro Palacios. “Esa noche es esperada por sectas de corte satanista para celebrar misas negras al filo de la medianoche”, asegura.

   Desde muy niño, Palacios ha sentido una fascinación especial por temas ocultistas. Como sabueso que sigue la pista a todo aquello que tenga aroma a sobrenatural, sus pesquisas lo han llevado a cementerios, casas tétricas y antiguos colegios fantasmales de la ciudad. A pesar de la suspicacia que puede generar el satanismo en algunos, el comunicador decidió alertar sobre hechos, dice él, “de los que muchos se burlan pero que son una realidad”.

   El periodista tiene un espacio radial FM en la emisora Bellavista Stereo, en donde expone este tipo de temáticas, los viernes y sábados de 9 a 10 p.m. Palacios explica que, de entrada, Halloween es una fiesta pagana de origen irlandés que celebraba el final de la temporada de cosechas y la entrada de la oscuridad y el frío, con la estación invernal. En la noche del 31 de octubre se supone que un portal se abre y los espíritus de difuntos entran al mundo material.

   Por ser un día de connotaciones oscuras, e incluso, llamado abiertamente ‘El día de las brujas’, satanistas del mundo entero esperan esta fecha. Barranquilla no es la excepción, y Palacios afirma que en la ciudad existen este tipo de grupos. Aunque toda secta satánica tiene a Lucifer como su figura central, algunas muestran grandes diferencias en sus doctrinas (ver recuadro). Pero, según Palacios, muchas de estas congregaciones son peligrosas; incluso hasta el punto de robar niños para sacrificio.

   “No es broma. Hace poco supe del caso de una joven que se iba para el parque Metropolitano (alrededores del estadio) con el fin de robar niños en la noche. Ella participó en rituales luciferianos. Ahora reniega de esa vida y se convirtió al cristianismo”, dice el periodista. Al filo de las 12 de la noche, detalla Palacios, los satanistas se reúnen en un lugar apartado. En localidades del Atlántico, eligen particularmente playas lejanas. A esa hora, dice, portales extraterrenos se abren más fácilmente con las invocaciones impías.

   Los congregados, vestidos de negro, utilizan reliquias y símbolos cristianos con el fin de profanarlos. En el altar se pone una mujer desnuda, que ofrece su virginidad. Un sacerdote oficia la ceremonia. Después, relata el periodista, sueltan un chivo que llaman ‘Jezabel’, el cual personifica la materialización de Lucifer. Pero al final de la ceremonia, los reunidos esperan que el demonio en persona se les aparezca.

   “Pueden pasar muchas cosas. Sacrificios humanos, de bebés. Rienda suelta a la lujuria sexual. Y una serie de votos con el grupo y con Lucifer”, dice. Palacios dice que en el ‘satanismo del Caribe’ se ha producido un sincretismo, en el cual se mezclan doctrinas luciferianas y de santería. Para los más adeptos a este tipo de congregaciones, la Biblia, libro sagrado, muestra la versión de Dios. Pero están convencidos que, por lo que muestran sus propios textos, Satán supuestamente les cumplirá promesas de libertad total e inmortalidad en ‘la otra vida’.
“Este tipo de personas han caído en la decadencia y en un gran nivel de maldad, han dejado a Dios y se han entregado al mundo. Hacen daño y no sienten remordimiento”, dice el periodista. Palacios advierte que este tipo de rituales seguirán realizándose una semana después del Halloween, pleno noviembre. Pide a los padres estén muy alertas con sus hijos durante todo este período, e informa que a veces se opta por secuestrar niños de municipios muy pobres, porque presentan poca vigilancia policial.

   Entre los que marcaron diferencias con los demás son los miembros de la llamada Iglesia de Satán, instaurada por el norteamericano Anton Lavey, la cual también tiene algunos seguidores en la ciudad. Más filosófica que religiosa, la doctrina de Lavey promulga liberación completa en todos los aspectos: ninguna atadura espiritual, perjura del cristianismo —al que llama ‘antiguo opresor de la humanidad’— y un modo de vida que promueve hacer lo que se quiera con tal de no meterse con los demás. También, reniega del diablo como un ser que exista: para ellos es sólo un símbolo de rebelión.

   Por Roberto A. Federigo. Original de RIES. 1-XI-2010
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