La Palabra de Dios es sagrada

   ¿Biblia en el satanismo?
   Manuel Guerra afirma que “el paganismo imperante y la proliferación de las sectas en las tres modalidades del demonismo (satanismo, luciferismo y brujería) en nuestros días muestran que cuenta con numerosos súbditos y adoradores”. Después de reflexionar sobre las diferentes maneras que tienen estos grupos de concebir al Demonio (como alguien real o simbólico, y su categoría), el experto explica que la denominación de “Biblia” para los libros sagrados de estos cultos es sólo metafórica y “por su condición de contrafigura de la Biblia cristiana”.

   Entre estas obras destaca La Biblia Satánica, escrita por Anton Szandor LaVey, fundador de la Iglesia de Satanás y una de las principales figuras del satanismo del siglo XX. Consta, según Guerra, de cuatro partes: Libro de Satanás, Libro de Lucifer, Libro de Belial y Libro de Leviatán. Además, la secta Lucifer-G de Colonia es responsable de la publicación de la Biblia de Lucifer, revelada por el mismo diablo a su gran maestro en 1975, y hay otros libros reseñables en este apartado como The Cristal Table of Set del Templo de Set, el Libro de la Ley de Aleister Crowley o el Liber Zión de la Orden Illuminati.

   La tradición masónica

   A continuación, Manuel Guerra se acerca a la masonería, de la que recuerda sus orígenes en ámbitos cristianos (aunque deístas y anticatólicos), y cuyo documento fundacional, las Constituciones de Anderson, contiene referencias a personajes y hechos del Antiguo Testamento, a los que se remite la sociedad secreta como historia propia. Sin embargo, “brilla por su ausencia el Nuevo Testamento”, y “resulta llamativo el silenciamiento de Jesucristo, presente solamente en la datación de las Constituciones”.

   El profesor explica la relación tensa que ha habido entre el judaísmo y la masonería, afirmando que en la actualidad los judíos ortodoxos y conservadores rechazan la masonería, pero son masones la mayoría de judíos reformistas, y vuelve a decir, refiriéndose a las Constituciones, que “todavía no se ha conseguido despejar el interrogante paradójico de un documento redactado por pastores protestantes, cristianos, que silencian al Nuevo Testamento e incluso a Jesucristo mientras se presenta como un centón de nombres veterotestamentarios en bastantes de sus páginas”.

   Guerra expone diversas cuestiones relativas al uso o no de la Biblia en las logias masónicas, citando a un autor masón que señala que “la Biblia en nuestros Altares carece de toda significación religiosa y dogmática, ya que de ser así iría contra nuestros Principios de Tolerancia y Respeto hacia todas las religiones conocidas”. La masonería regular no sólo sitúa la Sagrada Escritura en el altar, sino que también hace “lecturas bíblicas al menos en uno de sus grados”. Además, en el Gran Priorato de España, escisión de la Gran Logia de España, “la interpretación de los pasajes bíblicos leídos o simplemente comentados evidentemente no es la dogmática cristiana, mucho menos la católica, sino racionalista”, y el experto pone algunos ejemplos de lectura alegórica y sincrética.

   El mundo del esoterismo y la Nueva Era

   Según Manuel Guerra, “desde el gnosticismo antiguo (siglos II-IV) ha discurrido una caudalosa corriente subterránea que, a trechos, ha dejado de ser esotérica, aflorando a la superficie”, y sus manantiales más destacados han sido la masonería y la Nueva Era (New Age). Los “evangelios” de esta corriente espiritual son de dos clases, según su origen y composición: “la primera parte del imaginario hallazgo de un manuscrito, supuestamente antiguo o no, que describe la iniciación de Jesús fuera de Nazaret y de Jerusalén (entre los esenios), preferentemente fuera de Palestina (en Alejandría, en la India, etc.), así como las vicisitudes de su vida, su muerte de ordinario sólo aparente en Jerusalén y su subsistencia posterior más o menos azarosa”.

   De este tipo son, por ejemplo, el Evangelikón y el Levitikón de Fabré-Palaprat, La vida desconocida de Jesucristo, de Nicolás Notovitch, en el siglo XIX, o, más recientemente, El Evangelio acuariano de Jesucristo, de Levi H. Dowling, y el Evangelio esenio de la Paz, de Edmond Bordeaux Szekely. Algo similar es lo que ha hecho el español J.J. Benítez con El Testamento de San Juan.

   La segunda clase de esta literatura tiene un origen “más personal, misterioso en cuanto emergen de la psicología profunda y muy en sintonía con el talante de Nueva Era. Pues uno de los fenómenos característicos de New Age es el canalismo, o sea, un modo que los humanos tendrían de captar los ‘mensajes’ enviados por un supuesto centro emisor (dioses mitológicos, Maestros ascendidos, Jesucristo, Buda, los espíritus) a través de un ‘canal’ no televisivo, sino una persona que dice recibirlos en estado ya normal, ya alterado del conciencia (trance)”. En las formas de las locuciones o de la escritura automática, se han recibido diversas nuevas revelaciones.

   El experto de la RIES sitúa aquí varios libros de importancia en la nebulosa de la Nueva Era como El Curso de los Milagros, cuyas tres partes habrían sido dictadas interiormente por Jesucristo; el libro de OAHSPE, del siglo XIX y con múltiples apariciones de personajes bíblicos; y El Libro de Urantia, que contiene en su última sección una vida de Jesucristo o “nuevo evangelio”. En esta voluminosa revelación contemporánea se dice que Jesús “habría recorrido Egipto (Alejandría), Creta, Asia Menor, Grecia, Roma, Irak, India. Relata sus conversaciones privadas con los Apóstoles, sus contactos con seres extraterrestres, su muerte en la cruz que no habría sido expiatoria de los pecados de los hombres ni del inexistente pecado original, etc.”.

   Otro libro que destaca Manuel Guerra es el Verdadero Evangelio revelado de nuevo por Jesús, dictado por el mismo Cristo y otros seres celestes a Edward Padgett, dando origen así a la Fundación de la Iglesia del Nuevo Nacimiento, y el libro alemán Ésta es mi palabra, Alfa y Omega. El Evangelio de Jesús que el mundo no conoce, también dictado por Cristo, esta vez a la profetisa alemana Gabriele Wittek. Para el experto, a diferencia de los escritos apócrifos gnósticos de la Antigüedad, “los modernos no se limitan a llenar los silencios de lo no-dicho en los canónicos. Además alteran su contenido doctrinal y moral”.

   En estos libros normalmente se afirma que “Jesús de Nazaret empezó a ser ‘Cristo’ cuando el Espíritu Santo, entendido como ‘Energía’, descendió sobre él en el Jordán; según otras versiones no específicamente gnósticas, al culminar su iniciación entre los esenios o fuera de Palestina”. De hecho, se ve en esta literatura que “Jesucristo o no murió realmente o, si murió, su muerte no fue redentora. No es propiamente el Redentor ni el Salvador del género humano, sino –a lo más– su Maestro y Modelo”.

   La Nueva Era sería la auténtica conocedora de la verdadera tradición sobre la vida y enseñanzas de Jesús, transmitida en secreto desde el tiempo del gnosticismo hasta nuestros días, y que contradice a la fe cristiana en puntos fundamentales, como ha podido verse. “Sus fuentes no son los Evangelios y Hechos de los Apóstoles canónicos, sino textos que son fruto o de ciencia ficción, de la imaginación desbordada de sus autores, o de fenómenos parapsicológicos sin control consciente de la razón e incluso de unos supuestos archivos acásicos, astrales”, según el profesor Guerra.

   Por Manuel Guerra. RIES. Red Iberoamericana de estudio de las sectas
http://info-ries.blogspot.com
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