El centurión y los que estaban con Él custodiando a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, se llenaron de un gran temor y dijeron:
       – En verdad éste era Hijo de Dios.

    Y la gente que estaba allí y contempló aterrorizada lo que sucedía regresó a la ciudad dándose golpes de pecho.

    Uno de los soldados traspasó con la lanza el costado de Jesús para asegurarse de su muerte.

    José de Arimatea, varón justo y bueno, ilustre senador que no había compartido las decisiones tomadas contra Jesús, acudió a Pilato para pedirle el cuerpo del Maestro. Compró una sábana y fue al Calvario.

    También Nicodemo acudió allí llevando unas cien libras de mirra y óleos para embalsamar el cuerpo. Ambos eran discípulos de Jesús en secreto.

    Se ponía el sol y estaba próxima la hora en que debían empezar a guardar el descanso del gran sábado de la Pascua. Rápidamente descolgaron el cadáver de Jesús, lo lavaron, lo ungieron y lo envolvieron en la sábana. Allí mismo José tenía en su huerto un sepulcro recién excavado en la roca.

    Pusieron a Jesús en él e hicieron rodar la piedra preparada para tapar la entrada.

    Un grupo de mujeres, entre las que se hallaban María, madre de Jesús, y María Magdalena, regresó a Jerusalén y aún tuvieron tiempo de comprar aromas y ungüentos para enterrar debidamente a Jesús, una vez pasado el sábado de Pascua.

    Los jefes de los judíos, impresionados por los fenómenos que se produjeron durante la muerte, fueron a hablar con Pilato para que destinara unos soldados a montar guardia en el sepulcro, y precintaron la piedra de la entrada.

    (Mateo 27, 57-66; Juan 19, 38-42)

    (Texto adaptado por D. Samuel Valero. Biblia infantil. Editorial Alfredo Ortells, S.L. Valencia. página 236) 

   SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

   Objetivo.- Pedir perdón por este horrendo deicidio.

   Contenido.- Al Señor, probablemente, después de bajarlo con piedad de la Cruz, lo lavaron con cuidado, lo perfumaron y lo envolvieron en un lienzo, cubriendo su cabeza con un sudario. Pero, ante la inminencia del descanso sabático, no pudieron ungirle con bálsamo, cosa que pensaban hacer las mujeres pasado el sábado. El mismo Jesús, cuando alabó el gesto de María en la unción de Betania, había anunciado veladamente que su cuerpo no sería embalsamado.

    Acerca de la muerte y sepultura de Cristo la doctrina cristiana enseña, entre otras, las dos verdades siguientes: “Una, que el cuerpo de Cristo no sufrió corrupción en parte alguna, y sobre esto había vaticinado el profeta ‘no permitirás que tu Santo experimente la corrupción’. La otra, que la sepultura, la Pasión y la Muerte atañen a Jesucristo solamente en cuanto a su naturaleza humana, aunque también se atribuyen a Dios, porque es evidente que se predican con verdad de aquella Persona que al mismo tiempo es perfecto Dios y perfecto hombre” (Catecismo Romano, I, 5,9).

         (Sagrada Biblia. Santos Evangelios. Traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Páginas 1427 y 1428. Notas 40 y 41. EUNSA. Pamplona. 1983.)

   Actividades.- 

   1.Los alumnos van leyendo en voz alta el texto y el profesor comprueba la comprensión.

   2.Contestar por escrito a estas cuestiones:

    a) ¿Qué dijo el centurión?

    b) ¿Qué hizo José de Arimatea?

    c) ¿Cómo colaboró Nicodemo en la sepultura de Jesús?

    d) ¿Qué hicieron el grupo de mujeres?

    e) ¿Qué hicieron los jefes de los judíos?

    3. Los alumnos leen sus respuestas. 
————-
Otros temas relacionados:
La Resurrección
Benedicto XVI se interroga por el misterio de la Sábana Santa
Plan de Formación
Agosto

Enviar a un amigo

Anuncios