Antes de subir a los cielos Jesús quiso despedirse de sus discípulos y darles las últimas enseñanzas. Les dijo:
       – Así está escrito: que el Cristo tiene que padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día, y que se predique en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las gentes, comenzando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas. Y sabed que yo os envío al que mi Padre ha prometido (refiriéndose al Espíritu Santo). Vosotros permaneced en la ciudad (Jerusalén) hasta que seáis revestidos de la fuerza de lo alto.

       Estando con ellos a la mesa en el cenáculo les pidió que no se ausentaran de la ciudad, porque:

    -Dentro de no muchos días recibiréis la fuerza del Espíritu Santo y seréis mis testigos en Jerusalén, en Judea y hasta los confines de la tierra.

    Luego les sacó fuera de la ciudad, hasta la cumbre del monte de los Olivos, dando vista a Betania. Allí, alzando las manos los bendijo. Y aconteció que mientras los bendecía comenzó a ascender siendo llevado hacia lo alto hasta que una nube lo ocultó a sus ojos. Los Apóstoles seguían con la mirada clavada en el cielo, viendo cómo desaparecía.

    Dos hombres con vestiduras blancas les dijeron:

    -Varones galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando absortos al cielo? Este mismo Jesús que habéis contemplado marchar, volverá de la misma manera.

    Ellos tornaron gozosos a la ciudad . En el cenáculo, donde se reunían, permanecieron en oración con María la madre de Jesús, en espera del Espíritu Santo que les había prometido.

    En uno de aquellos días, mientras esperaban, Pedro propuso la elección de un sustituto de Judas Iscariote. Tendría que haber sido testigo de la vida de Jesús, desde el bautismo de Juan, de la resurrección y de la ascensión. De los ciento veinte discípulos que estaban reunidos aparecieron dos que reunían estas condiciones.

    Después de orar echaron suertes y recayó sobre Matías, que pasó así a completar el número de los doce Apóstoles.

    (Lucas 24, 50-52; Hechos de los Apóstoles 1, 1-26)

    (Texto adaptado por D. Samuel Valero. Biblia infantil. Editorial Alfredo Ortells, S.L. Valencia. página 246) 

   SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

   Objetivo.- Desear ir al Cielo para alabar a Dios.

   Contenido.- No era conveniente, explica Santo Tomás, que Cristo permaneciese en la tierra después de la Resurrección, sino que convenía que subiese al Cielo. Aunque su cuerpo resucitado ya tenía la gloria esencial, la Ascensión al Cielo le confiere un aumento de la gloria de que gozaba, por la dignidad del lugar al que ascendía.

    “La Ascensión del Señor nos sugiere también otra realidad: el Cristo que nos anima a esta tarea en el mundo, nos espera en el Cielo. En otras palabras: la vida en la tierra, que amamos, no es lo definitivo; pues no tenemos aquí ciudad permanente, sino que andamos en busca de la futura, ciudad inmutable.

    “Cristo nos espera. Vivimos ya como ciudadanos del cielo, siendo plenamente ciudadanos de la tierra, en medio de dificultades, de injusticias, de incomprensiones, pero también en medio de la alegría y de la serenidad que da el saberse hijo amado de Dios” (San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 126)

         (Sagrada Biblia. Santos Evangelios. Traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Página 1078. Nota 50-53. EUNSA. Pamplona. 1983.)

   Actividades.-

   1.Hacer copias del texto y leerlo en voz alta.

   2.Los chicos contestan por escrito a estas cuestiones:

    a) ¿Qué pasó en los cuarenta días siguientes a la resurrección?

    b) Escribe lo que dijo Jesús a los apóstoles.

    c) ¿Cómo ascendió Jesús?

    d) ¿Qué les dijeron los dos ángeles?

    e) ¿Qué hacían en el cenáculo?

    f) ¿A quién eligieron en sustitución de Judas Iscariote?

   3.- Puesta en común leyendo algunas respuestas.
————–
Otros temas relacionados:
Los amigos de Jesús (Resurrección)
Entrada triunfal en Jerusalén (Alabar a Jesús)
Plan de Formación
Octubre

Enviar a un amigo

Anuncios