La droga mata

   Mientras México y otros países de América Latina se empeñan en frenar el crimen organizado procedente del mundo de la droga, a la Cámara de Representantes de Estados Unidos acaba de llegar un proyecto de ley que legalizaría el consumo y la venta sin restricciones de la marihuana. Esta esquizofrenia hace comprensible el argumento de quienes piden una estrategia mundial sobre narcóticos, pero no necesariamente a favor de la legalización.

   Hasta ahora, quince estados norteamericanos y el Distrito de Columbia han legalizado el cultivo y consumo de marihuana con fines médicos. En las últimas elecciones legislativas de noviembre, California estuvo a punto de aprobar en referéndum la Proposición 19, que hubiera permitido vender la marihuana para cualquier uso. Pero, al final, salió el “no” por una mayoría del 53%.
   Por eso no se explica que tras el fracaso en California, estado donde los pro legalización tenían más opciones, el pasado 23 de junio entrase en la Cámara de Representantes estadounidense un proyecto de ley que pretende para todo el país lo que no se ha conseguido en California.

   Los impulsores de esta iniciativa, los representantes Barney Frank (demócrata) y Ronald Paulson (republicano) se han lanzado a pedir que el gobierno federal levante las restricciones al consumo y la venta libres de la marihuana, para que sea cada Estado quien decida.

   Los narcos tienen más negocios

   A favor de legalizar el consumo o el tráfico de la marihuana en Estados Unidos se aduce a menudo la necesidad de frenar el narcotráfico en México. Es un argumento clásico: ya que las mafias del país vecino se llevan crudas unas ganancias aproximadas del 60% con la marihuana, arrebatémosles el negocio abriendo el mercado a competidores de orden.

   Pero Sylvia Longmire, ex oficial y agente especial de la Fuerza Área de los Estados Unidos, sostiene en The New York Times que las cosas no son tan sencillas.

   En este breve artículo da unas pequeñas pinceladas, y las desarrolla con detalle en su libro Cartel: The Coming Invasion of Mexico’s Drug Wars, de próxima aparición.
   A los que se aferran al dato del 60%, les recuerda que todavía hay un 40% de beneficios con el que las mafias ganan muchísimo dinero a costa de vender cocaína, heroína, metanfetamina o drogas sintéticas. Por otra parte, añade, nada garantiza que los cárteles fueran a quedarse de brazos cruzados ante ese mercado legal de la marihuana.

   Todo esto suponiendo que los cárteles se dedicaran exclusivamente al negocio de la droga. En realidad, ese porcentaje del 60-40% es un cuento de hadas, dice siguiendo a Edgardo Buscaglia, un experto en crimen organizado en América Latina. Hoy por hoy, lo más seguro es que las drogas constituyan tan sólo la mitad de sus ingresos. La otra mitad procederían de secuestros, asaltos a petrolíferas, extorsiones, tráfico de bienes pirateados, etc.

   Aumento de drogas sintéticas

   Mientras las mafias extienden sus negocios ilícitos a otros ámbitos distintos del mundo de la droga, otra tendencia novedosa es el aumento del consumo de drogas sintéticas. Esta es una de las conclusiones más preocupantes del informe anual que elabora la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), presentado el 23 de junio en Nueva York.

   Según la UNODC, el cannabis sigue siendo la droga más consumida a escala mundial (entre 130 y 190 millones de personas la fuman al menos una vez al año), pero al menos permanece estable. La buena noticia es que, al igual que otros años, el consumo de cocaína y heroína sigue disminuyendo.

   Lo que se ha disparado de forma sorprendente –hasta el punto de merecer el subtítulo del informe– es el consumo de drogas de diseño. Se estima que el número total de personas que consumen estimulantes de tipo anfetamínico (entre 30 y 40 millones) superará pronto al número de consumidores de opiáceos y cocaína juntos.

   Muchas de esas sustancias –dice el informe– se comercializan como sustitutos “legales” de drogas estimulantes como la cocaína y el éxtasis. Dos ejemplos son las piperazinas y la mefedrona, que no están sometidas a fiscalización internacional. Lo mismo ocurre en algunos países con “alternativas legales” del cannabis como el spice.

   Muertos en accidentes de tráfico

   En cualquier caso, la legalización de algunas drogas potenciaría los efectos secundarios dañinos por el deterioro físico o mental de los consumidores y sus repercusiones en su entorno. Por ejemplo, en España, según datos que acaba de presentar el Instituto Nacional de Toxicología, el 29% de los conductores fallecidos en accidentes de tráfico había consumido drogas, especialmente cocaína, seguida de cannabis, y un 20% sustancias psicotrópicas. El 42% de los muertos al volante en 2010 dio positivo en alcohol o drogas.

   Por Juan Meseguer. Con la autorización de: www.aceprensa.com
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