Había una vez una niña que se llamaba Marta. Vivía en una casita situada en un valle, a la derecha encima de una montaña estaba el pueblo blanco (le llamaban así porque la mayoría del tiempo estaba cubierto de nieve) y al otro lado, sobre una colina, se encontraba el pueblo verde (estaba siempre lleno de césped).

    Los niños del pueblo verde lo pasaban muy bien. Los que peor lo pasaban eran sus animales, porque los molestaban continuamente.

    Los del pueblo blanco también vivían muy contentos, pero sus plantas tenían dificultad de salir por el frío que hacía y los niños las pisaban y cortaban continuamente.

    Los niños de estos dos pueblos no eran amigos. Marta vivía en medio, era amiga de los animales y las plantas y también quería ser amiga de los niños de sus pueblos vecinos, pero ellos no la querían porque no pertenecía a sus pueblos. Marta lo había intentado todo, pero nada le daba resultado, se sentía cada vez más sola y un buen día de tanto llorar se convirtió en invisible.

    Como era invisible, tanto los niños del pueblo blanco como los del pueblo verde no se daban cuenta de su presencia, y Marta estaba con ellos y les estropeaba las trampas que preparaban para cazar a los animales y protegía el crecimiento de las plantas. Marta también pasaba muchos ratos con los niños del pueblo blanco, y sin que se dieran cuenta les desviaba todos los misiles y armas que tenían preparadas para atacar al pueblo verde.

    Puesto que Marta conseguía todas las trampas de los niños del pueblo verde, éstos tuvieron que inventarse otros juegos para distraerse. Marta procuraba que los nuevos juegos no fuesen tan salvajes y así empezaron a jugar con los animales y a cuidarlos.

    Los del pueblo blanco por no aburrirse inventaron otras actividades y así fue como empezaron a cuidar las plantas.

    Después de algún tiempo empezaron a interesarse por los juegos de los demás; pensaron que quizás jugar con ellos sería más divertido que pelearse y así fue como que las niñas y niños del pueblo verde y del pueblo blanco se hicieron amigos y jugaron juntos en el valle.

    Aquel mismo día Marta dejó de ser invisible y estuvo muy contenta porque tenía muchos amigos y a nadie le importó que no fuera de su pueblo.

    SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

   Objetivo.- Aprender a respetar las plantas y animales, así como vivir en amistad y armonía con todos.

   Contenido.- Ecología

   Es el valor que nos hace considerar y actuar en favor de la protección del medio ambiente, los recursos naturales y toda forma de vida, incluyendo la propia.

   ¿Cuál es el resultado de la conciencia de este valor? Primeramente la solidaridad que debemos a nuestros semejantes, tal vez no está en nuestras posibilidad acudir al sitio de una catástrofe, pero si podemos contribuir en la protección de nuestra comunidad; paralelamente surge el respeto por las personas y la naturaleza, que son inseparables y dependientes entre sí. Dicho de otra forma, representa el compromiso personal por servir a los demás, procurando espacios limpios que faciliten un modo de vida digno para todos.  

   Actividades.- 

    1. Leer en voz alta el texto y hacer preguntas para comprobar la comprensión.

    2. Cada niño contesta individualmente a estas preguntas:

    a) ¿Cómo se comportaban los niños del pueblo blanco?

    b) ¿Qué hacían los del pueblo verde?

    c) ¿Cómo era la actuación de Marta?

    d) ¿Qué pretendía conseguir Marta?

    e) ¿Cómo vivieron al final todos los niños?

    f) ¿Qué podemos hacer para respetar a la naturaleza?

    g) ¿Qué podemos hacer para vivir en paz?

    3. Se hace una puesta en común haciendo dos listas con las contestaciones de las preguntas f) y g).
————-
Otros temas relacionados:
Ecología
Una jaula vacía
Plan de Formación
Diciembre

Enviar a un amigo

Anuncios