El problema del divorcio

   Cuando el Estado interviene en cuestiones familiares, muchos sienten una mezcla de inquietud y escepticismo, porque piensan en el hogar como en el gran santuario de la intimidad personal. Pero hay países con una larga tradición de prestaciones familiares, como Francia, que contribuyen de hecho a que el país esté en el pelotón de cabeza de la natalidad europea. Por eso, preocupa el crecimiento de la inestabilidad, una inquietud que comparten las autoridades religiosas y políticas. Acaban de hacerse públicos un informe parlamentario y una encuesta del Instituto Francés de la Opinión Pública (Ifop) sobre este tema.
   Ante el creciente número de divorcios, así como el incremento de familias monoparentales y “recompuestas”, con el consiguiente impacto en las vidas de los hijos y de la sociedad en general, los políticos se ven obligados a considerar cómo favorecer la estabilidad del matrimonio. Los dos partidos principales de Francia, el gubernamental UMP y el socialista (PS), están de acuerdo en los objetivos, pero difieren en las soluciones. La diferencia fundamental es que UMP propone revalorizar la institución del matrimonio, mientras que el PS no quiere decantarse por ningún modelo de conyugalidad.
   Las conclusiones del grupo parlamentario de trabajo “Familia”, animado por los diputados de UMP Anne Grommerch y Hervé Mariton, dedican buena parte de su reflexión al tema “Estabilidad y perennidad de la familia: un bien para la sociedad”. Presentan de modo agudo el contraste de la familia duradera con la monoparentalidad, origen y causa de pobreza, con un excesivo coste social.
   Francia tenía ya en 2006 unos dos millones de familias monoparentales o reconstituidas

   Coste social

   Las familias monoparentales –en su mayoría, madres solteras– requieren un mayor apoyo económico y laboral, así como para la organización de la vida familiar, especialmente, para el cuidado de los hijos. Y, como sucedió hace años en Estados Unidos, quieren replantear las ayudas familiares a las parejas monoparentales, para evitar el riesgo –el efecto “perverso”– de agravar la irresponsabilidad de los protagonistas.

   Otro factor negativo es el aumento de los divorcios y litigios acerca de la custodia de los hijos. Aunque puede parecer una exageración, los autores del informe parlamentario consideran que ese tipo de actuaciones judiciales suponen una carga cada vez más importante (ahora, en torno a un tercio) del presupuesto del ministerio de justicia. Según el INSEE (instituto estadístico), Francia tenía ya en 2006 unos dos millones de familias monoparentales o reconstituidas, y desde 2004 se producen más de 130.000 divorcios al año. Las familias monoparentales son ya el 19%, pero su tasa de pobreza se eleva al 46,2%, frente al 7% para el conjunto de ciudadanos.

   Propuestas para facilitar la estabilidad

   Pero, más importante que la descripción de los problemas son la treintena de propuestas para promover una familia duradera –aunque no las compartan todos los diputados de UMP–: la revalorización de la institución del matrimonio; el mantenimiento de las diferencias reales –también como fundamento de derechos– entre matrimonio, pacs y concubinato; la restauración de beneficios fiscales para los recién casados; el desarrollo de una política de apoyo a las uniones estables; el establecimiento de una especie de cursillos prematrimoniales en los ayuntamientos; la organización de cursos colectivos o individuales para las parejas que lo deseen, a fin de aportar pistas de reflexión para construir una convivencia duradera. En definitiva, se trataría de avanzar en la llamada terapia de pareja y en la mediación familiar, sin olvidar “el derecho del niño a tener dos padres de distinto sexo” (criterio decisivo para la adopción).

   También el PS quiere sostener las ayudas a las parejas, como declara Jean-Patrick Gille, secretario nacional para la familia, pero sin presentar como modelo la institución del matrimonio: “no le corresponde al Estado imponer una forma de conyugalidad”, dice. Debería atender fiscalmente a las diversas formas de unión: pacs, matrimonio, uniones libres. Más aún, considera que las ayudas deben prestarse en consideración al individuo –padre, hijos–, no de las relaciones humanas que establece o en las que participa. Según comenta Christine Legrand en La Croix (27 y 28-09-2011), antes de incluirse en el programa del PS esas propuestas tendrán que discutirse a fondo con las asociaciones familiares, que no parecen en principio muy favorables, justamente porque supondrían aceptar el proceso deconstructivo de la familia.

   Contradicciones y esperanzas en la opinión pública

   Los sondeos reflejan opiniones contradictorias: la familia es considerada elemento fundamental de felicidad y bienestar, pero la institución es afectiva, jurídica y económicamente cada vez más frágil; a la vez, las encuestas muestran la tendencia a rehusar o retrasar la asunción de compromisos definitivos.

   El sondeo realizado por el Instituto Francés de la Opinión Pública (Ifop) para La Croix y la Conferencia episcopal, manifiesta que el 77% de los interrogados –el 89% de los jóvenes entre 25 y 34 años– “desea construir una sola familia en su vida, permaneciendo con la misma persona”. Aunque sólo el 55% considera determinantes para su decisión las propuestas de política familiar del candidato a la presidencia en 2012.

   Son interesantes las razones –también a sensu contrario– que a juicio de los encuestados explicarían el incremento de rupturas familiares y divorcios: la gente se esfuerza menos para mantener la convivencia (50%); las mujeres trabajan más y son más independientes (43%; el argumento no es “sexista”, porque lo invoca el 50% de mujeres y sólo el 35% de varones); hay menos hipocresía, y la gente no se siente obligada a continuar juntos (36%); hay más dificultades prácticas en materia de vivienda y trabajo (33%); la sociedad es más tolerante con las separaciones (21%); se confunde amor con pasión (18%); es más complicada la educación de los hijos (14%); los medios de comunicación no prestigian el modelo de familia tradicional (11%).

   Entre las medidas que ayudarían a fortalecer a las parejas, se mencionan: un cambio global de las mentalidades (33%); una ayuda externa para que las parejas discutan sus problemas (28%); ayudas en materia de vivienda y conciliación de trabajo y familia (25%); acompañamientos efectivos al servicio de la educación de los hijos (17%); revaloración de la institución del matrimonio (15%); preparación previa para la vida en pareja y la asunción de compromisos (12%); que los medios de comunicación den una imagen de felicidad en la vida familiar (12%).

   En síntesis, se advierte un criterio casi unánime acerca del beneficio que supone para la sociedad la estabilidad de las parejas. La cuestión está en cómo mejorar las ayudas de diverso tipo para lograr que efectivamente la familia dure en el tiempo, superando las dificultades.

   Por Salvador Bernal. 30-IX-2011. Con la autorización de: www.aceprensa.com
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