Valores

   La crisis económica que vivimos es sin duda la peor desde el Plan de Estabilización de 1959, y lo más grave de todo es que no se percibe un horizonte de salida. Todo ello hace que absorba nuestras energías y centre todas las preocupaciones de los ciudadanos. Las encuestas son rotundas: no sólo el paro ocupa el primer lugar con unas cifras abrumadoras entre los problemas de los ciudadanos, sino que le sigue a distancia pero con firmeza la situación de la economía en este ranking de desgracias.

   Pero, una sociedad que viva obsesivamente en torno al problema y a la crítica sin ser capaz de presentar soluciones, pequeñas o grandes, está abocada a no salir de ella. No debemos dejar que la crisis lo devore todo.

   Dos apuntes de respuestas posibles que ni mucho menos agotan la cuestión. Uno, la difusión de iniciativas empresariales, sociales, de todo tipo, que permitan constatar de manera concreta que se puede hacer más, mucho más, de lo que actualmente se hace. Es el momento de la creatividad, de la capacidad de poner todos los recursos de la sociedad para encontrar proyectos, acciones, que aunque sea en una medida mínima mejoren la situación. En definitiva, la lluvia no es nada más que una suma de gotas de agua. Se trata de impulsar precisamente la formación de estas gotas.

   La otra cuestión tiene una importancia decisiva. Podemos salir de esta crisis mucho mejor de lo que hemos entrado, en aquello que importa, en conciencia humana, en sentido religioso. Para ello, es necesario que seamos capaces de llevar a la sociedad la consecuencia de un hecho para el que existe un gran consenso. La inmensa mayoría está de acuerdo en que la raíz de esta crisis económica es moral. Estamos ante una crisis moral.

   Bien, hay que dar un paso más, llevar a preguntarnos y preguntar qué significa esto. Y la respuesta es la incapacidad para discernir el bien, la justicia, lo necesario. Nuestra sociedad carece de estas capacidades. Es la oportunidad para ofrecérselas, de manera razonada y razonable, y conseguir de esta forma iniciar la transformación de unos marcos de referencia, los de esta sociedad desvinculada, la del relativismo, la ideología de género, el laicismo de la exclusión religiosa, el cientificismo, que nos ha llevado a esta catástrofe. Una sociedad donde el materialismo teórico minoritario ha propiciado el materialismo práctico auspiciado por la conversión de un instrumento, el mercado, en un nuevo tótem de la época. Podemos cambiar todo eso si somos capaces de enfocar esta situación en términos de un debate moral.

   Con la autorización de: www.forumlibertas.com
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