El Papa

   Con motivo de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Madrid en agosto de 2011, Benedicto XVI ha escrito un mensaje a los jóvenes en el que les invita a vivir “arraigados” en Cristo y en la fe frente a las incertidumbres de una cultura que no se decide a tomar partido por unos valores sólidos.

   En un momento en que Europa ha abandonado en buena medida sus raíces cristianas, el Papa ha escogido como lema para esta Jornada unas palabras de la carta de san Pablo a los colosenses: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (Col. 2, 7).

   “Os invito a este evento tan importante para la Iglesia en Europa y para la Iglesia universal. Además, quisiera que todos los jóvenes, tanto los que comparten nuestra fe, como los que vacilan, dudan o no creen, puedan vivir esta experiencia, que puede ser decisiva para la vida: la experiencia del Señor Jesús resucitado y vivo, y de su amor por cada uno de nosotros”.

   Una vida más grande

   Como en cualquier época, muchos jóvenes de hoy “manifiestan la aspiración de construir relaciones auténticas de amistad, de conocer el verdadero amor, de fundar una familia unida, de adquirir una estabilidad personal y una seguridad real, que puedan garantizar un futuro sereno y feliz”.

   Si bien el futuro profesional es una de las cuestiones que inquietan a los jóvenes, no es la más decisiva. “Desear algo más que la cotidianidad regular de un empleo seguro y sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito”.

   En esa búsqueda hacia la plenitud y la alegría, Benedicto XVI anima a los jóvenes a construir su vida sobre raíces profundas. “El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con las modas del momento”.

   Cristo, en el centro

   Para glosar la importancia de la fe en la vida de los creyentes, el Papa acude al lema de la Jornada: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe”. “Aquí podemos distinguir tres imágenes: ‘arraigado’ evoca el árbol y las raíces que lo alimentan; ‘edificado’ se refiere a la construcción; ‘firme’ alude al crecimiento de la fuerza física o moral”. Lo más significativo del lema –añade el Papa– es que “es Cristo mismo quien toma la iniciativa de arraigar, edificar y hacer firmes a los creyentes”.

   La primera imagen es la del árbol, sólidamente arraigado en el suelo. “¿Cuáles son nuestras raíces? Naturalmente, los padres, la familia y la cultura de nuestro país son un componente muy importante de nuestra identidad. La Biblia nos muestra otra más. (…) Echar raíces, para el profeta [Jeremías], significa volver a poner su confianza en Dios”.

   “Por ello, la fe cristiana no es sólo creer en la verdad, sino sobre todo una relación personal con Jesucristo. El encuentro con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nuevo a toda la existencia. Cuando comenzamos a tener una relación personal con Él, Cristo nos revela nuestra identidad y, con su amistad, la vida crece y se realiza en plenitud”.

   La imagen del edificio en construcción sirve al Papa para recordar la exigencia de encontrar fundamentos válidos, para que la casa sea sólida y segura. “Mediante la fe, estamos arraigados en Cristo (Col 2, 7), así como una casa está construida sobre los cimientos”.

   Construir la casa sobre roca significa vivir anclado en la Palabra de Dios y en la fe recibida. “No creáis a los que os digan que no necesitáis a los demás para construir vuestra vida. Apoyaos, en cambio, en la fe de vuestros seres queridos, en la fe de la Iglesia, y agradeced al Señor el haberla recibido y haberla hecho vuestra”.

   Un mundo sin Dios

   Al igual que en la ciudad de Colosas, advierte el Papa, la fe cristiana puede debilitarse por la influencia de ciertas tendencias culturales. “En efecto, hay una fuerte corriente de pensamiento laicista que quiere apartar a Dios de la vida de las personas y la sociedad, planteando e intentando crear un ‘paraíso’ sin Él”.

   “Pero la experiencia enseña que el mundo sin Dios se convierte en un ‘infierno’, donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza”.

   Frente a la disolución de un mundo sin Dios, incapaz de responder a las aspiraciones del corazón del hombre, Benedicto XVI invita a los jóvenes “a acoger la cruz de Jesús, signo del amor de Dios, como fuente de vida nueva. Sin Cristo, muerto y resucitado, no hay salvación. Sólo Él puede liberar al mundo del mal y hacer crecer el Reino de la justicia, la paz y el amor, al que todos aspiramos”.    La fe de la Iglesia    La relación de profunda amistad con Cristo es sostenida por la fe de la Iglesia. “En los Sacramentos, Él se nos acerca en modo particular, se nos entrega. Queridos jóvenes, aprended a ‘ver’, a ‘encontrar’ a Jesús en la Eucaristía, donde está presente y cercano hasta entregarse como alimento para nuestro camino; en el Sacramento de la Penitencia, donde el Señor manifiesta su misericordia ofreciéndonos siempre su perdón. Reconoced y servid a Jesús también en los pobres y enfermos, en los hermanos que están en dificultad y necesitan ayuda”.

   “Entablad y cultivad un diálogo personal con Jesucristo, en la fe. Conocedle mediante la lectura de los Evangelios y del Catecismo de la Iglesia Católica; hablad con Él en la oración, confiad en Él. Nunca os traicionará”.

      Al conectar la búsqueda de Cristo con la fe de la Iglesia, el Papa previene contra el engaño de construirse un Jesús privado que todo lo aprueba y lo bendice. “Comprendemos ahora que nuestra fe personal en Cristo, nacida del diálogo con Él, está vinculada a la fe de la Iglesia: no somos creyentes aislados”.

   Y concluye: “Queridos jóvenes, la Iglesia cuenta con vosotros. Necesita vuestra fe viva, vuestra caridad creativa y el dinamismo de vuestra esperanza. Vuestra presencia renueva la Iglesia, la rejuvenece y le da un nuevo impulso. Por ello, las Jornadas Mundiales de la Juventud son una gracia no sólo para vosotros, sino para todo el Pueblo de Dios”.

   Con la autorización de: www.aceprensa.com 4-IX-2010
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