Relatos

   Tiempos de libros de auto-ayuda y «personal trainer», carísimos, por cierto. En el ámbito de la dirección de empresas causó furor el libro de Stephen R. Covey: «Los siete hábitos de las personas altamente efectivas». Marcel de Aggie Catholics propone una adaptación de los hábitos de Covey, el tradicional «plan de vida cristina», ascesis de la buena, para querer más al Señor, no para «ser mejores», que no es lo mismo.

    Que lo disfruten, me limito a traducir, aunque cada uno de ellos daría para tratar extensamente:

   Hábito 1: Vida sacramental con más regularidad

   Desde luego la misa dominical. Pero para ser eficaz también debes participar regularmente de la confesión habitual (una vez al mes es un buen comienzo) y cuando sea posible de la misa diaria. También podemos incluir en este epígrafe la Adoración al Santísimo Sacramento.

   Hábito 2: Sumergirse en la oración

   La oración es el vínculo entre Dios y el hombre. No se puede esperar ser buen católico si no estamos en continua relación personal con Dios. El fundamento de esta relación es una vida de oración personal diaria.

   Hábito 3: Construir la virtud, desenraizar el vicio

   ¿Qué virtudes nos faltan? En estas nos tenemos que centrar. Elige una de las virtudes en las que detectes que flaqueas y trabaja en ella. Si mejoramos en esa virtud, por lo general, mejoramos en todas las demás. En paralelo trabaja por erradicar un vicio que tengas asentado, en especial aquellos que no puedes controlar con regularidad.

   Hábito 4: Conoce las Escrituras y las enseñanzas de la Iglesia.

   Cuanto más sabemos acerca de Cristo y su Iglesia, más se acrecentará nuestro amor. Cuanto más conozcamos más lo podremos aplicar a nuestra vida. Eso sí, es conveniente que nos formemos bien, para saber lo que realmente lo enseñado, no lo que nosotros creemos que enseñan. Desde luego es un proceso que durará toda nuestra vida.

   Hábito 5: Actúa alegre sin importar las circunstancias

   Es fácil decirlo pero no hacerlo. La alegría es una actitud (virtud) no un sentimiento. No hay que confundir alegría con momentos de felicidad terrena que van y vienen. Podemos ejercitar la alegría con actos de la voluntad, siempre contando con la gracia. ¿Cómo podría la Madre Teresa de Calcuta servir a los más pobre entre los pobres, a pesar de que sufría profundamente en su alma? Con alegría.

   Hábito 6: Dirección espiritual

   Debemos vivir en un constante estado de discernimiento preguntándonos: ¿qué quiere Dios de mí ahora? Esto supone vivir en todo momento con los ojos puestos en corresponder a la gracia y distinguir lo que es nuestra voluntad de lo que es la voluntad de Dios. Un buen director espiritual tiene un valor incalculable para lograr esto. Es un observador objetivo de nuestra vida y de los mociones del Espíritu Santo.

   Hábito 7: Compartir la fe

   Hay que evitar el egoísmo de que algo tan preciado como el tesoro la verdad, la bondad y la belleza de Cristo se quede en nosotros mismos. Los católicos han de evangelizar de modo natural a través de sus palabras y hechos a todos. El papa Pablo VI dijo que la Iglesia «existe para evangelizar»

   Entiendo que no sean unos ‘hábitos’ políticamente correctos. Pero así son las cosas, ya estaba todo inventado. Echo en falta referencia explícita al trato con la Virgen, pero lo supongo incluido en varios hábitos. Ahora viene lo difícil, ponerlos en práctica

   Por Juan José Romero. Original de: www.conoze.com
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