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   Los primeros años de vida de nuestro hijo son los más importantes y decisivos. ¡Aprenderá más en dos años que un universitario durante toda su carrera! Explorar significa mucho más que aprender. Significa descubrir, investigar, madurar, adaptarse a un entorno y, en definitiva, desarrollar la inteligencia. Y nosotros tenemos la oportunidad de ofrecerle todo un mundo de sensaciones.

   Nuestro hijo aún no tiene dos años. Es un bebé muy despierto que se interesa por todo lo que ve. A veces, le dejamos coger nuestras llaves y queda cautivado por los reflejos de la luz en el metal o por el sonido que hacen al caer al suelo. ¿Qué interés puede tener unas llaves? Para nuestro hijo, todo lo que pueda hacer con ellas le ayudará a desarrollar su inteligencia.

   Nuestro pequeño ha nacido dotado de un conjunto de reflejos que, a medida que vaya creciendo, darán lugar a actos voluntarios que le ayudaran a conocer su entorno y ser más autónomo (coger juguetes, tomar solo el biberón…). Para descubrir y, por lo tanto, conocer, madurar y adaptarse a su entorno necesita manipular, oler, escuchar…experimentar por sí mismo, equivocarse y aprender de los errores…¡investigar!.

   Durante los dos primeros años de vida, va a realizar proezas que nunca más repetirá. Será capaz de pasar de ser un ser prácticamente indefenso a una persona que anda, corre y se comunica sin necesidad de que nosotros le ayudemos. Habrá explorado el mundo que le rodea utilizando sus sentidos. Tocando, observando, oliendo, probando y escuchando llegará a conocer e intervenir en su mundo más inmediato. El aprendizaje resultado de estos descubrimientos le permitirán estructurar su mente y progresar en su desarrollo.

   ¿Qué podemos hacer nosotros?

   Debemos proporcionarle un ambiente rico en estímulos, donde nuestro hijo pueda explorar, y así conocer:
· Colores (rojo, amarillo, azul, etc…)
· Formas (cuadrado, redondo, triángulo, etc…)
· Texturas (suave, rugoso, áspero, etc…)
· Tamaños (grande, pequeño, etc…)
· Materiales (plástico, látex, madera, metal, tela, lana, etc…)
· Gustos (salado, dulce, etc…)
· Olores ( fresa, agua del mar, etc…)
· Sonidos (canto de pájaros, sonido de objetos que caen, cascabeles, campanillas, etc…)

   Aunque nos parezca extraño empieza a aprender conceptos lógico-formales a través de la exploración de los tamaños, las formas, etc., y de las relaciones que existen entre ellos.

   Es importante ofrecerle un lugar tranquilo y tiempo para explorar, observándole desde lejos, sin intervenir. Los momentos de exploración y de investigación son del niño y de las cosas que esta a punto de descubrir, no de los padres que acostumbramos a poner límites para que hagan lo que nosotros creemos que es importante.

   Por ejemplo, si le damos un puzzle y nos empeñamos en que coloque las piezas, nuestro hijo probablemente se las lleve a la boca o las tire. ¿Está haciéndolo mal? No. Si pudiese hablar, probablemente nos diría: ” Estos juegos todavía no me interesan, antes hay otras cosas que quiero hacer”. Y lo que quiere hacer es explorar.

   Las prohibiciones constantes obstaculizan su curiosidad y frenan sus ansias de exploración y, por tanto, de progreso. Es una etapa caracterizada por la actividad y debemos tenerlo en cuenta para no abusar del tajante “no”. Permitamos que se arriesgue, que descubra y que se equivoque para poder buscar soluciones por sí mismo. Adoptemos una actitud vigilante (seguridad en casa) sin sobreprotegerlo, animándole a superar pequeños desafíos y a confiar en sus propias capacidades.

   Aprovechemos esta curiosidad innata y proporcionemos actividades adaptadas a su edad.

   Sonia Martínez García. Psicóloga y educadora infantil

   Con la autorización de: www.solohijos.com
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