Benedicto XVI

   Belleza, Bondad y Verdad, herramientas para evangelizar. Benedicto XVI

   Hoy traigo un fragmento del mensaje que Benedicto XVI envió al Presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, el arzobispo Gianfranco Ravasi, y a los participantes en la XIII Sesión pública de las Academias Pontificias con el tema “Universalidad de la belleza: estética y ética al contraste”, el 25 de noviembre del 2008.

   ¿Por qué traigo este fragmento? Principalmente porque nos ayuda a reflexionar sobre la proporción y el equilibrio que los cristianos debemos tener en nuestra vida cotidiana y en la manera que damos testimonio de nuestra fe.

   “La necesidad y urgencia de un renovado diálogo entre estética y ética, entre belleza, verdad y bondad, nos es vuelto a proponer no sólo por el actual debate cultural y artístico, sino también por la realidad cotidiana. A diversos niveles, de hecho, emerge dramáticamente la separación, e incluso la confrontación, entre las dos dimensiones, la de la búsqueda de la belleza, comprendida aunque reductivamente como forma exterior, como apariencia que perseguir a toda costa, y la de la verdad y la bondad de las acciones que se llevan a cabo para realizar un fin.”

   ¿Puede existir belleza sin bondad y verdad? Sin duda, pero es una belleza diabólica. Diabólica, porque nos transmite vacío en cuanto a sentido (verdad) y vacío en cuanto a lo que nos relaciona sinceramente con los demás (caridad, bondad). Es una belleza que nos rompe por dentro y nos desequilibra. Olvidamos la meta real de nuestra peregrinación, quedándonos petrificados y vacíos. Lo terrible es que esta belleza sin verdad y bondad, termina por destruirnos, ya que sólo puede ser una apariencia efímera que nos deja vacíos y ansiosos cuando desaparece. La belleza antigua, a la que San Agustín se refiere no es la belleza desprovista de verdad y bondad que persiguió toda su vida, sino la belleza que trae consigo la Verdad y la Bondad de Dios.

   “¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y ves que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo mas yo no lo estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y abráseme en tu paz.” (San Agustin, Las Confesiones)

   Benedicto XVI nos muestra el gran engaño que supone separar Belleza, Verdad y Bondad. Un gran engaño que parte de trocear y decidir qué es más importante, desechando todo lo demás.

   “De hecho, una búsqueda de la belleza que fuese extraña o separada de la búsqueda humana de la verdad y de la bondad se transformaría, como por desgracia sucede, en mero estetismo, y sobre todo para los más jóvenes, en un itinerario que desemboca en lo efímero, en la apariencia banal y superficial, o incluso en una fuga hacia paraísos artificiales, que enmascaran y esconden el vacío y la inconsistencia interior. Esta búsqueda aparente y superficial ciertamente no tendría una inspiración universal, sino que resultaría inevitablemente del todo subjetiva, sino incluso individualista, para terminar quizás incluso en la incomunicabilidad.”

   Miremos nuestra sociedad actual y pensemos qué es lo que ha producido tanta tristeza, ruptura, desafección y pobreza. Sin duda una de las causas de todo este desbarajuste de crisis económica y de valores, proviene de separar belleza, bondad y verdad. Hemos aceptado la verdad es independiente de la bondad y los científicos e intelectuales se han dedicado medir analíticamente el ser humano y lo que le rodea. Hoy en día, lacalidad de vida se mide a través de parámetros basados en secciones inconexas e independientes de lo que somos. Se supone que si tenemos trabajo, casa y televisión, somos personas felices. ¿Es esto razonable? Sin duda hemos perdido la sentido de lo que somos y la vida que vivimos.

   “… debemos mirar a una razón muy amplia, en la que el corazón y la razón se encuentran, belleza y verdad se tocan. Si este empeño es válido para todos, lo es aún más para el creyente, para el discípulo de Cristo, llamado por el Señor a “dar razón” a todos de la belleza y de la verdad de la propia fe. Nos lo recuerda el Evangelio de Mateo, en el que leemos la llamada dirigida por Jesús a sus discípulos: “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5,16).”

   Mirando ahora a la Iglesia, la tendendencia analítica nos arrastra con frecuencia a elaborar planes y organizar actividades puntuales, que estando bien, necesitan de un equilibrio completo. Muchos creyentes ya se preguntan si su fe se transmite por medio de shows mediáticos o por medio del testimonio personal.

   “Nuestro testimonio, por tanto, debe nutrirse de esta belleza, nuestro anuncio del Evangelio debe percibirse en su belleza y bondad, y por ello es necesario saber comunicar con el lenguaje de las imágenes y de los símbolos; nuestra misión cotidiana debe convertirse en elocuencia transparente del amor de Dios para alcanzar eficazmente a nuestros contemporáneos, a menudo distraídos y absorbidos por un clima cultural no siempre propenso a acoger una belleza en plena armonía con la verdad y a bondad, pero siempre deseosos y nostálgicos de una belleza auténtica, no superficial y efímera.”

   Nos preguntamos cómo vencer las inercias y los prejuicios que la sociedad tiene sobre nosotros. Si proclamamos la verdad sin bondad ni belleza ¿Quién podrá sorprenderse e interesarse por lo que comunicamos? Si somos buenos, pero con una bondad relativista que desecha la verdad y la belleza ¿Qué sentido tendrá el testimonio de nuestra caridad? Si realizamos cualquier obra humana y la dotamos de una belleza sin mensaje verdadero y sin bondad intrínseca ¿Quién podrá sentirse interpelado por este testimonio?

   Sin duda, las palabras del Papa merecen una atenta y sosegada reflexión. La Nueva Evangelización depende de que seamos capaces de penetrar en el reducto amurallado del corazón de quienes nos rodean.
Benedicto XVI.   Religion en Libertad. Original de: www.religionenlibertad.com
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