La alegría de los hijos

   Tu hijo debe ingresar en un hospital, tiene miedo y repite la pregunta con insistencia. La hospitalización supone muchos cambios de golpe. El niño se encuentra en un entorno extraño, con nuevas rutinas y personas que no conoce, y eso le hace sentirse solo e inseguro. La estancia puede convertirse en una experiencia traumática que genere estrés y ansiedad. Por eso es muy importante preparar a nuestro hijo para esta nueva situación.

   ¿Cómo se siente nuestro hijo en un entorno extraño como es un hospital?

   La reacción de nuestro hijo ante el hecho de tener que ser hospitalizado no siempre ha de ser estresante. Dependerá del tipo de diagnóstico médico, el tiempo de hospitalización, la edad, la personalidad, las experiencias médicas previas, la forma de afrontar la hospitalización y la operación en caso de haberla, etc.

   Nuestro hijo va a vivir en un entorno que no le es familiar donde las normas, las rutinas y la gente son totalmente diferentes a lo que él está acostumbrado. Siente dolor y malestar. No tiene intimidad. Está alejado de su familia. Se siente inseguro y temeroso, sobretodo, debido al desconocimiento de lo que va a pasar. Tendrá que ir asumiendo poco a poco estos cambios y acostumbrarse al hecho de que otras personas le van a cuidar. Acostumbrarse a no tener su propia rutina, a no disfrutar de sus cosas, a nuevas comidas y a horarios estrictos…

   ¿Qué factores pueden provocar estrés durante una hospitalización?

· La separación de los padres y del resto de la familia suele ser el motivo de estrés que más incide en nuestro hijo cuando ha de ser hospitalizado. Debemos intentar, siempre que sea posible, que nos vea unidos y que sienta la estabilidad familiar. Sin duda alguna, nuestra presencia es de vital importancia durante todo el proceso de hospitalización. Intentemos dedicar todo el tiempo que podamos a estar con él, apoyándolo y animándolo. No caigamos en la “sobreprotección” para no interferir en su tratamiento y hacer que se acostumbre a ser el centro de nuestra atención. Esta actitud excesivamente protectora puede alterar la relación de nuestro hijo con las personas del hospital que le cuidan (doctores, enfermeras…), que lo consideran como un paciente más, y puede hacerle reaccionar con una actitud de rechazo por considerar que no le prestan una atención especial.

· Las creencias y miedos que nuestros hijos tienen sobre la situación y procedimientos médicos influyen directamente a la hora de interpretar una situación como dolorosa o no. Por ejemplo, los adultos consideramos dolorosa una inyección pero no consideramos dolorosa una radiografía o un electrocardiograma. Sin embargo, para nuestro hijo supone la misma angustia una cosa que otra. Debemos tenerlo en cuenta para comprender que no sólo el dolor físico puede generar estrés y asustar a nuestro hijo. Es importante que le expliquemos a nuestro hijo qué es exactamente lo que le van a hacer.

· Las indicaciones médicas también supondrán un cambio importante en el comportamiento del niño. El descanso en cama impuesto, el tener que disminuir el nivel de actividad al que está acostumbrado, los medicamentos… suponen un esfuerzo importante a realizar sobre todo si él no nota excesivo malestar físico.

· No hablar con nuestro hijo sobre el tema fomenta interpretaciones erróneas sobre la situación generando respuestas de ansiedad y estrés. Será necesario que informemos y preparemos psicológicamente a nuestro hijo antes del ingreso en el hospital. Será conveniente que no tratemos el tema mucho antes de que la hospitalización real tenga lugar, ya que de lo contrario, anticiparemos demasiado la situación y generaremos ansiedad antes de que llegue el momento.

· A veces, el hecho de hospitalizar a un hijo puede significar una crisis para toda la familia y no sólo para él. La ansiedad que expresamos los padres ante la preocupación por el estado de salud de nuestro hijo, aunque no sea explícita, es otro de los factores que genera estrés en el niño. Diversos estudios manifiestan que si a los adultos se nos ayuda y enseña a controlar nuestros miedos y ansiedades, evitaremos transmitírselos a nuestro hijo.

· Algunos autores afirman que el niño hospitalizado, sobre todo si es pequeño, puede sentir miedo a morir aunque esta sensación no obedezca a la situación real en la que se encuentra el niño. Esta idea puede dificultar la adaptación de nuestro hijo y ser motivo de estrés. Por ejemplo, niños a los que les explican que durante la operación van estar en un “sueño especial” piensan que no van a poder despertarse nunca más. O aquellos otros que piensan que cualquier manipulación quirúrgica de su cuerpo es un acto agresivo que puede causarle la muerte. Probablemente, si hablamos con él podremos llegar a descubrir otros miedos que están presentes en el pensamiento de nuestro hijo y no son tan evidentes para nosotros.

   ¿Cómo preparar psicológicamente a nuestro hijo para un ingreso hospitalario?

   Actualmente, existen centros psicológicos y hospitalarios que aplican diversas técnicas para preparar psicológicamente a los niños que van a ser hospitalizados, así como a sus padres.

· Programas de relajación muscular y respiración profunda. Es interesante el método que proponen Kendall y Braswell (1986), citados en el libro El niño hospitalizado, denominado “robot – muñeco de trapo” que se utiliza con niños menores de siete años en el que se pretende enseñar y practicar lo que significa estar tenso y relajado mediante la imitación primero de un robot (rígido y tenso) y luego de un muñeco de trapo (flexible y relajado).

· Imaginación-distracción. Se pide al niño que imagine una escena tranquila que lo haga sentirse bien y feliz. A continuación, describe dicha escena y se intenta evaluar su capacidad para crear y mantener imágenes mentales. De esta manera se pretende que cuando el niño sienta ansiedad sea capaz de pensar y centrar su atención en situaciones que le resulten agradables. Otras veces imagina un héroe para que en situaciones estresantes piense en él.

· Autoinstrucciones. Partiendo de la idea de que nuestro lenguaje interior tiene un efecto directo sobre nuestro comportamiento, se enseñan al niño frases que pretenden darle el valor necesario para enfrentarse a las situaciones que le producen temor y ansiedad. Algunos ejemplos de autoinstrucciones serían: “puedo entrar yo solo”, “no voy a tener miedo”, “me siento muy tranquilo”, “no me preocuparé”, “pronto habrá pasado todo”…

· Actividades de juego. El juego tiene un papel importante en el desarrollo emocional, en la formación del pensamiento, en el aspecto social y físico del niño. Como tal, también se utiliza en los escenarios hospitalarios ya no sólo como diversión durante el tiempo en que el niño está hospitalizado, sino como forma alternativa para poder expresar los miedos, preocupaciones y ansiedades que se experimentan.

   Una buena adaptación a la nueva situación de hospitalización puede producir en nuestro hijo unos beneficios no sólo psicológicos sino también físicos. Ofreciéndole apoyo emocional y la información adecuada podemos suavizar su estrés e, incluso, ayudarlo a una pronta recuperación.

   Susana Silvestre Boguñá. Licenciada en Psicología

   Con la autorización de: www.solohijos.com
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