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   ¿Te has levantado alguna vez a medianoche y has encontrado a tu hijo caminando dormido? Primero, el susto, y después la certeza: tienes un hijo sonámbulo. Lo acompañas a la cama y al día siguiente no recuerda nada. Has oído hablar mucho sobre los sonámbulos, que no se les puede despertar, que pueden hacerse daño… pero en realidad no sabes cómo actuar en un caso así. ¿Es el sonambulismo un problema?

   Estamos cansados de ver sonámbulos en las películas, siempre con los brazos extendidos, y en muchas ocasiones caminando sobre un tejado, una viga suspendida en el aire o cualquier otro lugar de riesgo. La realidad es mucho más simple y, afortunadamente, menos peligrosa. Aunque el imaginario popular identifica al sonámbulo con situaciones de riesgo, es muy difícil que se haga daño.

   El sonambulismo es una manifestación del sueño que no implica trascendencia clínica. Es muy común entre los niños, ya que afecta a un 10 o 15%. Una forma de identificar si nuestro hijo es sonámbulo es comprobar cuál es su actuación cuando se levanta por la noche, por ejemplo, si se levanta a hacer pipí y en lugar de hacerlo en la taza del water lo hace en el bidé, en la bañera o en el suelo. En ese caso u otros similares en los que nos sorprenda su actuación, no le riñamos por su conducta: él no se da cuenta de lo que hace ni recordará nada de lo sucedido.

   La manifestación más frecuente del sonambulismo es caminar dormido, aunque también se pueden dar episodios en los que la acción del sonámbulo sea simplemente encender la luz de la habitación o sentarse en la cama. Cuando nuestro hijo se levanta sonámbulo de su cama, hemos de pensar que, por fortuna, se encuentra en un espacio familiar y que curiosamente mantiene los ojos abiertos y ve por dónde va, por lo que puede evitar la colisión con los objetos.

   Nuestro hijo estará profundamente dormido (el sueño profundo suele acontecer entorno a las 3 o 4 primeras horas de sueño), y pese a ello será capaz de realizar acciones espontáneas (no necesita pararse a pensar en ellas porque las ha hecho mil veces) como lavarse las manos o cambiarse de ropa, de manera totalmente inconsciente.

   Está comprobado que existe una tendencia al sonambulismo en algunas familias, lo que indica una probable base genética. No hay una edad de inicio por la que nos podamos guiar, en cambio sí podemos decir que, generalmente, tiende a desaparecer entre los 7 y los 14 años. La incidencia en ambos sexos es más o menos la misma, aunque ligeramente superior en los varones.

   En ocasiones se asocia el sonambulismo con los terrores nocturnos y la enuresis nocturna (orinarse en la cama), aunque eso no significa que nuestro hijo vaya a sufrir alguno de estos trastornos.

   ¿Qué hacer con un niño sonámbulo? Ante todo, no despertarlo, ya que podríamos crearle una situación de desconcierto y angustia. Basta con acompañarlo a su cama y adoptar una serie de medidas preventivas, como puede ser cerrar con llave la puerta de casa o asegurar las ventanas. En cualquier caso, no debemos inquietarnos demasiado: las conductas que puede realizar un sonámbulo son sólo aquellas que tiene automatizadas. Un sonámbulo puede abrir la puerta de casa y salir a la calle, pero si la puerta está cerrada, lo que no hará nunca será ponerse a buscar la llave o saltar por una ventana porque estas conductas no las tiene aprendidas.

   Ciara Molina García. Licenciada en Psicología

   Con la autorización de: www.solohijos.com
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