Relatos

   El pasado 13 de mayo, La 1 de Televisión Española dedicó el programa “Tenemos que hablar” al fenómeno de las sectas. El ‘talk show’ presentado por Ana García Lozano contó, como es habitual en este tipo de programas, con la presencia de diversos afectados por las sectas, grupos que “siguen aprovechando la inestabilidad de los más débiles para atraerles con falsas promesas”, según señaló la presentadora para introducir la entrega del espacio que se titulaba “Captados por una secta”.

   Un ex-testigo de Jehová

   El primero de los invitados fue Diego Hidalgo, ex-adepto de los testigos de Jehová y actualmente en la asociación Liberados. Cuando tenía 16 años fue atraído por el movimiento, ya que estaba interesado en temas espirituales, y a través de un estudio bíblico se hizo testigo de Jehová, y logró arrastrar a su novia. “Ir entrando poco a poco en un lugar que te parece maravilloso, con una serie de promesas”, así resumió su entrada en la secta, aclarando que “todos los que no son testigos de Jehová morirán en el Armagedón para siempre. La alternativa es: o testigo de Jehová o muerte”.

   La secta reclamaba de Diego “tiempo y trabajo”, para ayudar a la gente a salvarse, y dedicó durante gran parte de su vida 3 horas diarias al proselitismo (el llamado precursorado regular, que implica 90 horas al mes). La razón de abandonar la secta, según explicó ante las cámaras, fue que al crecer en el conocimiento bíblico, descubrió cómo “muchas doctrinas no cuadran con lo que tú lees en la Biblia… cuando no sabes nada, es muy fácil manipularte, pero si te gusta estudiar, llega un momento en el que tienes ideas propias, algo contra lo que la secta advierte mucho: cuidado con el pensamiento independiente”.

   Este ex-adepto explicó también el funcionamiento económico del grupo, tanto en lo referente a la venta de publicaciones para los mismos miembros como en lo relativo a la compra y propiedad de los Salones del Reino. Preguntado por la presentadora si le habría negado una transfusión de sangre a una de sus hijas, contestó sin dudarlo: “sí, se la habría negado… no lo habría dudado cuando estaba dentro de la secta”. De hecho, estuvo en la cárcel por rechazar el servicio sustitutorio obligatorio ofrecido por el Estado en lugar del servicio militar.

   Tras el testimonio de Diego Hidalgo, hablaron las dos personas llamadas por el programa en calidad de expertos. El periodista y ahora doctor en Psicología Pepe Rodríguez dijo que “la crisis nos hace más vulnerables cuando ya somos vulnerables, empeora lo que ya no estaba bien”, poniendo así el acento en la responsabilidad de las personas captadas, en su perfil de personalidad, más que en la acción de las propias sectas, como viene haciendo desde hace unos años. Laura García Agustín, también psicóloga, abundó en la vulnerabilidad para decir que “todos podemos ser captados por sectas”.

   Amalurra y el fraude de lo espiritual

   La siguiente invitada fue Maite Calzacorta, que entró en Amalurra, la secta vasca liderada por Irene Goikolea, una mujer que daba reiki y hacía terapias, y poco a poco fue entrando en una dinámica de manipulación. “Me dijo que yo era ‘canal’, que podía contactar con los Maestros, y me dio un lugar al lado de ella”, comentó. “Lo que nos prometió es que íbamos a romper con nuestra vida vieja… y claro, si tú rompes con la familia y con los amigos, al final eres completamente vulnerable, porque sólo tienes al grupo”.

   Los familiares de algunos adeptos pudieron denunciar a la gurú por el uso de peyote, una droga alucinógena, dentro de la secta en una serie de ceremonias chamánicas. Fue el único resquicio que encontraron para actuar ante la Justicia contra la secta. Los adeptos habían comprado un terreno, además, que es donde se encuentran actualmente las instalaciones del grupo, que también se ha extendido hasta Granada y Barcelona.

   Maite, que estuvo 15 años en la secta, afirmó que la única que aumentó su patrimonio en el grupo fue la líder, ya que todos los demás miembros financiaban todas sus actividades, hasta su teléfono móvil y su seguridad social. Ahora mismo Goikolea se encuentra en California haciendo estudios de Psicología pagados también por sus adeptos. La invitada administra un blog en el que revela los aspectos menos conocidos de la secta Amalurra.

   Perdió a su hija en los Niños de Dios

   La tercera participante en el programa fue la madrileña Mercedes Montenegro, muy habitual desde hace años en estos espacios, ya que su hija fue captada con 15 años por los Niños de Dios, que le parecieron “una gente estupenda”. Cuando intentó que su hija no tuviera relación con la secta, los miembros acentuaron su control y consiguieron que al final se fuera de casa, justamente cuando cumplió los 18 años: se fue al instituto con todas sus cosas y no volvió.

   Mercedes contó con detalle las peripecias que vivieron su marido y ella en la búsqueda de su hija, acudiendo a todo el mundo. Ahora tiene 51 años, y la ha visto escasas veces desde entonces, como cuando la trajo el programa “¿Quién sabe dónde?”, presentado por Paco Lobatón en los años 90 en Televisión Española. Cada vez que viene, no cuenta mucho de su vida. Se trata de una secta que practica el “amor libre”, y lo único que han cambiado, por el SIDA, es “el ir a los hoteles de lujo para ‘cazar’ a gente de dinero y llevárselos a la cama y conseguir un favor, dinero o lo que fuera”.

   Remar: la polémica de un movimiento evangélico

   El siguiente invitado fue presentado como uno de los antiguos responsables de Remar en Andalucía. A las pocas horas de la emisión del programa, el medio Protestante Digital se hacía eco críticamente de esta inclusión de una organización evangélica en el programa, señalando que al llegar a la mitad del programa se dio paso a David Rodriguez, un hombre que salió de la “secta Remar”, donde le “comieron el coco”, según contó.

   Ataviado con gafas de sol para “proteger su identidad”, según contó la presentadora, David dijo que entró en Remar para su rehabilitación. Allí estuvo durante dos años, alejado de la droga. Admitió que en ningún momento le obligaron a estar allí, pero según dijo “me habían comido el coco de tal manera que no quería salir”. David acusó a la entidad de engañar a los drogadictos para conseguir “mano de obra barata”.

   “Ellos no es que hablen de religión, ellos lo que dicen es que cualquier solución es Jesús”, dijo David. La presentadora, sorprendida, cuestionó que esto fuese algo negativo. Pero David agregó que “te lanzan el mensaje de que todo lo que hay en la calle son diablos y que todo está dominado por Satanás”. “Me doy cuenta que todo era mentira porque allí lo que importa no es que alguien se rehabilite, sino que es una forma de esclavitud, que llegan a estos sitios muy mal y se aprovechan de esta circunstancia”, dijo el invitado.

   Por último, acudió al programa Teresa, una afectada por el grupo comercial 4Life, ya que su hermano “controla la vida de sus padres”. Se trata de una empresa multinivel o piramidal que vende pastillas milagro. Ahí se ha dejado su hermano tanto su propio dinero como el dinero de sus padres, que tienen más de 80 años. Según Pepe Rodríguez, no se trata de una secta, sino de un problema de dependencia de personalidad, y la culpa es del sujeto.

   Original de RIES. 16-V-2013
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