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   Hay que volver a anunciar la fe como “la vida en plenitud” para mostrar la belleza del cristianismo, especialmente en países de antigua tradición cristiana. Benedicto XVI dio esta directriz en el discurso que dirigió el 13 de junio al congreso eclesial de la diócesis de Roma en la Basílica de San Juan de Letrán.

   El Papa explicó, citando a Juan Pablo II, que la Iglesia necesita lanzar “una nueva evangelización dirigida a quienes, a pesar de que ya han escuchado hablar de la fe, han dejado de apreciar la belleza del cristianismo, es más, en ocasiones lo consideran incluso como un obstáculo para alcanzar la felicidad”. A quienes piensan así, “deseo repetirles, afirmó, lo que dije a los jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia: ‘La felicidad que buscáis, la felicidad que tenéis el derecho de experimentar tiene un nombre, un rostro: el de Jesús de Nazaret, escondido en la Eucaristía’.

   Se trata de redescubrir la belleza del cristianismo. “La respuesta de la fe nace cuando el hombre descubre, por gracia de Dios, que creer significa encontrar la verdadera vida, la ‘vida en plenitud’”, advirtió el pontífice.

   “La Iglesia, cada uno de nosotros, tiene que llevar al mundo esta gozosa noticia: Jesús es el Señor, aquel en el que se han hecho carne la cercanía y el amor de Dios por cada hombre y mujer y por toda la humanidad”. Según el diagnóstico del Papa, “los hombres se olvidan de Dios también porque con frecuencia se reduce la persona de Jesús a un hombre sabio y se debilita o incluso se niega la divinidad. Esta manera de pensar impide comprender la novedad radical del cristianismo, pues si Jesús no es el Hijo único del Padre, entonces tampoco Dios ha venido a visitar la historia del hombre. Por el contrario, ¡la encarnación forma parte del corazón mismo del Evangelio!”.

   “La fe –recordó el Papa– no se conserva en el mundo, no se transmite automáticamente al corazón del hombre, sino que debe ser siempre anunciada. El anuncio de la fe, a su vez, para que sea eficaz debe comenzar por un corazón que cree, que espera, que ama, un corazón que adora a Cristo y cree en la fuerza del Espíritu Santo”.

   Los caminos de la iniciación cristiana

   Hoy día hay que anunciar la novedad del Evangelio, tarea, dijo el Papa, que corresponde a todos los miembros de la Iglesia. “Junto a los niños y los muchachos de familias cristianas que piden recorrer los itinerarios de iniciación cristiana, hay adultos que no han recibido el Bautismo, o que se han alejado de la fe de la Iglesia. Es una atención hoy más urgente que nunca, que pide comprometernos con confianza, apoyados por la certeza de que la gracia de Dios siempre actúa en el corazón del hombre”.

   Los mensajeros de este anuncio son en primer lugar “los padres, quienes tienen la tarea de pedir el Bautismo para sus propios hijos” y de introducirlos en la oración y en aprender a distinguir el bien del mal.

   Cuando el niño va creciendo, encuentra también el apoyo de la Iglesia. “Desde siempre la comunidad cristiana ha acompañado la formación de los niños y de los muchachos, ayudándoles no sólo a comprender con la inteligencia las verdades de la fe, sino también viviendo experiencias de oración, de caridad y de fraternidad”.

   En este camino, “todavía hoy las parroquias, los campamentos de verano, las pequeñas y grandes experiencias de servicio son una preciosa ayuda para los adolescentes que recorren el camino de la iniciación cristiana para madurar un compromiso de vida coherente. Aliento por tanto a recorrer este camino que permite descubrir el Evangelio como la plenitud de la existencia y no como una teoría”.

   Junto a la celebración de los sacramentos, es importante la catequesis para crecer en el conocimiento de Jesucristo. “La catequesis es acción eclesial y por tanto es necesario que los catequistas enseñen y den testimonio de la fe de la Iglesia y no su interpretación. Precisamente por este motivo fue redactado el Catecismo de la Iglesia Católica (…)La estructura del Catecismo deriva de la experiencia del catecumenado de la Iglesia de los primeros siglos y retoma los elementos fundamentales que hacen de una persona un cristiano: la fe, los sacramentos, los mandamientos, el Padrenuestro”.

   También es necesario, concluyó el Papa, “educar en el silencio y la interioridad. Confío que en las parroquias de Roma los itinerarios de iniciación cristiana eduquen en la oración para que penetre en la vida y ayude a encontrar la Verdad que habita en nuestro corazón”.

   Con la autorización de: www.aceprensa.com
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